El Destino XXX

La camarera no tardó mucho en llevarles el desayuno, Mek incluido, el cual dio buena cuenta del suyo con ganas y, tras relamer el plato, se tumbó de forma cómoda entre los dos jovencitos esperando a que estos acabaran.

Luan no apareció durante el desayuno pero Nebadur no se preocupó por ello, como ya le había dicho a la princesa seguramente estaría descansando y el ver a Mek tan relajado era un claro síntoma de que no sucedía nada malo y aquello era normal dentro de las circunstancias.

Cuando acabaron el desayuno y Neb estaba pensando en qué podían hacer ahora la camarera se aproximó a ellos para recogerles los platos pero antes de hacer eso le tendió una carta al elfo, el cual la miró por un momento extrañado:

-¿Para mi? -le preguntó a la mujer.

Esta asintió antes de aclararle:

-La señorita Luan me dijo que se la entregara tras el desayuno.

Nebadur la tomó en sus manos intrigado mientras respondía:

-Gracias.

Luego procedió a leerla:

“Hola Neb.

Como seguramente no despierte en todo el día, ¿por qué no aprovecháis para visitar la ciudad? No te preocupes por que alguien pueda reconocer a la princesa, dudo que nadie lo haga siendo de un reino tan lejano, seguramente por ese mismo motivo sus captores la trajeron aquí. Incluso si lograba escaparse nadie creería que fuera una princesa, en cambio les sería más fácil encontrarla por el alboroto que montaría.

Pd: Os adjunto un poco de dinero para que comáis por ahí, seguro que os vendrá bien distraeros. Pasadlo bien, no tenéis que preocuparos de nada con Mek.”

Neb no pudo evitar suspirar al leer la posdata, parecía que Luan no daba puntada sin hilo y a la vez lo controlaba todo de una forma tan estratégica que a veces daba miedo. Como si fuera siempre un paso por delante ella había previsto y predispuesto todo para que aún con su ausencia pudieran no sólo estar bien físicamente sino también anímicamente, ya que conocía su gran curiosidad por las ciudades que a la vez le servía a él de distracción como el hecho de que a Samara también le vendría muy bien pasar el día entretenida, tanto como para olvidar los acontecimientos del día anterior como para no pensar mucho en su familia y en cómo esta se sentiría al no tener noticias de ella.

-¿Pasa algo? -le preguntó con cordialidad la princesa a Neb y este negó levemente con la cabeza antes de sonreír guardando la nota y el dinero.

-Es una carta de Luan, dice que seguramente tardará en despertarse y que aprovechemos para visitar la ciudad -luego la miró con curiosidad-. ¿Has estado alguna vez aquí?

Recibió una respuesta negativa por parte de la joven mientras admitía:

-Y aún de hacerlo no solemos abandonar los palacios o las casas de los nobles.

-Entiendo… -comentó Neb en ese punto pensativo para luego comentarle- He oído que en el centro del pueblo hay un gran parque que es en si un laberinto de arbustos, ¿te apetece verlo?

En ese punto la princesa pareció emocionarse con la idea ya que sus ojos brillaron llenos de curiosidad pero no se reflejó en su cuerpo, el cual mantenía aquella pose protocolaria que durante tantos años había estado entrenando.

-Sólo si no es mucha molestia -le respondió en tono tranquilo y ocultando su verdadero interés, uno que no le pasó desapercibido a Neb.

-Para nada -le respondió él con una sonrisa mientras se ponía en pie, gesto que imitaron tanto la jovencita como Mek. Salieron de la taberna para luego comenzar a recorrer las calles con tranquilidad hacia el parque, fue ahí cuando Neb observó como Samara no podía evitar mirar a uno y otro lado sin descanso, como si estuviera buscando absorber todo lo que podía a través de sus retinas de aquella inusitada situación.

-Se te ve emocionada -valoró en un punto dado Neb.

-¿Tanto… se nota? -le preguntó en ese punto la princesa ruborizándose un poco.

-No es nada malo -le aclaró rápidamente el joven.

-Esto es algo nuevo para mi… nunca antes lo había hecho -admitió Samara volviendo la vista al frente.

-¿No visitas a tus pueblo? -le preguntón con cortesía Neb.

-Oh sí, solemos hacerlo pero… -la joven apretó por un momento los labios para luego agregar-. No así. Siempre vamos con escolta y en una silla de manos… si nos paramos frente a algún puesto pues nuestro estatus…

-Por ser una princesa el trato ya es diferente, te entiendo -la cortó Nebadur con cordialidad indicándole que no hacía falta que prosiguiera.

-¿Si? -le planteó Samara extrañada mientras llegaban a la entrada del laberinto, cuyo paso era un arco hecho de hierbas que prácticamente estaban cubiertas por la nieve o mejor por hielo el cual reflejaba la luz del sol como si fueran pequeñas luces-Vaya… -murmuró sorprendida.

Nebadur también observó por un momento facinado el enorme arco para luego invitar con sonrisa:

-¡Vamos!

Comenzaron a recorrer el laberinto que no sólo les ofrecía una estampa hermosa sino también un divertimento porque la intención era llegar al centro de este y, mientras lo recorrían Neb decidió responder a la pregunta que le había hecho al entrar.

-Con respecto a lo de que… sí lo entendía…Si, soy un Elfo Dorado, no solemos salir de nuestras ciudades y menos juntarnos con los Drows. Es como juntar la noche y el día -intentó aclarárselo de la forma más sencilla posible.

-Ah sí, he oído hablar de las dos razas, aún que es la primera vez que veo a unos y a otros -luego se quedó pensativa antes de comentarle-. No se por qué es tan raro entonces –

Sus últimas palabras dejaron confundido a Neb el cual le preguntó extrañado pidiéndole que se lo explicara:

-¿Cómo?

-Dices que sois como la noche y el día ¿no? -Neb asintió y ella apuntó con tino- ¿No existen también los amaneceres y los anocheceres?

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