El Destino CIII

Dragón

Nebadur fue el último en despertar, se sentía pletórico. Tras recobrar las energías, aún conservaba lo que había experimentado durante la fiesta. Esa plenitud, sentirse parte de algo grande en donde no existían la razas ni los enemigos… ni siquiera el mal destructor.

Pero por la luz se dio cuenta de que la mañana debía estar bastante avanzada y eso lo hizo levantarse de un salto. No es que tuvieran demasiada prisa, pero él sabía que tampoco podían dormirse en los laureles.

“Si lo sabré bien yo…” pensó mientras miraba a Mek y le decía:

-Me dormí -el animal ladeó la cabeza-. ¿Por qué no me has despertado?

El felino emitió un gruñido que lo decía todo. Lo había dejado dormir porque lo necesitaba. No sólo por la actividad del día anterior, sino también por lo que les esperaba. Meterse en la Infraoscuridad despidiéndose de la caricia del sol durante no sabían cuánto tiempo. Y enfrentarse a unos peligros de los cuales en la superficie apenas tenían noción.

-Sí… ya lo sé… -dijo pensando en voz alta rascándole detrás de las orejas.

El joven se vistió lo más rápido que pudo y fue a reunirse con los demás justo en el momento en que el dios rompía a reír. Parpadeó perplejo antes de pedir su desayuno y acercarse a la mesa.

Aprovechó la ocasión para para preguntar:

-¿De qué os reís?

-De las experiencias en fiestas de Luan -contestó el dios-. De cuando le costaba levantarse de la cama tras una larga noche.

Ella entrecerró los ojos y le siseó:

-Es demasiado joven para eso.

Extrañado, el elfo apuntó:

-Nunca le ha pasado eso a Luan -y luego le dijo a esta-. Y no soy tan joven como para no entenderlo.

Esta dijo con despreocupación:

-Claro, claro.

Corellon planteó divertido:

-¿Por qué dices que nunca le ha pasado eso?

Sí, era normal que le preguntara algo así. Supuestamente era algo que ignoraba porque no había estado allí con ella entonces.

-Luan ya me contó cómo son las fiestas de los drows… -afirmó el joven antes de concretar- allí abajo.

Una mezcla de exhibición de belleza y poder. Y también de seguridad, una ilusión que muchos buscarían destruir según el interés que tuvieran en ciertas presas en su escalada para alcanzar nuevas cuotas de poder. Había ciertas normas, pero mientras nadie fuera testigo de su ruptura, se podía obrar como a uno se le antojara… lo cual complacía mucho a su caótica diosa.

-¿No decías que era muy joven? -le lanzó la pulla Corellon a Luan.

Esta se encogió hombros antes de replicar:

-Ya lo has oído.

-Sé que hay danzas y otros eventos sociales… aparte de los ritos -declaró Nebadur demostrando que tenía la lección muy bien aprendido-. Y sé los puñales en la espalda están tan a la orden del día como los latigazos y… las orgías.

Agradables para quien le gustara vivir al límite y llevara el control. Este último desde luego nunca estaba en mano de los varones, salvo que fuera ante otras razas que ellos consideraban inferiores o que fueran del culto minoritario de Vaherun… el cual era casi lo contrario del de su madre sobre todo en lo que a los radicales se refería.

Aún con la apariencia de un drow iba a ser el posible blanco de cualquiera que lo viera como un instrumento útil para sus intereses. Exactamente lo mismo que pensarían ellos como raza… igual que los elfos solares.

-Así que le has contado la versión suave -dijo Corellon con despreocupación.

La drow repuso:

-No hace falta más.

-No me meteré en líos que atraigan la atención de nadie -dijo el joven con rotundidad-. O lo intentaré.

Porque nadie podía asegurarle que no detectaran algo raro en él. Seguro que podrían notar que además de extranjero no se movía con normalidad precisamente.

-Ya lo sé -dijo Luan tranquilizadora-. Con suerte si vamos a una ciudad drow nos conformaremos con estar en la zona de los comunes.

Corellon aclaró:

-Los que no son nobles.

-Son la mayoría de la población, están más preocupados por sobrevivir que por cualquiera que vean que no son una amenaza -explicó Luan-. Y unos mercaderes nómadas que ofrecen sus productos a esa clase no son una amenaza… ni siquiera para los gremios.

El dios repuso de buen humor:

-Y tampoco pretendemos quedarnos allí eternamente.

¿Pero hasta cuándo lo tendrían que hacer? Era una pregunta que nadie se atrevió a formular porque nadie conocía la respuesta. Mientras los elfos solares persistieran en su búsqueda tenían que mantenerse lejos de su alcance.

-¿Entonces ahora hacia dónde vamos? -planteó Nebadur.

Luan replicó jocosa:

-A por Urik y el carro.

Él entrecerró los ojos, sabedor de que ella sabía que esa no era la respuesta que buscaba. Lo hacía para tomarle el pelo.

-Pero después.

Ella dejó la tortura con un guiño de ojo y le contestó

-A las montañas.

-¿Las montañas? -inquirió el elfo.

Se suponía que iban a bajar, no a subir. ¿Qué lógica tenía eso? Sin embargo, él también tenía presente que en esta ocasión no se estaba burlando de él… Lo cual no redujo su desconcierto ni un poquito.

-Ya sabes que para ir abajo necesitas un acceso -comentó Corellon de forma afable.

Él asintió y replicó:

-Como las cuevas.

-Y las cuevas se encuentran en… -lo invitó a deducir.

Nebadur terminó diciendo la frase:

-En las montañas claro.

O si no a base de poderosos hechizos. Estos se realizaban cuando ello implicaba un ahorro en tiempo de viaje. Sobre todo los llevaban a cabo los drows y ellos tampoco tendrían tanta prisa como aquellos en sus habituales salidas para atacar a la gente de la superficie en misiones para su deidad o para huir de su realidad en un pequeño número de casos.

No tenían tantas prisas… ¿o sí? El tiempo iba a traer consigo esa respuesta.

Horas después, luego de un contundente desayuno pasaron a recoger a Urik al que Nebadur le ofreció una manzana que se había guardado del desayuno. El caballo la degustó con deleite mientras él le acariciaba la frente diciéndole:

-Intentaré que no tardes muchos en poder comerte otra.

Observó de soslayo la sonrisa divertida de Corellon y la expresión de Luan que alzaba una ceja mientras el leopardo le daba un suave golpecito en la espalda. Cada uno a su manera entendía aquella mezcla de sentimientos que se intensificaba conforme se acercaba la hora de la verdad. Curiosidad por ver lo que había más allá, pero también miedo por lo que que aquello podía suponer para sus seres queridos.

-En realidad no es una huida -le dijo Corellon un rato después, cuando subidos al carro dejaban a sus espaldas la ciudad.

Ahora atravesaban un pequeño bosque, dejando a un lado el camino ordinario, directos hacia las montañas cercanas donde Luan decía que había un acceso a la Infraoscuridad.

-No claro que no… es un bonito paseo -ironizó la drow-. Con una escolta muy animada.

Pero el joven había captado lo que insinuaba el dios. Y se daba cuenta de que era cierto. No se trataba exactamente de una huida, más bien esta era una excusa como hubiera podido haber otra… aunque en eso no habían tenido elección.

-Porque esto debe ocurrir -sentenció Nebadur.

Así se determinaba el destino. Era un modo incomprensible para muchos, de ahí que su figura fuera bastante controvertida. Sus actos, sus palabras… colocaban todo en su justo lugar. A veces acudían a él pero también ocurría en el otro sentido… en el que iba a su encuentro.

Antes de que nadie pudiera decir nada, el joven lo sintió. El peligro, iba a por ellos, directamente.

-Hay que correr.

-¿Qué? -preguntó Luan.

Corellon inquirió:

-¿Cómo?

Urik! -exclamó Nebadur- ¡Corre!

El caballo, sensible, también lo notó. Echó a galopar a toda velocidad, obligándolos a aferrarse al carro.

De pronto un susurro, apenas un murmullo:

-Dragón.

El cual pasó casi desapercibido cuando se escuchó un rugido, que aún estando lejano era tan potente que no había lugar a dudas. Era un dragón y estos seres mágicos tan poderosos las distancias las recorrían en un suspiro.

-¡DRAGÓN! -gritó el joven.

Los árboles se apartaron justo a tiempo para ver las rocas que parecían centinelas de una caverna que en realidad estaba muy bien disimulada con la vegetación…

Nebadur no llegó apenas a decir:

-Pero dónde…

Cuando el fuego caído del cielo hizo arder las verdes plantas.

-¡Agachaos! -ordenó la drow. Un grito que fue acallado por un rugido que lo hizo temblar todo

No tuvo que repetirlo dos veces. Se escuchó otra vez el rugido atronador y Nebadur sintió el fuego que atravesaban que lo hizo creer que iba a prender en cualquier momento.

Pronto desapareció el fuego junto a la luz y el calor. Momento en que Luan paró el carro mientras le decía a Urik tranquilizadora:

-Ya pasó, ya no está.

-¿Seguro? -preguntó Nebadur que no se atrevía a moverse.

La drow gruñó mirando al dios:

-¿De dónde ha salido?

-Probablemente no te guste la respuesta a eso -terció Corellon-. La cual ya conoces.

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Fuente:

Imagen: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Drag%C3%B3n

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