El Destino LXXI

-Bueno… creo que le importan sus pacientes -dijo Nebadur.

Y eso era esencial para quien aspiraba a ser un buen médico. Lo mismo se aplicaba al comerciante, que hallaba beneficio si contentaba a sus clientes. Lo importante era el otro, que se sintiera mejor viendo sus necesidades satisfechas.

Luan comentó socarrona:

-Muchos mercaderes se quedarían en la ruina si él se metiera en nuestro campo.

Y no habría competencia real. Era lo que les pasaba a ellos, que los únicos que les debían preocupar eran aquellos que actuaban como ellos… priorizando a los clientes incluso por encima de su propio interés.

-Entonces debemos gracias por que sea médico -dijo el elfo-. Y que la Familia Real cuente con su habilidad.

Probablemente habría sido alguno de los consultados ante el problema de la reina a la hora concebir. Si alguien como él no habría podido arreglarlo… es que se había necesitado recurrir a medidas excepcionales gracias a las cuales había sido posible el milagro.

El resultado había sido excepcional, ahora sin ningún peligro cierto que se cerniera sobre ello. Samara tendría un reinado largo y próspero reinado que sería recordado por mucho tiempo.

-Por fortuna no es mi médico -dijo la drow divertida.

Nebadur replicó:

-Lo es hasta que estés del todo recuperada.

Ella frunció el ceño para luego replicar con una sonrisa:

-Ya lo estoy.

El elfo rodó los ojos y dijo:

-No es verdad.

La drow no solía mentirle. Como mucho eran mentiras piadosas por su bien o para reconfortarlo y él, como con todas, las detectaba. No se las reprochaba, hasta las apreciaba porque así se sentía tratado como todos los demás niños que no eran capaces de distinguir entre la verdad y la mentira.

-Será nuestro secreto -le dijo ella guiñándole un ojo.

Nebadur se rió entre dientes:

-¿Un secreto a cuatro?

-¿A cuatro? -inquirió la drow.

El joven dejó caer con despreocupación:

-Supongo que no habrás conseguido engañar al médico -entonces se dio cuenta de algo más-. Y creo que Samara y sus padres algo sabrán también.

La drow preguntó en un deje de fastidio:

-¿Dónde quedó la confidencialidad médico-paciente?

-No creo que vayan a poner un bando sobre tu salud -resolvió Nebadur.

Además entre ellos esa confidencialidad no había existido nunca, al menos entre ellos. Pero era de comprender que la Familia Real estuviera enterada: era su médico al que pagaba por sus atenciones y con tanto como habían hecho por ellos era normal que tuvieran interés en saber sobre ellos. Tampoco tenían grandes secretos que ocultar en ese aspecto.

-Por la cuenta que les trae -repuso Luan.

También era cierto que era muy celosa de su privacidad. No dejaría que esta se airease alegremente sin que hubiera consecuencias.

-Aunque si harán una proclamación con el trato del Juramento de Sangre -comentó Nebadur.

Lo cual era lógico para quienes no estaban relacionados con la magia, así todos los interesados se enterarían de los términos. No habría lugar para el error, salvo que uno se empeñara en mantenerse en sus trece con respecto a la realidad… ese era uno de los temores de Nebadur. ¿Habría quién, creyéndose víctima de un engaño, estuviera convencido de que aquello era una manipulación? Siempre habría gente que añorara el pasado esplendor que no habría vivido.

-¿Todavía no lo has hecho? -cuestionó la drow.

El joven negó con la cabeza antes de responder:

-Esperaba a que despertaráis.

No creía posible una nueva trampa, pero uno nunca podría estar seguro de nada. Sus actos no dejaban indiferente a nadie, tanto para bien como para mal todos se formarían una opinión.

-¿Ya se ha ido el hechicero? -quiso saber Luan.

Él inclinó la cabeza afirmativamente antes de replicar:

-Poco después de que sellaras a demonio, no parecía muy molesto.

Pero como ella bien le había enseñado las apariencias engañaban. Aquella expulsión le sentaría fatal y seguramente volvería a las andadas en otro reino y con otro demonio… aunque ya tendría claro que no le sería tan fácil si sus tratos seguían siendo injustos. Por si acaso, él se había mantenido alejado. No quería provocar un nuevo conflicto.

Ella chasqueó la lengua:

-Ese hechicero no es de los que se someten fácilmente.

Pero no tendría otra. Lo comprendería de un modo u otro. Sería elección suya si sería a las buenas o a las malas.

-Además… yo tengo que hacer otra invocación más -agregó el joven.

Luan frunció el ceño previamente a cuestionar:

-¿Otra invocación?

Nebadur asintió para después responder:

-La de reconocer a la otra ciudad como mi hogar…

Había sido una de las condiciones del tratado, la cual también podía ser una prueba que demostrara sus intenciones. Si llamaba hogar mágicamente a una ciudad en ruinas, quedaba claro que no tendría ninguna aspiración acerca de la capital.

Tras una breve reflexión acerca de ese tema, la drow comento tranquilamente:

-No creo que vayan a poner esa condición.

Eso sorprendió al joven, el cual preguntó:

-¿Por qué dices eso?

Ella le explicó:

-Es sencillo, las condiciones más injustas las propusieron el sacerdote y el hechicero.

-Lo recuerdo -concedió Nebadur.

Luan señaló con naturalidad:

-Y con uno exiliado y el otro perdida su credibilidad… entonces todo lo propuesto por ello será como mínimo puesto en duda.

Sería un alivio para él. Pero también le dio la ocasión de interpretarlo a su manera:

-¿Es para que no use magia verdad? -luego dio su opinión-. No requerirá mucha… he hecho más cosas con mayor cantidad.

La drow fue a replicar algo, pero alguien llamó a la puerta. De inmediato, reconociendo quién sería, Nebadur replicó:

-¡Adelante! -ante la mirada inquisitiva de Luan comentó- Es Samara.

La drow inquirió fingiendo seriedad:

-¿Y si no estoy presentable?

-Has estado mucho peor en público -dijo el joven socarrón-, y no te ha preocupado demasiado.

Aunque había una diferencia entre estar en un Palacio y un mercado, en realidad Luan siempre se las arreglaba para tener una apariencia más que adecuada en aquella ocasión. Y ahora cubierta por sábanas tampoco estaba mal.

En ese momento se abrió la puerta para dejar pasar a la princesa que saludó primero a Luan alegremente:

-¡Hola Luan! Me alegro de verte despierta -luego se acercó para acariciar a Mek en la barbilla-. También me alegro de verte Mek.

La drow replicó socarrona:

-Me he echado una buena siesta.

-Después de lo que habéis hecho por mi familia y por mi… podrías haber dormido más -dijo Samara de buen humor.

Luan dijo chistosa:

-No se lo digas dos veces a Mek -hizo una pausa-. Que seguro que se sacrificará para satisfacerte.

La princesa sonrió divertida antes de preguntarle al felino:

-¿Sí? ¿Y que pasaría con tus platos de carne?

El aldudo emitió un gruñido. Esa era una difícil elección en dos placeres… pero encontraría tiempo para ambos.

-Harás que a Mek le cueste marcharse luego -comentó el elfo.

La princesa se encogió de hombros. Luego dijo con calma:

-El médico ya me ha dicho que tendréis que seguir convalecientes tres días más…

Luan la interrumpió:

-El médico ha exagerado un poco.

-Pero le haremos caso -le prometió Nebadur-. Sabemos que él sabe lo que hace, y que le debemos mucho también.

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