El Destino C

“La oscuridad y el frío son el menor de los problemas Nebadur…” le respondió mentalmente sin poder evitar fruncir el ceño, gesto que no le pasó desapercibido a él.

Luan sabía perfectamente que aquella decisión era tomar un gran riesgo y lo que la cabreaba era el motivo de tener que llevar acabo aquel plan que podría acabar saliendo horriblemente mal. ¡Estaba tomando la decisión de llevar al Niño del Caos y al Dios de los elfos solares al Inframundo! ¿Se había vuelto completamente loca? No. El problema radicaba en aquella endemoniada Elfa Solar que mes a mes los seguía buscando como un perro famélico buscaba un hueso que sabía que estaba enterrado.

Más de una vez se había planteado dejar a Nebadur con Corellon e ir directamente a por ella, todo su cuerpo se lo pedía a gritos, ella nunca había huido de nadie, ¡jamás! Siempre se había encarado a los problemas, aunque eso la hubiera metido en el pasado en problemas mayores.

Pero la vida y las prioridades cambiaban. Aquella elfa tenía demasiada influencia y Luan conocía de sobra el dicho de “divide y vencerás”. Por otro lado la Drow prefería centrarse en Nebadur y no en esa malnacida. Se había dado cuenta de que, le gustara o no, con respecto a algunas cosas hasta ella tenía limitaciones. Era algo que jamás admitiría en voz alta pero si había visto los grandes progresos del joven en la magia en el último tiempo, para ser más exactos desde que Corellon los acompañaba.

A menudo se encontraba pensando que un águila, por muchos conocimientos que tuviera, jamás podría enseñarle a un pez todo lo que debía saber para ser un buen pez. Eso era básicamente lo que le había pasado con Nebadur y Corellon.

Luan siempre había intentado que comprendiera la forma de ser de todas las razas, su lengua, sus costumbres y su manera de ver las cosas para así, poder forjarse sus propias ideas sin ser influidas por los típicos tópicos que al final sólo eran incitaciones al odio hacia otras formas de ver la vida tan válidas como las que uno mismo tenía.

“Pero esa es una línea muy fina…” valoró con pesar. Nebadur podía saber mucho de todo pero eso podía llevarlo a pensar que no pertenecía a ningún lado. No lo habían hablado, era una conversación que la Drow tenía pendiente con él, pero en el fondo sabía que el que los propios elfos solares lo buscaran le dolía. El que su propia raza intentara manipularlo cuando, tal y como era él, estaría encantado de poder visitar el reino de sus padres y conocer mucho más a fondo su cultura y su gente.

“La mataría… sencillamente la mataría en el acto…” sentenció mentalmente con gesto hosco volviendo a evocar en su mente a la mujer que se le había aparecido ya hace tiempo en el lago a Nebadur.

-¿Luan? -interrumpió el joven elfo su monólogo interno de forma nerviosa, con los años había aprendido que los silencios de Luan eran mucho más preocupantes que sus palabras.

Ella pestañeó un par de veces y cambiando por completo el gesto le comentó con jocosidad:

-Se dice que todo tiene solución salvo la muerte ¿no? y esta última… depende del caso -le guiñó un ojo para luego agregar-. He de revelarte que, tanto tú como Urik vais a cambiar de look.

-¿Cómo dices? -le preguntó anonadado e intrigado a partes iguales.

La Drow asintió antes de sonreír.

-Para Urik hay unos hongos muy específicos que lo transformarán en un ser del Inframundo y para ti hay una máscara.

-¿Una máscara? ¿Qué hace? -inquirió Nebadur con su curiosidad a flor de piel.

Luan se hizo un poco de rogar para crearle más expectación y después le comentó:

-Te hace parecer un Drow.

-¿Un Drow? -repitió al principio muy sorprendido para luego sonreír emocionado con la idea- ¿Igualito a ti? –

-Bueno… igual, igual no… ya sabes, yo soy una mujer, tú un hombre… -empezó a decir divertida y aquello le arrancó una carcajada a Neb.

-Vale, a parte de las diferencias obvias entre un chico y una chica -aceptó entre risas.

-Seh, entonces sí -bromeó Luan cogiéndolo en ese momento del brazo-. Ya sabes, piel negra -luego le cogió un mechón- pelo blanco -después le señaló los ojos- ojos rojos, un joven Drow en toda regla –

-Así pasaría totalmente desapercibido -opinó él deseando ya verse de aquella manera, cosa lógica en parte. Incluso Luan, con sus años, debía admitir que el pensar en cambiar físicamente de raza era algo atractivo a la hora de verse en esa tesitura así que, le parecía totalmente normal que a Nebadur le sucediera lo mismo-. Pero… Luan… -comentó en ese punto al darse cuenta de que, si aquello parecía tan sorprendente, implicaba que esa máscara era muy poco común-. Esa máscara ha de ser carísima.

-Por eso no te preocupes -le respondió de forma relajada-, yo me hago cargo -resolvió levantándose.

-Pero… -volvió a intentar objetar Neb.

-¡Ah, ah! -le soltó Luan aprovechando su altura al ponerse en pie- Ni peros ni peras -agregó apuntándolo con un dedo pero cuando vio la incertidumbre y la culpabilidad reflejada en los ojos de él se irguió para momentos después poner sus brazos en jarra-. No se te ocurra ponerme esos ojos, pero vamos a ver, pensaba que con los años ya habías visto que soy muy buena como mercader.

-Y lo eres, claro que lo eres Luan pero seguro que esa reliquia sale carísima -intentó aclararle él rápidamente para que no lo malinterpretase.

La Drow lo miró durante unos segundos para luego pedirle:

-Enumérame los dos tipos de productos que hay.

-Luan… -empezó a quejarse él pero ella lo cortó:

-Enuméralos.

Él suspiró de forma resignada para luego decir despacio:

-Perecederos y no perecederos.

-¿Y dentro de los no perecederos? -lo animó a seguir.

-Los que se devalúan y los que, al contrario, con los años valen más -refunfuñó sabiendo por dónde iba ella.

-Y la máscara, ¿dónde se encuentra? –

-Entre los segundos -acabó admitiendo despacio para luego recibir un afectuoso suave golpe sobre su hombro por parte de ella.

-Cuando volvamos del Inframundo la venderá a muy buen precio, te lo aseguro.

Eso le arrancó una sonrisa al joven elfo antes de que admitiera:

-No lo dudo.

-Menos mal -se carcajeó Luan para luego decirle-. Mejor vayamos a dormir, es tarde y nos quedan muchas cosas por hacer estos días.

-Buenas noches Luan -le deseó Neb mientras veía como ella volvía a poner la silla en su sitio y luego se dirigía hacia la salida.

-Anda descansad arrullados por la agradable nana -bromeó señalando la pared que había a su derecha ante otro nuevo ronquido de su inquilino.

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Un comentario en “El Destino C

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