El Destino XXXIV

-Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar -le dijo por su parte Luan a la joven princesa de forma relajada.

-Pero… si tenéis problemas… -comenzó la joven siendo muy considerada y comprendiendo al momento que ellos tenían sus propios problemas.

-¿Te dejamos aquí entonces? -le planteó en ese punto Luan elevando una ceja para luego observar cómo ella se quedaba callada pero en un tic involuntario empezaba a frotarse las manos.

Estaba claro que aquella perspectiva no le gustaba lo más mínimo, cosa lógica ya que se encontraba a semanas de su país y sin recursos a su alcance. Pero por otro lado también se encontraba el hecho de que no quería pedirles más a aquellos que ya la habían ayudado tanto.

Fue en ese punto cuando Nebadur intervino diciéndole con una sonrisa:

-Te dije que te llevaría a casa y eso es lo que haré.

“Vaya, vaya, le ha salido la vena caballeresca” pensó para sí la drow divertida.

-Entonces no se hable más -replicó Luan zanjando el asunto, ni uno ni otro debían de tener tales cargas, no al menos mientras ella estuviera presente y pudiera aligerarselas.

“Son jóvenes,  que disfruten de esta etapa todo lo posible, una que no vuelve jamás, ya tendrán tiempo para ser maduros” se dijo a si misma mientras los conducía fuera del laberinto pero siendo muy consciente de la situación en la cual se encontraban.

Aquella visión había sido un aviso más que claro o mejor dicho, una declaración de intenciones. Los elfos Dorados lo buscarían a sol y sombra si alguien de tal estatus estaba detrás. Y Luan sabía muy bien que contaban con enormes recursos a su alcance, lo cual era preocupante, cualquiera los vendería con tal de no perder un contrato o una amistad con ellos, al fin y al cabo ellos eran simples desconocidos.

Reprimió un suspiro para que no lo notasen ni Nebadur ni Samara mientras pensaba para si:

“Se acabó nuestra forma de vida”

Cuando llegaron a la posada del Gremio los cuatro se dirigieron, tras hablar con la camarera, a la mesa que les adjudicó. Se sentaron en ella y cada uno pidió lo que más le apetecía del menú que la mujer les expuso.

Mientras cenaba Luan comenzó a planear que es lo que harían a partir de ese punto, estaba claro que no podían seguir como hasta ahora, sus rutas eran demasiado predecibles ya que las llevaban haciendo años, cualquiera que preguntara un poco podría saberlas, incluso quizás el que aquellos elfos Dorados aparecieran justo a las afueras de la ciudad no se trató de una coincidencia.

“Has bajado la guardia Luan” se recriminó la drow a si misma, había tenido la suerte de tener el poder y la maña suficiente para en esa ocasión lograr salir victoriosa pero por desgracia con alguien de tan alta cuna de por medio no podía dejar ningún cabo suelto.

No se trataba sólo de vida o muerte sino también del futuro de Nebadur, como lo cogieran tenía claro que buscarían llevarlo por el camino que ellos querían y, si lo haces desde pequeño y con alguien que no conoce nada más pues malo pero al menos no sabe lo demás, mas cuando buscabas encerrar en una idea a alguien que ya ha saboreado la libertad… eso era mucho peor.

-¿Luan? -la llamó Neb trayéndola de vuelta a la realidad y haciendo que levantara la mirada de su plato ya casi vacío.-¿Te pasa algo? –

Ahí la drow sonrió antes de comentar de forma resolutiva para que no se preocupara:

-Creo que os voy a enseñar un lugar que ninguno de los dos conocéis, además así Samara se habitúa al mundo de las sombras.

Como ya se imaginaba eso azuzó la curiosidad de Nebadur la cual lo llevó a inquirir:

-¿Qué lugar? –

-Ya veréis -le comentó ella guiñándole un ojo divertida- en principio id a recoger las cosas, yo voy a hablar unas cosas con el dueño del Gremio, nos vemos en las caballerizas.

Los dos jovencitos asintieron y en cuanto se acabaron sus platos se retiraron seguidos por Mek, ahí Luan aprovechó para vender lo que había guardado para el siguiente pueblo y también el carromato. Se hizo con un par de bolsas y una silla de montar para transportar lo esencial y esperó a los jóvenes acariciando el cuello de Urik.

-Vas a tener que confiar en mi un par de veces -le dijo al caballo de forma tranquila.

Justo en ese momento llegaron Nebadur y Samara, el primero la miró confundido a la vez que le preguntaba:

-¿Y el carro?

-Lo he vendido -le respondió relajadamente Luan-. Compraremos otro en su reino y trazaremos nuevas rutas.

La drow vio como Neb apretaba los labios antes de plantearle:

-¿Es por mi?

-Bueno, también estará bien conocer otros lugares y reinos, el saber no ocupa lugar -replicó Luan con una sacudida de hombros-. El mundo es muy grande y aún te queda mucho por ver. Es algo que tenía planeado ya, esto sólo ha sido el impulso para hacerlo.

-Entonces…. dejadme compensaros toda esta ayuda dándoos un carro -intervino la princesa en un sincero ruego por querer compensarlos de alguna manera. Aún con sus problemas la estaban ayudando sin pedir nada a cambio, si ella podía devolverles el favor aún que sólo fuera así lo haría encantada. Les debía mucho más que un simple carro pero al menos ese podía ser un comienzo.

La drow la observó por un momento para luego decirle con una sonrisa comprensiva:

-Está bien, ya lo veremos al llegar. Ahora, arriba los dos -los invitó dando una palmada sobre el lomo del caballo. Ellos subieron a este mientras Neb le planteaba a Luan:

-¿Y tú?

Fue ahí cuando ella sonrió sacando una tela negra y mostrándosela.

-Yo os voy a llevar -le respondió divertida mientras cubría los ojos de Urik con ella- Samara, veas lo que veas en el mundo de las sombras no te bajes del caballo -le advirtió a la joven humana sabiendo que la mente de estos era más débil que la de elfos y drows.

La jovencita asintió de forma segura confiando en ellos. En ese punto Luan cogió las riendas del caballo y abrió la dimensión para luego entrar en esta con paso seguro.

Una vez dentro toda la realidad se distorsionó para acabar siendo una copia del mundo real pero sustituido por sombras y niebla gris que distorsionaba la percepción de todo aquel que entraba en ellas. Sólo los más experimentados eran capaces de usarlas sin perderse o sin ser devorados por los seres que en ellas habitaban.

En ese punto Nebadur reparó en que Mek tenía como un halo de luz alrededor de todo su cuerpo.

-¿Qué le pasa a Mek? -le planteó el joven elfo mientras tanto él como la princesa reparaban en que Urik no brillaba, lo que significaba que no era cuestión de que los animales en si en aquella realidad brillaban.

-Las sombras saben que no es un animal corriente y el alma de Mek reacciona de forma automática para alejarlas, se podría decir que es como una autodefensa del alma.

-¿Autodefensa? ¿Por qué nosotros no brillamos entonces? -preguntó la princesa interesada.

-Sí, de la misma forma que tu cuerpo tiene defensas contra las enfermedades el alma es igual, ningún ser vivo puede existir sin defensas -Luan hizo una breve pausa sin detenerse en ningún momento para luego explicarle-. Nosotros no brillamos porque nuestro cuerpo es el recipiente.

Samara la miró confundida mientras que Nebadur ya sabía de que estaba hablando, la drow buscó explicárselo a la primera en términos que ella comprendiera.

-Plantéate el alma como una esfera de agua Samara y piensa que nuestro cuerpo es el botijo que la contiene, aquellos que tienen dicho elemento la mantienen resguardada de quienes ansían comerla, como puede ser el caso de algunas sombras, pero Mek perdió su recipiente hace mucho, el felino que ves ahora es la encarnación del alma, por decirlo de algún modo su forma física. Cuando entra aquí queda expuesta a aquellos que buscan comérsela y reacciona.

-Entiendo, es como una barrera -comentó la jovencita de manera perspicaz ante lo cual Luan asintió.

-Y… ¿no es peligroso para vosotros? -le preguntó en ese punto Nebadur sabiendo que si Mek moría ella también lo haría.

-No mientras seamos más fuerte que ellos -le respondió de forma relajada la drow mostrando algo que se daba en el día a día, no valía la pena intentar cazar algo que era demasiado fuerte, era un gasto de energía innecesario y la probabilidad de lograrlo muy baja.

-¿Y si dejáis de serlo? -le planteó Samara separando las palabras.

-Eso no pasará -le respondió Luan regalándole una sonrisa antes de advertirles-, pero no miréis a los ojos a ninguna sombra, no se dice por capricho que los ojos son la puerta del alma.

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Un comentario en “El Destino XXXIV

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