El Destino XXVII

-Pues… pensé que en el carro -contestó el joven.

Pensaba que su reino no debía de estar muy lejos. Sí lo suficiente para que nadie fuera a buscarla, pero no tanto como semanas de viaje… los drows, aquel hombre y ella llamarían mucho la atención en un largo viaje.

Luan se volvió hacia Samara y le preguntó:

-¿Cuál es tu reino?

La princesa dijo suavemente:

-Grancant -hizo una pausa-. Su capital es… MythIvae.

El joven sintió un escalofrío mientras repetía el nombre:

-¿MythIvae?

Era un nombre élfico, significaba Ciudad de la Luz. Era la primera vez que lo oía, que él supiera nunca había estado allí. Y sin embargo… muy dentro de él lo sentía, ahí había algo… No sabía cómo explicarlo, pero más allá de la rareza del propio nombre… tenía la sensación de que existía un tipo de relación; como si hubiera estado allí aunque fuera imposible.

-Sé que suena raro que una ciudad humana tenga un nombre élfico -admitió Samara antes de sonreir-. Aunque en la ciudad viven algunos elfos.

Pero no dejaba de ser raro. Los humanos siempre usaban el lenguaje común a la hora denominar sus pueblos y ciudades. ¿Por qué un nombre élfico? ¿Era por algun acuerdo con los elfos?

-Sí que suena… raro -reconoció el elfo con franqueza.

Samara explicó con una amabilidad que dejaba percibir que amaba mucho su tierra y su hogar de los que se sentía orgullosa:

-MythIvae fue hace mucho tiempo una ciudad de elfos y enanos… hasta que fue conquistada por los humanos.

-Y no está nada cerca de aquí -sentenció Luan cambiando rápidamente el hilo de la conversación.

El joven preguntó vacilante:

-¿No?

-No, está a semanas -dijo la drow con seguridad.

Así que lo del carro igual no era una buena idea. ¿Pero qué otras posibilidades había? No podían dejarla allí, pero un viaje tan largo también supondría muchos peligros. ¿Y acaso él no había provocado suficientes? Había tenido demasiada suerte, no quería provocarla más y que le resultara desfavorable. Sentía que sí, había solucionado algo pero no había acabado del todo bien… ¿y ahora se topaba con una dificultad más difícil de salvar? ¿Y si al intentarlo tenían que pasar por algo peor?

La princesa dijo con extrañeza:

-Es raro… esta mañana yo estaba allí.

-Eso es porque usaron las sombras -explicó Luan.

Nebadur lo adivinó al momento, ya había vivido aquello:

-Magia.

-Eso acorta mucho el viaje -señaló la drow con gesto adusto.

Y los drows podían permitírselo porque más allá de sus conocimientos y experiencia iban en grupo (lo cual fortalecía su poder) y los acompañaba una alta sacerdotisa que implicaba más poder favorecido con el favor de la diosa. Así que el costo en magia les salía rentable.

-Oh, eso un problema -descubrió Samara.

El joven preguntó:

-¿Qué podemos hacer entonces?

surgía un problema mayor con el que lógicamente no había contado hasta entonces. ¿Cómo enfrentarse a él entonces? Aquello superaba, mas no podía dejarlo así.

Luan expuso pensativa:

-Hay dos opciones. La primera es ir de la manera convencional y la segunda por las sombras. Pero esta última tendríamos que hacerla dentro de uno o dos días y los dos debéis tener en cuenta que entrar en el reino de las sombras tiene riesgos.

Nebadur lo entendía. Había usado mucha magia, tenía que recuperarse para poder abrir un portal a las sombras y atravesarlas con ellos. Eso requería mucha magia y lo único que le pesaba a él era que no podía ayudar de ningún modo… lástima de que no fuera drow como ella.

-¿Más riesgos que los del camino largo? -inquirió la princesa intrigada y nerviosa al mismo tiempo.

El elfo vio a la drow asentir y viendo que Samara se turbaba todavía más comentó:

-Cuanto más largo el camino… más riesgos -hizo una pausa y se lo pensó-. Aunque menos tiempo, en las sombras hay peligros mayores claro.

Ella sacó sus propias conclusiones:

-Así que en el camino corto pueden pasarme cosas más graves que en el corto pero en menor cantidad.

Nebadur replicó:

-Es una forma de verlo.

Bastante sencilla. ¿Quién necesitaba complicaciones? Cuanto más claro lo tuviera uno y fuera más consciente de las implicaciones, la decisión a tomar sería mucho más responsable.

-Pues yo preferiría el camino de las sombras… -dijo Samara tras pensarlo-. Si no es mucha molestia.

Esa elección fue muy sorprendente. Un humano habitualmente escogería un camino largo en el que por mucho que pudiera pasar tendría ciertos límites de gravedad descartando aquel en el los sucesos fueran de cotas muchos peores en las que la más baja era la muerte o acabar sin algún miembro.

-Pues tendremos que esperar -afirmó Nebadur que prefería algo rápido. En su lugar querría volver con los suyos cuanto antes.

Samara inclinó la cabeza afirmativamente antes de decir:

-Me parece bien -a continuación inquirió- ¿Podría… mandar un mensaje a mi familia?

Luan replicó:

-No te lo recomiendo.

-¿Por qué no? -preguntó la princesa para después razonar-. Así dejarán de preocuparse y se tranquilizarán.

“No dejarán de hacerlo hasta que estés en casa” pensó Nebadur que sin embargo se abstuvo de decirlo. En cambio, comentó tras meditarlo un poco:

-Otros podrían interceptar el mensaje.

-Y podrían venir a buscarte -le reveló la drow-. Seguro que tu familia agradecerá la discreción.

Samara planteó anonadada:

-¿No puedo tener tan mala suerte verdad?

-Nunca se sabe -terció el elfo.

La princesa replicó:

-Algunos otros reinos tienen la misma política que la de… ese monstruo.

-Y podrían intentar un acuerdo con los drows, que lo verían como una señal de que su diosa quiere venganza -comentó Luan.

Y si la divinidad quería venganza la recompensa de su favor era demasiado tentadora como para dejarla escapar. Además, ignorarla supondría un insulto para una diosa que castigaría aquel acto con dureza. Por lo tanto, sólo había un camino que seguirían y más saboreando la venganza al anticipar su victoria.

-Mejor ser prudentes -indicó Nebadur, seguidamente la animó-. Además te tendrán dentro de poco con ellos.

Samara respondió con tranquilidad:

-Sí, puedo pasar sin mandar un mensaje.

De repente se escucharon unos suaves golpes de nudillos contra la puerta que sólo sorprendió a los dos jóvenes. Luan se levantó y abrió la puerta para dejar pasar a Mek y a Sanadora. Al primero lo rascó detrás de la oreja mientras saludaba a la segunda:

-Buenas noches Giliel, siento mucho haberte hecho venir a estas horas de la noche.

La elfa sonrió y contestó con amabilidad:

-No pasa nada, mi lugar está donde estén los enfermos.

Nadie diría que acababa de ser arrancada de la cama. Estaba impecablemente vestida y su peinado era exquisito. Aparte de su naturaleza, también era resultado de una prolongada experiencia como Sanadora, una función que exigía rapidez ante las emergencias.

Llevaba una pequeña cesta colgando de una mano con botes y otros objetos que no tuvo tiempo de identificar pero que debían estar relacionados con su labor. En la otra, atado con una cuerda, tenía un bulto de tela.

-Hemos tenido un pequeño incidente -dijo Luan-. Creo que lo más prudente es que los eches un vistazo.

Giliel contestó aprobadora, por lo visto ya tenía toda la información que necesitaba:

-Has hecho bien -después se acercó a él y le preguntó con interés- ¿Qué tal el estómago?

Nebadur contestó un poco cohibido:

-Ya no me duele.

-Me alegra saberlo, pero conviene que no lo sustituyas por otras cosas peores -le dijo en un tono de reprimenda cortés, propio de los Sanadores-. Porque me parece que eso es lo que has hecho -él bajó la mirada-. Bueno, en un momento te examinaré -después se dirigió a Samara-. Mi nombre es Giliel y soy Sanadora.

La princesa replicó respetuosamente:

-Yo soy Samara.

-Te he traído esto para que puedas cubrirte, espero que te sirva -le dijo la Sanadora ofreciéndole el bulto tras dejar la cesta en el suelo-. Pero primero déjame echarte un vistazo.

La joven respondió al mismo tiempo que le daba las gracias:

-Muchas gracias Giliel, lo haré.

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Un comentario en “El Destino XXVII

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