El Destino CII

Luan siguió con su mirada a la sombra que volvía a acercarse a Nebadur mientras, por el rabillo del ojo observaba a Mek moviendo las orejas contento recordando el tacto de la diosa.  Ahí ella lo miró mal y este, reaccionando a su estado anímico la miró confundido, como preguntándole qué había hecho.

-Tres son multitud -le siseó ella en un clavo aviso lo cual llevó a la pantera a hacer unos chasquidos divertidos, ahora comprendía el enfado de su compañera.

Ella que todo lo había controlado se había dado de bruces contra la realidad de Neb y el que los dioses hubieran caído, algo que ella no había podido controlar y mucho menos ahora.

Sin comerlo ni beberlo se encontraba con dos dioses, el padre de todos ellos y una Drow “loca”, lo cual sólo generaba más quebraderos de cabeza porque era muy difícil saber cuales eran sus actos.

“Oh… cómo he acabado aquí…” se lamentó observando la sombra pero, cuando vio lo bien que se lo estaba pasando Neb su enfado se redujo notablemente.

Se daba cuenta de que estaba disfrutando de aquella fiesta, reía, bailaba, cantaba. La primera vez desde hacía ya muchos meses.

“El mal ya está hecho” pensó para si de manera resignada mientras caminaba hacia la mesa donde había comida y bebida seguida por Mek y Corellon.

-Va a ser inevitable -opinó este último divertido tras permanecer un rato en silencio mientras los tres observaban lo bien que se lo pasaba Neb.

-¿El qué? -le preguntó Luan en trono neutral dándole un trago a su cerveza.

-Encontrarnos con los demás -replicó él de forma desenfadada sacudiendo sus hombros.

La Drow ahí suspiró pesadamente .

-Ya lo veo ya.

-No eres amiga de los cambios -bromeó el Dios con una sonrisa afable.

-No soy amiga de los imprevistos -le corrigió Luan.

-Eso es parte de la vida, hay que asumirlos y sacarles provecho -opinó Corellon tranquilamente.

-No me digas… -replicó Luan con cara de circunstancia siguiendo con su mirada la sombra. Sabía perfectamente que él tenía razón, pero eso no implicaba que le gustara tal hecho.

-¡Luan! -escuchó que la llamaban y cuando volvió su cabeza se encontró frente a ella a un acalorado Neb- ¿Cuándo has llegado? -agregó algo vergonzoso.

-Hace un rato -le respondió con una sonrisa divertida por su gesto.

-Oh… -soltó el joven elfo en un principio sin saber que decir- No te… vi -admitió finalmente.

-Es normal, te lo estabas pasando muy bien.

-¿No te… importa? -le planteó dubitativo.

Ella ahí amplió su sonrisa y, después de tomar un zumo se lo ofreció para que recuperara energías:

-Pero cómo me va a importar el que te lo pases bien Neb.

Sus palabras a él lo animaron y, tras beberse el zumo de un trago la invitó a unirse.

-Er… no gracias, prefiero ser mera espectadora, ya me lo paso bien viéndote desde aquí.

-¡Vamos! Es muy divertido -la animó estando en su punto álgido de felicidad.

-No, de verdad que… -fue ahí cuando sintió que alguien la empujaba para acabar en mitad del baile junto a Neb. Buscó escabullirse pero por un motivo u otro volvía a encontrarse en el centro del meollo.

“¡Demonios!” pensó mientras era arrastrada por un elfo lunar pero el ambiente, el baile y la música empezaban a hacer mella en ella hasta que al final le ganaron la batalla y se dejó arrastrar, bailando y cantando varias veces con Nebadur canciones muy potentes ya que se juntaban dos “entes” que un principio eran enemigos acérrimos demostrando que si se unían podían ser incluso más poderosos que por separado.

-No está mal, nada mal -opinó Corellon con una sonrisa y Mek lo observó intrigado.

-Al final los dos necesitaban desinhibirse un poco -le comentó a la pantera rascándole tras la oreja y recibiendo un gutural ronroneo por su parte.


La fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada, fue en ese punto cuando Luan vio claros indicios de cansancio en Neb y decidió que para ellos se había acabado. Volvieron a la posada en un cómodo silencio y luego cada uno se retiró a su habitación tras despedirse.

A la mañana siguiente la primera en levantarse fue Luan, la cual bajó a la taberna donde le entregaron una nota y le indicaron que habían dejado el cargamento en su carro a la vez que se habían llevado todo de este.

“Bueno, no es que fuéramos a poder vender esa mercancía a donde vamos” valoró con una sonrisa mientras troceaba el pan dentro de la leche y luego le añadía algo de azúcar.

-Qué madrugadora -la saludó el Dios sentándose a su mesa.

-Tenía que cerciorarme de que todo estaba en regla -opinó ella dándole un primer bocado a su desayuno mientras él pedía uno igual al tabernero.

-Después de la fiesta de ayer pensé que se te pegarían un poco más las sábanas -bromeó Corellon.

-Seguro… -ironizó ella sin dudar de que sabría que se habría corrido fiestas mucho mayores y durmiendo mucho menos por otro tipo de problemas. Su respuesta vino implícita en la carcajada que soltó él.

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Un comentario en “El Destino CII

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