El Destino LXIV

Mientras Nebadur realizaba su hechizo Luan se centró en que el Archimago no pudiera intervenir en ningún momento, eso la llevó a cerrar los ojos y concentrarse en impedir que entrara en la habitación cosa que intentó con varias artimañas pero que no pudieron traspasar las sombras de las puertas, la drow también notó que no usaba excesiva magia, aún sabiendo que algo estaba sucediendo en el interior. Había llegado muy lejos todos esos años para tirarlo todo por la borda en un arranque de ira.

“Ya nos hemos granjeado un enemigo” pensó para si ella al notar como la magia del humano desaparecía, en una clara muestra de que habían ganado aquel asalto pero no la guerra. “Quizás lo mejor sería atacar la raíz del problema…” valoró Luan  pensativa abriendo de nuevo los ojos mientras Nebadur acababa y le tendía un colgante a la princesa.

Esta asintió cogiendo con delicadeza el amuleto mientras lo observaba con detenimiento, aún siendo una persona sin ninguna gota de magia en su sangre pudo notar el poder del colgante, y eso ya decía mucho de este.

-Espera, te lo pongo -se ofreció la Reina antes de ponerse a ello a la vez que Luan le tendía una mano a Nebadur para ayudarlo a bajar de la mesa, sin duda se notaba que aquello le había pasado factura.

-Creo que toca una buena siesta -bromeó mirándolo y arrancándole una sonrisa al joven elfo antes de dirigirse al soberano-. Yo si fuera vosotros tendría cuidado ahora con el Archimago, no creo que tarde mucho en darse cuenta de lo que ha pasado.

-Lo enviaré a la frontera norte, allí hay una fortaleza que se encarga de vigilar ese paso. Desde allí no podrá hacer nada -sentenció el monarca de forma seria, se notaba que no quería tenerlo ni un minuto más en palacio,

“Eso es como desterrarlo” pensó para si la drow con una pequeña sonrisa, no merecía menos.

-Pero no hay que olvidarse de aquellos que lo apoyan -valoró Nebadur de manera atinada.

-Con la Iglesia hemos topado -ironizó Luan dejando bien claro de quien hablaban, el clérigo que en la reunión del consejo lo había apoyado fervientemente.

-Con él no habrá problema, tenemos constancia de que le gusta demasiado regentar burdeles -intervino en ese punto la Reina, la cual ya le había colocado el colgante a Samara, quien atendía a la conversación con mucho interés.

“A veces se me olvida que no estoy hablando con simples Mercaderes” valoró la Drow asintiendo satisfecha. Los reyes habían hecho un gran trabajo incluso antes de que ellos llegasen. Conocían bien el problema y lo intentaban atajar de la mejor manera sin armar un escandolo y dándoles una pequeña cancha a esos dos.

-Entonces a ese lo tenéis atado en corto -opinó Luan con una amplia sonrisa para luego mirar a Nebadur-. Creo que nosotros nos vamos a retirar, hay quien necesita descansar.

-Por supuesto -opinó el rey con un asentimiento y haciendo un gesto de su mano dándoles permiso a retirarse. Se despidieron de ellos y salieron al pasillo, comenzaron a dirigirse a la habitación de Nebadur y tras varios minutos este le susurró a Luan:

-Nos están siguiendo…

La drow asintió con un breve:

-Lo se .

Era lo que tocaba por intervenir en un asunto tan conflictivo, ni ellos ni la princesa estarían del todo a salvo con aquel personaje cerca y menos aún cuando supiera de su marcha del palacio.

“Ahí será como acorralar a un animal herido… seguro que irá a morder” pensó para si Luan y un Archimago no era algo baladí, menos si en su sombra tenía un demonio.

Entraron en la alcoba de Nebadur y este caminó hasta sentarse de forma pesada en la cama.

-Espero no haber puesto en peligro a Samara… -le reveló su miedo el joven elfo a Luan, la cual se sentó tranquilamente en una silla.

-Ella ya estaba en peligro Nebadur, al contrario, la has protegido -sonrió antes de agregar-, otra vez.

-Pero ahora él…-vio cómo se mordía el labio inferior dirigiendo su mirada hacia la puerta, fue ahí cuando Mek apoyó su cabeza sobre sus piernas de forma tranquilizadora y Neb comenzó a rascarle detrás de una oreja dirigiéndole una sonrisa agradecida.

Luan sacudió los hombros como quitándole hierro al asunto:

-Ese Archimago tarde o temprano iba a actuar, al menos ahora hemos truncado sus planes.

-Y eso lo habrá puesto furioso -replicó Neb.

-Seguramente -admitió la Drow.

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