El Destino LXIX

-En el peor sitio… para él -dijo Nebadur con una sonrisa.

Luan contestó:

-O no, de haber podido lo habría exorcizado.

Esa era la solución más efectiva, pero sólo estaba en manos de un clérigo superior. No perderían el tiempo pensando en lo que habrían podido hacer. Lo mejor era ocuparse de lo conseguido.

-Eso habría sido como matarlo -dijo él.

La drow repuso:

-Es una forma simple de verlo.

La magia podía llegar a ser muy compleja. Todo dependía del conocimiento y el dominio que se tuviera sobre ella. Pero una forma fácil de comprenderla era recurrir a las analogías.

-Así que sería una suerte de liberación final -dedujo Nebadur.

Pero a diferencia de la muerte normal, por medio de la cual podría él podría volver más tarde y los demás ser juzgados y unirse a sus dioses… el exorcismo era la nada final. Pero también una huida, una escapada a su destino… el que conllevaba el pago por los actos llevados a cabo.

Luan contestó:

-Bien visto.

-Así que me parece justo que haya acabado en la espada -dijo el elfo-. Así que estará siempre pagando…

La drow comentó divertida:

-Y te aseguro que muy feliz no estará.

-Además que usarás su poder frente a los demás -afirmó él con perspicacia. Eso supondría una doble humillación para el demonio, el cual habría preferido estar en manos de una drow como ella… seguro que habría sufrido menos si lo hubiera manejado aquella sacerdotisa que había participado en el secuestro.

Ella fingió ponerse seria al decir:

-Estás aprendiendo mucho jovencito… -luego alzó una ceja planteó con jocosidad- ¿O es que ya lo sabías?

Ligeramente desconcertado, él contestó:

-De… de las lecciones que me has dado.

Se las había dado en forma de píldora para que él fuera asimilándolas y comprendiéndolas. Sólo así se daba el auténtico aprendizaje que ofrecía una visión más próxima a la realidad.

Luan quiso saber curiosa:

-¿Y antes, durante tu vida pasada?

El joven se ruborizó antes de admitir avergonzado:

-No sé… si debería hablar de ello.

-No tienes por qué hacerlo Neb -le aseguró ella notando su turbación-. Sólo ha sido curiosidad.

El elfo lo pensó un momento, ella era de las pocas a las que podría contar algo así sin que enloqueciera o lo viera como algo tan fuera de lo normal que no llegara a comprenderlo.

-En realidad no es… nada malo, no hará daño a nadie -dijo él cohibido.

“Aparte de la imagen que hayas podido tener sobre mi pasado” apostilló mentalmente. Todo el mundo lo tenía como alguien poderoso, alguien para el cual la magia apenas tenía secretos, lo cual era esencial para garantizar el reinado del Orden.

Pero si bien esa era su función y la ejerció entonces como buenamente podía, en el aspecto de la magia estaba más corto de lo que muchos pudieran imaginar. De hecho, lo que supo entonces fue gracias a gente a la que Luan le habría gustado… porque habían obrado de un modo parecido.

Ella le concedió:

-Entonces adelante.

Nebadur aspiró y suspiró antes de explicar:

-No me… enseñaban mucha magia, oficialmente.

He ahí por qué no creía a los elfos solares. Ellos querían seguir como antaño, de hecho para ellos el que Luan le estuviera enseñando era una herejía.

La drow comentó:

-Tenían miedo de lo que pudieras hacer.

Decía con otras palabras lo que ambos creían, lo cual dijo él sin suavizarlo:

-Temían… perder el control.

Un control que ejercían ellos. Todo iba bien mientras las cosas fueran como ellos creían que debían ir.

-Nada nuevo -dijo Luan con sorna rodando los ojos.

El joven asintió compartiendo su parecer. Era una de las cosas que tendrían que cambiar, pero sabía que no sería un proceso rápido. Les tenía que conceder la oportunidad pero ellos aprenderían que en esta no se podían hacer trampas, con su modo de ver las cosas sólo retrasarían lo inevitable.

Precisamente esa era una de las razones por la que los dioses habían caído. Aquel aprendizaje habría de circular en ambos sentidos. Creadores y creados cambiaban en ese proceso los papeles y ambos eran tanto profesores como alumnos.

-Pero extraoficialmente… -confesó Nebadur- hubo quien me enseñó.

Luan planteó riéndose entre dientes:

-¿Ah sí? ¿lo conozco?

El joven ladeó la cabeza y se la quedó mirando de una forma que causó cierta inquietud en la drow que le aseguró:

-Es una broma Neb, nadie vive tanto.

Cierto, nadie deseaba vivir tanto tiempo pese aunque fuera inmortal de facto. Pero él lo haría, porque eso formaba parte de su papel… mientras viviera el caos jamás vencería y el orden permanecería firme.

Pero había otro modo de conocerse. Cuando otros vivían a través de uno mismo, porque sin ellos uno no existiría. Sus antepasados, una larga cadena que unía el tiempo presente con el pasado pretérito.

-Pero a través de tí sí Luan -dijo él enigmáticamente, sabiendo que así había sido. Había almas que pasaban de una vida a otra, pero luego estaban aquellas almas que creaban otras a partir del legado que les enseñaba.

Ella parpadeó y dijo perpleja:

-No me digas.

-Tu antepasado estuvo entre ellos -le reveló Nebadur-. Entre los que hacían la vista gorda cuando quería explorar… y los que me enseñaban algo de magia a escondidas de los demás.

Luan dijo socorrona:

-Buenas piezas.

Era gente fuera de serie, gente que no seguía las normas que veían que no tenían ningún sentido. Para eso había que tener mucho valor, ser conscientes de que por ello podían ser acusados de ir contra las normas y ponerlos al Orden y a él en peligro.

-A… algunos elfos lunares se hacían los locos también… -mencionó Nebadur.

Los elfos lunares tenían esa fama de locura divertida, sobre todo en la fase de luna llena. También eran los más sencillos que se integraban fácilmente en comunidades humanas, seguidos por los elfos de los boques.

La drow se sacudió de hombros y comentó:

-Pega mucho con ellos.

-Pero junto a vosotros estoy aprendiendo más que con ellos -se apresuró a decir el elfo-. Por ejemplo con ellos sé que no habría enemigos.

Lo cual podía ser muy cómodo, pero no feliz para quien vivir implicaba mucho más que lo que los demás pretendían. Los enemigos, los demonios, eran retos que a superar, que lo ayudaban a ser él mismo y ser auténtico en todo su potencial.

Luan preguntó chistosa:

-¿Crees que están pidiendo hora para hacernos una visita?

-Yo creo que se reparten los días -le dijo él siguiendo la broma, para después agregar pensativo-. Pero creo que también… tenemos ayuda.

La drow contestó mientras con la mirada señalaba a los vendajes:

-Imagino que la familia real ha tenido algo que ver.

El joven inclinó la cabeza afirmativamente, no habría sabido qué hacer sin su ayuda más allá de lo que él había podido. Su llegada había sido prudencial, los había salvado.

Seguidamente él comentó:

-Os atendió el médico real. Es un hombre serio… pero muy eficiente y bueno.

Cualquier médico no habría sabido salvarlos, como mucho su tratamiento se habría alargado demasiado y su sanación habría dependido de un milagro que como tal no sucedería con tanta asiduidad como hubieran podido esperar.

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Un comentario en “El Destino LXIX

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