El Destino LXXXIV

Luan chasqueó la lengua al ver como Nebadur se desmayaba. “Si es que  lo sabía” pensó para si frunciendo el ceño, se había excedido, aquella vez más que nunca. Se aproximó Mek, el cual lo seguía sosteniendo sobre su lomo y este la sondeó con la mirada, llevaban tantos años juntos que eso le bastaba para saber de que ánimo se encontraba aunque no dijera nada. Bajó un poco las orejas hacia los lados y algo hacia atrás, Luan pocas veces se enfadaba o perdía el humor que la caracterizaba, un humor con el cual había aprendido que se podían salvar muchas situaciones por un lado e incomodar más a tus enemigos por otro si así lo querías.

De ahí que al notar su ánimo en aquellos momentos la dejara hacer, esperaría a que se calmara para poder interceder por Nebadur antes de que se despertara. Pensándolo bien, incluso era positivo para él el que se hubiera quedado inconsciente en aquellos momentos.

La Drow le tomó las constantes vitales para ver que, aún que algo débiles, ahí estaban. Luego lo cogió en brazos para llevarlo al carro y fue ahí cuando intervino el Semidrow usando el tono más neutral que le salió, ya que parecía también intuir que ella no estaba para bromas ahora.

-Puede descansar en mi tienda.

-Gracias -fue la simple respuesta de Luan que se encaminó directa hacia esta cargando con Neb y siendo seguida muy de cerca por Mek.

“No puedes hacer esto Nebadur” le reprendió mentalmente ella bajando la mirada por un momento, es lo que le había estado intentando enseñar todo aquel tiempo y que ahora se hacía más complicado con su condición.

Sabía que lo que había hecho era bueno, comprendía perfectamente que su actuación había evitado la muerte de aquellos elfos y no sólo eso, sino que les había dado un nuevo porvenir que ayudaría a salvar a otras tantas vidas e incluso muchas más. Pero no podía hacer eso a costa de su propia salud.

Se lo había dicho muchas veces, la magia en si no tiene vida, no siente, no ama, y sin duda no sabe de justicias o injusticias, eso lo hacen aquellos que la usan y la hacen más o menos poderosa. La magia es como una daga, se la puedes dar a un pobre para ayudarlo a facilitarle la vida y la puede tener el asesino  que acabará con la tuya. La magia cobrará ni más ni menos del precio estipulado, si ese acababa con tu vida ella no se detendría fueras quien fueras.

Hasta los Dioses comprendían aquello, en  caso contrario Corellon, padre de todos los elfos, no se habría dejado capturar ni habría soportado una paliza. Él sabía perfectamente que ahora, caído y con su magia reducida, era un blanco fácil. No dejaba de ser poderoso, si, pero en el mismo grado que lo podría ser un Elfo con gran talento para la magia.

Luan entró en la tienda para luego dirigirse hacia la cama, fue allí donde tumbó a Nebadur pero no se detuvo ahí, sino que se giró para ir a donde se encontraba el escritorio mientras que Mek se subía a esta para tumbarse al lado del joven como si fuera el guardián de su sueño.

“No puedes salvarlos a todos” continuó con su reprimenda mental mientras miraba las runas que tenía el, ahora, ex-bandido.  Aquella vez le había salido bien, pero ¿y si algunos se hubieran mantenido en sus trece? ¿y si hubieran sido mayor en número? Había muchas variaciones, demasiadas, y todas tenían que ser tomadas en cuenta. Actuar a lo loco no era una opción cuando podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.

“Aquí estáis” pensó tras abrir un cajón y las cogió sin pensarlo dos veces para luego volver a junto Nebadur y colocarlas en un lugar específico alrededor de la cama, la confirmación de que empezaron a actuar fue que se iluminaron, eso lo ayudaría, recuperaría las energías con mayor rapidez.

Fue en ese momento cuando Luan sintió que no se encontraban solos y volvió lentamente la cabeza hacia la entrada del “dormitorio” para ver que allí estaba Corellon.

-¿Estás contento? -le dijo de forma directa volviéndose del todo hacia él a la vez que Mek levantaba la cabeza y los miraba a uno y a otro, no quería que hubiera ninguna confrontación entre ambos pero conocía a Luan y sabía que ahora, con lo enfadada que estaba, era más Drow que nunca.

-A mi tampoco me gusta verlo así Luan -comentó él como si buscara apaciguar su enfado- Le propuse que te dejara resolverlo a ti, pero no quiso. Tú lo conoces bien, sabes que lo habría hecho estuviera yo o no, sencillamente evité que…

-No. No hiciste eso -lo interrumpió ella-. Puede que esa fuera tu intención o no, pero él al saberlo se dio rienda suelta.

-Es su naturaleza -comentó con tranquilidad el Dios-. No vas a poder contenerla.

Eso fue el colmo para Luan, en ese punto se olvidó de quién era él o lo que podría hacerle cuando volviera a recuperar su “puesto”. Avanzó a grandes zancadas hasta ponerse frente a frente y lo miró a los ojos para luego decirle con frialdad:

-¿Y cuales son sus enseñanzas? ¿Su anterior vida? ¿Esa en la cual nadie le enseñó nada de magia? ¿En la que parece haber vivido en una burbuja tan grande que desea una vida nómada? ¿En una vida repleta de engaños? No pienso permitir que pase eso, no pienso dejar que se desviva por los demás sin tenerse en cuenta.

-Eso es muy loable -admitióCorellon con un asentimiento viendo en Luan aquello que la había hecho adoptar a Neb y cambiar su forma de vida para darle una mejor a él.

-Pero -se le adelantó Luan intuyendo que ahí no acababa la frase.

-Él siempre buscará erradicar las injusticias -comentó con tranquilidad-. No podrás evitarlo. Un claro ejemplo fue Samara -le recordó.

Ahí le dio el Jake, le había recordado la vez en la cual Neb se había sentido mal porque, ciertamente una injusticia se estaba dando en la posada. Una que acabó con una princesa liberada y luego los llevó más allá, hasta el fondo del asunto,

-Eso no me parece mal -replicó la Drow- lo que pasa es que debes darle un margen, no sólo para aprender, sino también para crecer.

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