El Destino XCVIII

Los meses transcurrieron con tranquilidad aún que a veces se metían en algún que otro lío. Corellon acabó siendo parte de aquella curiosa familia de tal forma que, finalmente Luan lo aceptó como uno más.

Neb por su parte aprendió bastantes cosas gracias al dios y al hecho de que la Drow llevó a cabo lo que había tenido en mente, el permanecer más tiempo en algunas ubicaciones para poder enseñarle más cosas.

Por otro lado eso también los ayudaba a la hora de que los Elfos Dorados, dirigidos por aquella odiosa mujer, los pudieran coger, lo cual la frustraba más día a día, desde el momento en el cual se le habían escapado a su mano derecha a las puertas de la capital del reino.

El tiempo que estuvieron viajando todos lo tomaron con tranquilidad hasta que la rutina llamó a su puerta. Volvieron a la capital y saludaron a Samara la cual los había cogido de improvisto en una calle, lo cual les agradó al ver que se involucraba con la gente a la hora de hacerse pasar por alguien más. De esa forma podía ver lo que realmente necesitaban y obrar en consecuencia.

Fue unos días después, cuando ya se encontraban a varios pueblos de distancia de la capital cuando Core le comentó a Luan como si tal cosa:

-Creo que deberíamos usar otra táctica.

Luan lo miró elevando una ceja mientras bajaba su jarra de cerveza:

-¿De qué hablas ahora?

El Dios desvió la mirada hacia Neb, el cual se encontraba en una entretenida charla con el tabernero con Mek a su lado para conseguir las habitaciones a un buen precio.

-Seguro que los notas -comentó él de forma relajada haciendo que la Drow frunciera el ceño mientras volvía la vista hacia él.

Por supuesto que los había notado, los elfos Dorados cada día los rondaban más y podía saber gracias a otros mercaderes que los estaban buscando con verdadero interés. Sabía que tarde o temprano se encontrarían y ese pensamiento la llevó a acariciar su espada, gesto que no le pasó desapercibido al Dios.

-Sabes que el usarlo te dejará débil, al menos ante lo que debemos enfrentar. Acuérdate de cuando nos conocimos.

Luan arrugó la nariz sabiendo que tenía toda la razón, el haber tenido que luchar contra el demonio que ahora yacía en su espada más el recuperarse la había vuelto casi inservible a la hora de atajar el problema de los semielfos. Había usado sus conocimientos con el jefe para poder salvar la situación pero reconocía que Neb, sin saberlo, la había ayudado para no tener que sobreesforzarse.

-Ahora estoy al 100% -replicó de forma seria sin apartar su vista de Nebadur y Mek.

-Lo sé -admitió Corellon para luego agregar- pero ellos han redoblado sus fuerzas para encontrarnos.

-Ya lo se -se frotó la frente ella conociendo de sobra el hecho de que cada vez les quedaba menos tiempo para maniobrar sin ser detectados.

-Podríamos ir al Inframundo -aventuró en ese momento él para ver como todos los músculos de Luan se tensaban ante la simple mención de su antiguo hogar.

-Pero qué dices… -siseó clavando su vista en él.

-Allí no nos buscarán -opinó él con un encogimiento de hombros.

-Corellon. El inframundo no es lugar ni para ti ni para Nebadur -replicó con sequedad.

-Ni para quienes nos persiguen -opinó él con una enigmática sonrisa.

-Pero… ¿¡Te has vuelto loco!? ¡Lolth sigue por ahí! Si ella domina ese lugar… -empezó a decir pero no pudo continuar ya que tanto Neb como Mek se habían acercado a la mesa que ocupaban y el primero preguntaba:

-¿De qué habláis?

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Un comentario en “El Destino XCVIII

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