El Destino XXVI

“Qué voy a hacer con este niño” pensó para si Luan reprimiendo un suspiro “No es que vaya a tener muchas opciones” valoró recordando lo que le había dicho Neb sobre que su dolor de estómago había desaparecido.

Decidió dejar ese tema por el momento a un lado y centrarse en los problemas presentes ya era de noche y eso complicaba las cosas. Por un lado no podía sacar a la princesa de la posada sin que quizás alguien la reconociera, por otro dejar a Mek con ella no le parecía seguro del todo, desconocía si había más drows en las proximidades y podría rastrear fácilmente el rastro de su magia y estaba la tercera opción, dejar que Mek fuera junto a Neb a visitar a la Sanadora por aquellas calles nocturnas mientras ella se quedaba a cuidar de la princesa. Además de que, visto como se encontraba ella tampoco estaría de más que le echara un vistazo.

“Esto va a salir caro” se dijo mentalmente  la drow con cara de circunstancia durante unos segundos para luego mirar a la jovencita que buscaba taparse con lo que quedaba de sus prendas malamente. Sin decir palabras ayudó a Nebadur a levantarse pasando con cuidado uno de sus brazos alrededor de su cintura y luego lo separó de ella atenta por si se mareaba, aunque no tuvo que preocuparse mucho pues en cuanto estuvo erguido Mek se puso a su lado dejando que su lomo sujetara parte del peso de Neb mientras este apoyaba su mano sobre la cabeza del felino como si esta se tratara de un bastón mientras le decía ruborizado:

-Gracias Mek -el animal cerró los ojos y ronroneó bajito a modo de respuesta mientras que Luan se dirigía hacia la princesa a la vez que se sacaba su capa, antes de que esta pudiera reaccionar se la echó sobre los hombros para luego preguntarle con delicadeza:

-¿Puedes levantarte?

Samara asintió con mirada agradecida mientras se cubría completamente con la capa que era sorprendentemente cálida y suave, luego se puso en pie con la elegancia que sólo tenían las personas de alta alcurnia y que no perdían ni en los peores momentos y lugares.

-Vamos a nuestra habitación entonces -les anunció a todos Luan dirigiéndolos hacia esta, una vez en su interior agregó-, sentaros en la cama.

-¿Sentarnos en la cama? -repitió confundido sus palabras Neb y la drow asintió mientras se encaminaba hacia una mesilla de noche que contaba con una silla en la cual se acomodó para segundos después ponerse a escribir, cosa que dejó extrañados a los dos jóvenes que cruzaron una mirada entre ellos por un momento.

Cuando Luan acabó enrolló el papiro y lo colocó dentro de un tubo de cuero marrón oscuro el cual le tendió a Mek.

-Ya sabes lo que hacer -le dijo al felino que cogió con cuidado el objeto mientras soltaba un gruñido, luego los dos se encaminaron hacia la ventana y Luan se la abrió, el animal no tardó ni dos segundos en desaparecer entre la oscuridad de los tejados.

-Es más seguro que venga la Sanadora aquí -les aclaró finalmente la drow a Neb y a Samara.

-Pero… -empezó a objetar este muy sabedor que los encargos a domicilio eran mucho más caros y más los nocturnos.

-Es lo más seguro -comentó Luan con tranquilidad pero siendo directa a la hora de aclarar que no admitiría ninguna réplica, ya recuperarían el dinero perdido.

-Os… os pagaré… cuando esté en casa -intervino la princesa demostrando una gran perspicacia por su parte.

-No hace falta -le respondió la drow de forma amable.

-No lo hemos hecho por dinero -le intentó aclarar rápidamente Nebadur a la joven para que no sacara conclusiones equivocadas.

-Lo se -le contentó ella-, por eso quiero hacerlo por propia voluntad.

-El dinero viene y se va jovencita, hay cosas más importantes que este en la vida -le comentó Luan despacio para luego mirar hacia la puerta-. Y ahora…tengo que arreglar el desastre de ahí afuera, no tardaré.

Debía hacerlo cuanto antes ya que seguía manteniendo un hechizo activo el cual, aún siendo de los que menos gastaban energía, seguía drenándosela. Era uno que había activado en el mismo momento en el cual se había presentado, no les interesaba bajo ninguna circunstancia llamar la atención de los demás inquilinos que había en la posada. Por eso mismo nadie se había presentado ante los gritos o los sonidos de lucha.

Salió de la habitación y desplegó sus sombras por el pasillo y la habitación donde habían retenido a la princesa, de estas comenzaron a salir seres que habitaban en ese tenebroso lugar para comenzar a comerse los restos y a lamer la sangre de las paredes, suelos y demás con gran regocijo. Al final lo dejaron todo como si allí nada hubiera sucedido y por un momento se volvieron hacia Luan, notando su debilidad avanzaron sólo un paso hacia ella pues esta no les dio pie a más ya que les gruñó de forma gutural mientras sus ojos se volvían a inyectar en sangre por unos momentos.

-Aún no tenéis permiso -les siseó en un susurro que aterrorizaría a cualquiera y consiguiendo el efecto deseado, que las sombras se desvanecieran. Fue en ese momento cuando dejó de usar el hechizo y se apoyó contra la pared por un momento.

“Tengo que endurecer el entrenamiento de Nebadur” pensó para si. Por mucho que no le gustara que se pusiera en peligro estaba claro que lo haría si o si cuando se tratara de una injusticia, hasta ahora lo había estado dejando a un lado diciéndose a si misma que era cosa de la edad y de su forma de ser por tratarse de un elfo Dorado pero en su deseo de no querer que tomara ese camino lo había puesto inconscientemente en peligro.

Ella era su Maestra, no sólo la que lo había criado, y, por puro egoísmo fraternal había antepuesto lo segundo a lo primero.

“Ya no es ese niño que salvaba gatos” se dijo a si misma cerrando los ojos por un momento. Si no hubiera puesto un seguidor en su sombra por si acaso y gracias al aviso de la sanadora no habría llegado a tiempo y él estaría muerto. Aun que la sacerdotisa Drow fuera una estúpida en algo tenía razón, si no le enseñaba a enfrentarse a aquel tipo de gente o situaciones quizás llegaría el día que no sería lo suficientemente rápida para protegerlo.

“Es hora de dejarlo volar y decidir su camino” se dijo a si misma volviendo a abrir sus ojos lentamente “todos tenemos ese derecho, no seré yo quien se lo corte después de haberlo perseguido durante tantas décadas”

La drow se separó de la pared para luego entrar de nuevo en la habitación en la cual se encontraban Neb y Samara. El primero la miró preocupado ante el silencio que se hizo y también  su forma de comportarse, no era la habitual y eso sólo significaba problemas.

-¿Luan?

Ella no le respondió inmediatamente, sino que se dirigió a la silla de escritorio, la cual volvió con un tranquilo gesto hacia ellos y luego se sentó en esta antes de entrecruzar sus dedos de forma relajada.

-Mientras esperamos a Mek y a la Sanadora dime, ¿cómo piensas llevarla hasta su país?

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