El Destino LXVI

Luan abandonó la estancia tranquilamente y luego se dirigió a la suya, Nebadur dormiría unas cuantas horas, tiempo que ella aprovecharía para atar todos los cabos ya que, como le había dicho a Neb el Archimago en comparación con un Drow de alto rango o un Elfo Dorado experimentado estaba a un rango muy inferior no se podía decir lo mismo del demonio con el cual podría haber hecho un pacto. Incluso entre los demonios, que eran todo caos y destrucción, había jerarquías y dudaba mucho que el que se encontrara tras toda aquella trama fuera uno de bajo rango.

“Eso puede resultar un problema” pensó para si jugueteando con una runa, su poder contra un demonio no era igual que contra alguien como los elfos dorados, gente totalmente opuesta a su magia. Un demonio se movía en las mismas sombras que ella y por ende su magia era parecida, lo cual implicaba que el daño que le podía hacer se reducía considerablemente.

Luan dirigió en ese momento su mirada hacia la ventana de su habitación para observar como el atardecer empezaba a llenar el cielo de tonos dorados y rojizos, el tiempo se había agotado. Aquel era el momento en el cual las dos realidades se acercaban y se fundían, las sombras crecían en tamaño en una clara advertencia de lo que estaba por llegar, la oscuridad y esta era una oscuridad sin luna. La Drow chasqueó la lengua, eso sólo le complicaba más las cosas si cabía.

Se levantó para ir a ver como se encontraba Nebadur y fue entonces, al salir, cuando se encontró de frente con el Archimago lo cual la llevó a fruncir el ceño.

-¿Qué quieres? -le dijo de forma directa, no le gustaba verlo allí.

-Hacer un trato -fue su sencilla respuesta.

-Ya tienes un trato -le dijo ella con mordacidad en una clara alusión a que sabía perfectamente lo que había hecho.

-De eso va el trato -comentó él mirándola con sus ojos casi níveos por detrás de su capucha.

Luan tomó ese comentario con pinzas pero le permitió el paso haciéndose a un lado, no era estúpido el Archimago. Si realmente quería salvar su culo con ese demonio su única oportunidad sería hacer otro trato a espaldas de este con ellos. Por otro lado, el que este se posicionara de su parte les convenía ya que eso haría que el demonio tuviera un menor poder sobre el mundo terrenal si aquel al cual se había unido lo rechazaba.

-Pasa -lo invitó con voz neutral mientras se hacía a un lado.

El Archimago entró en la habitación para luego ir a sentarse con total normalidad a una de las sillas que había alrededor de una mesa antes de decir nuevamente:

-Quiero romper mi pacto con ese demonio.

Luan se quedó callada y fue a ocupar la silla que quedaba justo frente a él para, tras entrecruzar sus dedos de forma tranquila comentar:

-Ya… ¿Qué pasa? ¿No te salió bien la jugada de contratar a los Drows para ayudar a ese supuesto Rey y ahora has traído los lobos a tu casa?

El Archimago la observó largamente para luego objetar despacio:

-Eres muy lista.

-Cuando tú has ido yo ya he vuelto niño -replicó Luan con seriedad.

-Fue todo idea de él -comentó el hombre con una seguridad que ella no se creyó, lo cual dejó muy claro en su comentario:

-No me digas.

-Por eso acudo a ti -atajó rápidamente-. No quiero morir, si tú te ocupas del demonio prometo hacer lo que quieras.

“Cobarde” pensó para si la Drow al escuchar sus palabras, vendería a su madre por salvar su pellejo pero quizás eso le podría ser útil. Sus ansias por mantenerse vivo quizás le valdrían para sonsacarle algo sobre el demonio con el cual había hecho el pacto.

Mas fue en ese mismo instante cuando escuchó como Neb llamaba por ella antes de sentir un fuerte dolor en el abdomen. Se reclinó hacia adelante en el mismo momento en el cual vio cargar al Archimago contra ella.

Unas espinas negras brotaron de la sombra de la Drow para ir a sujetarlo con firmeza mientras ella se sobreponía al dolor, eso sólo significaba que Nebadur y  Mek estaban en apuros.

-Mal nacido… -siseó mientras sus ojos se inyectaban en sangre dejando manar su poder libremente antes de desaparecer en la primera sombra para luego reaparecer a pocos metros, en la propia habitación de Nebadur y ver cómo Mek estaba siendo atravesado por una daga y levantado en volandas para que, a cámara lenta, una de las garras del demonio se dirigiera directa a cercernarle la cabeza.

Luan actúo con premura, sabía que si el Demonio lograba su objetivo moriría inevitablemente. Por eso mismo su primer movimiento fue buscar evitar aquello, lo cual la hizo saltar hacia adelante para interponer su espada corta deteniendo de esa forma la garra electrificada del demonio. Con su mano diestra empujó a Mek liberándolo así de la daga aún sintiendo un enorme dolor.

-Por fin no vemos las caras -le siseó al demonio mirándolo a los ojos, los cuales eran tan rojos como los suyos en aquel momento.

-¡Luan! -volvió a llamarla Neb en un tono mucho más preocupado al verla en aquel estado, uno en el cual ni siquiera la había visto frente a los elfos dorados ya que podía ver la sangre salir a borbotones de su herida.

-No bajes la guardia -le instó ella en tono serio mientras se interponía entre los dos acompañada de Mek-. No será fácil.

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