El Destino XCVII

-Yo… sí -contestó Nebeadur cohibido.

Las palabras del dios habían apaciguado en gran parte a Luan. Nunca le estaría lo suficientemente agradecido por ello. Porque, tras aquella conversación, saber que la habría fallado hubiera sido fulminante para él, el cual lo último que deseaba era disgustar de cualquier modo a su familia… lo cual lo llevaría a un conflicto eterno con su propia esencia, a no tener claro si a pesar de todo no hacía más que fallar a todos.

“La Justicia no tiene siempre un rostro amable” recordó el joven. Sobre todo para aquellos que se habían salido de su camino de una u otra manera. Y ese mensaje, por más que merecido, era el más difícil de aprender… sobre todo para quienes no entendían el sistema y la propia Justicia les parecía injusta.

-Aunque… conseguí un poco de pan -reconoció sacando de la bolsa una hogaza.

El dios terció divertido:

-En realidad fueron dos hogazas.

-Pero comí gran parte de la otra -confesó el joven sonrojado.

Corellon lo absolvió:

-Tenías que recuperar fuerzas.

-Y también conseguí una manzana para Urik -agregó Nebadur-. Ya se la he dado, como le había prometido

El dios lo miró antes de terciar socarrón:

-Tampoco tienes que estar justificándote todo el rato. Ya sabes lo que se suele decir.

-Que explicaciones no pedidas son una acusación manifiesta -dijo el elfo recordando aquella lección-. Pero también es verdad que si no le explicas a alguien lo que haces no lo entenderá.

Eso lo había visto varias veces durante aquel día, hasta el propio dios se lo había mostrado. Antes de hacer nada, les había explicado a las personas con problemas, lo que iba a hacer para resolver el tema. Luego había llegado la prueba en forma de demostración que maravilló a muchos… seguramente seguirían hablando de ello una vez se marcharan y cuando regresaran muchos los reconocerían.

Lo bueno de ser itinerantes era que realmente no suponían una competencia para los que normalmente se encargarían de arreglar esas cosas. De hecho su intervención les quitaba molestias más que darlas y podían dedicar su tiempo a temas más complejos en vez de verse sobrepasados por esas pequeñeces que acumuladas les robaba más tiempo que las grandes

-Y si no lo entiende no lo aceptará -intervino Luan tras pedir algo de comer.

El joven asintió previamente a replicar:

-Y no se le podrá ayudar.

La drow echó un vistazo a las herramientas que asomaban de una bolsa que el dios había dejado encima de la mesa, después comentó:

-Veo que habéis ayudado a bastantes.

Nebadur se encogió de hombros y respondió:

-Core se encargó de la mayoría… me dejó unos pocos casos.

El aludido, sin sentirse en absoluto ofendido por su palabras, afirmó con despreocupación:

-Tienes que ir poco a poco, investigando tus límites -hizo una pausa-. Los cuales son mayores de los que crees.

El elfo inquirió con interés:

-¿Cómo lo sabes?

La respuesta del dios tuvo la claridad habitual en esos temas en los que él más pretendía penetrar:

-Porque te conozco, al igual que todos los dioses.

-A algunos de los cuales no les caigo bien -apostilló Nebadur.

La drow preguntó perpleja:

-¿Cómo sabes eso?

-Si… simplemente lo sé -dijo el elfo quitándole importancia al tema-. Ven en mi el reflejo de la verdad que no les gusta y que preferirían obviar.

Ya que no podían eliminarla sin destruirse ellos en el proceso. Ni una deidad en su sano juicio haría algo así, arriesgándose a perderlo todo… y hacer que con ello todos lo demás también lo hicieran. Así que en ese punto estaba protegido, mientras que estaba expuesto a los locos y a quienes pudieran pretender usarlo según sus perspectivas… esos dos casos eran más peligrosos y numerosos que los primeros.

Y lamentablemente al menos los terceros ya estaban tras su pista. Además, de algún modo él sentía que ellos cada vez estaban más cerca. Pero él todavía no se había desarrollado lo suficiente para hacerles frente…

-¿Entonces dices que tengo límites grandes? -quiso saber de forma insistente.

Corellon repuso riéndose entre dientes:

-Los suficientes para que tus órdenes deban ser acatadas, incluso por los dioses.

Lo cual no podía discutírselo, pues era verdad. Sólo que necesitaba oírselo decir dado lo que le sucedía aún con el uso de la magia.

A Luan se le escapó un silbido de asombro, mas enseguida frunció el ceño antes de advertir:

-Eso no significa que te pongas a hacer alta magia a lo loco.

“Otra vez” apostilló él mentalmente. Caminaba sobre una línea muy fina que sólo se ensancharía con práctica y más práctica. Cuando más lo fuera haciendo mayor sería su capacidad de actuación y resistencia al mismo tiempo que aprendía a dirigir su poder.

-Además yo no ordeno… yo sólo pido -dijo el joven azorado.

Corellon valoró:

-Pues más fácil me lo pones.

-¿Cómo? -inquirió el elfo confundido.

El dios repuso:

-Imagínate cuán grande es tu capacidad para que una sola petición tuya sea acatada como una orden.

Ese comentario lo turbó todavía más. Una orden debía ser obedecida sí o sí… pero una petición en sí misma implicaba voluntad por parte del que la recibía. Así que naturalmente, aquello implicaba un poder mucho mayor.

-Pero aún y así no debemos quemar etapas -observó Luan en tono claro de aviso-, ¿verdad que no?

Corellon negó con la cabeza antes de terciar cordialmente:

-Por eso hablo de investigar los límites con la práctica -luego le dijo al joven-. Hacemos como hoy, pacticamos con pequeñas cosas, las cuales te van fortaleciendo… lo que hoy para ti ha supuesto más esfuerzo, mañana no lo será tanto.

Nebadur inclinó la cabeza afirmativamente, después respondió:

-Lo entiendo, he aprendido mucho.

Luan entrecerró los ojos y los señaló hablando de esa manera en que uno podía dudar entre si bromeaba o iba a en serio:

-No estaréis pensando…

Si uno no conocía bien a Luan, el cual no era el caso de los presentes, podría tener una pista en el movimiento de las orejas del felino. Estas se movían de una forma que señalaba que la drow estaba bromeando.

-Sí, no hay que dejar nada estropeado -declaró Corellon con socarronería, mas enseguida aclaró-. Obviamente sólo actuaríamos en caso de necesidad, nunca porque sí.

Nebadur se mostró de acuerdo al replicar:

-Porque la magia… tiene un precio

-Así es -dijo la drow aprobadora, luego ella sonrió mientras apostillaba-. Uno que se irá ajustando conforme vayas aprendiendo.

El joven hizo un leve gesto afirmativo. A continuación señaló:

-Hoy he aprendido algo nuevo.

Luan elevó una ceja y luego le lanzó una mirada inquisitiva a Corellon, el cual asintió levemente. Después le preguntó con clara curiosidad:

-¿Ah sí?

-Que cuando vaya a usar magia para algo… tendré que todo lo necesario cerca de mi -le reveló-. Eso tiene el potencial para lo que vaya a hacer… así que si por ejemplo lo combino con una runa es menos desgaste que me canse a mí.

Ella chasqueó la lengua y dijo pensativa:

-Ya veo -hizo una pausa para después cuestionar-. ¿Como el carpintero que me mandaste?

Ese comentario lo hizo ruborizarse. Tragó un poco de saliva antes de comentar:

-Era… una situación injusta Luan, aunque le arregláramos la rueda si no salía de ese abuso… se rompería algo peor -dudó un momento-. Pensé que tú podrías…

Él podría haberlo hecho, pero eso seguramente no sólo le habría perjudicado a él… sino que habrían tenido también más problemas en la ciudad y supondría una exposición de magia demasiado potente.

La drow sonrió y contestó:

-Hiciste bien.

-Yo sólo quería… ayudar -dijo el joven-. Confío en que las cosas le vayan mejor a partir de ahora.

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