El Destino XXVIII

Giliel se encargó primero de la princesa la cual presentaba algunos moretones y rozaduras por el trato que había recibido de sus secuestradores pero por suerte nada grave, salvo un leve esguince de muñeca que la joven había soportado estoicamente y sin quejarse, lo cual no dejaba de sorprender a Luan.

Cualquier otra princesa se habría comportado de manera muy diferente a ella, había dos ramas a elegir, la que estaría totalmente acobardada o la que marcaría su estatus y sus problemas y deseos por delante del de los demás. Pero Samara no era ni lo uno ni lo otro y eso decía mucho de ella aún siendo alguien tan joven. Había comprendido o le habían inculcado los valores que realmente importaban en la vida y aún manteniendo el porte característico de una princesa era capaz de adaptarse a las situaciones, incluida aquella.

Esa era una faceta de los humanos que no dejaba indiferente a Luan, la capacidad que tenían de asombrarla incluso con todos los años que tenía a sus espaldas, ellos siempre le enseñaban algo nuevo por más que ella fuera mucho mayor o tuviera más experiencia.

No se parecían en nada a los elfos, a los drows o a los enanos, cuyas jerarquías estaban bien grabadas a fuego en ellos y las familias en las cuales nacían y vivían durante años.

De todas las razas la humana era la que menos esperanza de vida tenía y eso era su característica más grande, no sólo por el hecho de que para las demás eran como niños o adolescentes sino por por lo que eso implicaba. Los humanos, al vivir tan poco, veían las cosas de forma totalmente diferente a los demás. De ahí seguramente que fueran tan propensos a ser guiados por las emociones, como era el caso.

Esa princesa estaba dispuesta a ponerse en un mayor peligro únicamente por el deseo de volver a casa y junto a sus familiares, quizás alguien más sabio o con más tiempo se decantaría por la opción del viaje.

“Son impulsivos por naturaleza” se dijo Luan mientras miraba de soslayo a Nebadur, el cual estaba ya siendo tratado por la Sanadora mientras que la princesa se había retirado al baño para vestirse “Como nosotros cuando somos jóvenes”.

-Bien, esto ya está -comentó la Sanadora interrumpiendo en esos momentos los pensamientos de la drow-. Os dejaré lo necesario para cambiar mañana las vendas ya que uno de los mordiscos contenía toxinas anti cicatrizantes. Con el tratamiento que le he puesto debería de ser suficiente para eliminarlas totalmente del cuerpo en unas horas.

-Te lo agradezco -le dijo Luan mientras Giliel se separaba de Nebadur diciéndole:

-Te vendrá bien descansar unas cuantas horas.

El joven asintió azorado y agradecido antes de que la elfa se pusiera en pie y le tendiera los ungüentos necesarios para la cura a Luan.

-Dentro de doce horas se lo cambias -le comentó a esta para luego llevarse una mano al bolsillo y tenderle una pequeña caja a la drow-. Y esto es para que lo tomes tú.

Luan elevó levemente una ceja mientras cogía todo y luego abrió la cajita, en cuanto vio lo que contenía frunció el ceño.

-No -la reprendió la Sanadora al ver el gesto- Te vendrá bien.

-Es demasiado caro -replicó la drow tendiéndole la caja pero la Sanadora no hizo amago alguno de querer recuperarla, en vez de ello replicó con soltura:

-Seguro que aún te queda algo de aceite con el cual podemos negociar.

Luan entrecerró los ojos, fue en ese momento cuando la puerta del baño de abrió y reapareció Samara.

-Ah, veo que la ropa de mi hija te sirve -le dijo da elfa de forma amable desviando el tema de conversación y dejando a la drow con la palabra en la boca.

-Sí… gracias de nuevo… por todo -le agradeció de forma sincera la princesa mientras entrecruzaba sus manos por delante de su cuerpo algo cohibida, seguro que aquello era totalmente nuevo para ella y aún así buscaba comportarse de la mejor forma posible ya que todos los presentes la estaban ayudando sin recibir nada a cambio.

-No es nada -le respondió Giliel con una sonrisa afable.

“Seguro…” pensó para si Luan jocosa por un momento. Sin duda la elfa no era tonta, ni mucho menos ya que el aceite que vendía la drow era no sólo de los más caros sino de los mejores que había en el mercado y ella, como Sanadora necesitaba los mejores aceites para que sus medicinas también fueran las mejores. El producto influía mucho a la hora de preparar cualquier cosa, más aún si se trataba de cuestiones medicinales en las cuales una mala elección podría ser la diferencia entre curar a alguien o no.

-Creo que lo mejor sería que los jovencitos descansaran -opinó Giliel de forma cordial y acertada , ya que se los veía cansados.

-Yo… te dejo mi cama Samara -le comentó Neb de forma azorada a la princesa pero en un gran gesto, ya que eso implicaba que él se quedaba sin ella.

Luan rodó los ojos para luego comentar:

-Por esta noche Samara dormirá en tu habitación Neb y tú en la mía, como aún tengo que tratar el pago con Giliel le pediré otra habitación al posadero para mi. Mañana ya trasladaremos las cosas.

-Pero…y si… -comenzó Neb dubitativo por dejar sola a la princesa.

-No hay nadie en la alcoba de la derecha a esta -le comentó Luan ya que había elegido la ubicación de sus habitaciones a propósito para no tener ” vecinos incómodos”-. Le pediré esa al posadero y Samara quedará entre los dos.

-Ah, vale -replicó el jovencito más tranquilo para luego mirar a Samara- Entonces te veré mañana.

La humana asintió con una leve sonrisa antes de agradecerles de nuevo todo lo que estaban haciendo mientras se retiraban. Una vez dejaron a Neb en su habitación la elfa y la drow descendieron las escaleras mientras retomaban las negociaciones. Al final llegaron a un mutuo acuerdo y Giliel se retiró con varios botes de aceite.

“Y luego dicen que los drows somos los malos” pensó para si Luan con sorna sabiendo que había sido la elfa quien había ganado aquel asalto aunque no tenía nada que reprocharle, su trato con los jóvenes había sido impoluto y además le había proporcionado a Samara por voluntad propia ropa élfica, esta no era algo baladí, la ayudaría a pasar desapercibida. Sin duda la había comprado para que su hija semi-elfa no llamara tanto la atención pero Luan tenía muy en cuenta que aquel había sido un detalle que ella había tenido con la princesa.

-Bueno Mek… vamos a tener dos cachorros por unos días -le comentó divertida a la pantera que permanecía a su lado a las puertas de la posada. El felino la golpeó suavemente en el muslo con su cabeza- lo sé, lo sé -le replicó comprendiendo su gesto antes de entrar para pedir la habitación contigua a la de ellos.

Luan se dirigió al piso en el cual estaban sus habitaciones y, tras poner un par de barreras mágicas tanto en la habitación de la princesa como en la de Neb, en la cual entró Mek como siempre hacía, se dirigió a la suya.

En cuanto entró no buscó ni desnudarse, sino que se tiró sobre la cama panza arriba soltando un suspiro pesado, se sentía realmente agotada. Fue entonces cuando recordó lo que le había dado la Sanadora y se llevó la mano al bolsillo donde había dejado el paquete. Lo deshizo para ver tres ampollas en su interior.

“Eres muy lista elfa…” pensó para si antes de tomarse una de manera rápida ya que conocía el sabor y no le gustaba para nada, demasiado dulce, luego se dejó caer de nuevo en la cama y fue ahí cuando permitió que sus párpados se cerraran.

Anterior

Anuncios

Un comentario en “El Destino XXVIII

  1. Pingback: El Destino XXIX | Anuska Martínez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.