El Destino XXV

-Yo… tenía que hacerlo -dijo el joven agachando la mirada.

Era una pobre excusa, pero excusa al fin y al cabo. ¿Eso era mejor que caer al abismo al que lo condujo aquella dolorosa pesadilla? Bueno, la cuestión no era tan sencilla como pudiera parecer. Lo malo era que si Luan no comprendía… nadie lo haría.

La drow suspiró:

-Ya tuvimos esta conversación.

-Lo… lo recuerdo -reconoció.

Había sido cuando el gato y los carromato. No le reprocharía que ella creyera lo había olvidado. No lo había hecho, pero sencillamente… estaba entre la espada y la pared. Y ante eso sólo se veía una salida, que si no existía había que crearla… por muchos riesgos que tuviera el proceso.

-¿En qué estabas pensando entonces? -exigió saber Luan frunciendo el ceño.

El joven replicó:

-Iba… iba a violarla.

Iba a continuar hablando, pero la drow miró hacia la cama en la que seguía la chica atada. Se acercó lentamente a ella y esta se quedó quieta pero sin controlar sus temblores. Una reacción comprensible, cualquier otro tal vez ya no estaría ni vivo.

-No te haré daño -le dijo Luan-. Mi nombre es Luan.

Apenas en un hilo de voz, ella le dijo:

-U… una drow.

-Verás que soy completamente diferente -dijo Luan con naturalidad antes de soltar sus ataduras.

Después volvió con Nebadur al que volvió a examinar la herida debido al mordisco de las serpientes.

-¿Es.. grave? -quiso saber el elfo.

Luan chasqueó la lengua antes de concluir en un tono de reproche:

-Tienes demasiada suerte -hizo una pausa-. Aunque será mejor que lo vea la Sanadora.

El joven tragó saliva e inquirió:

-¿Es necesario?

Bien mirado, aquello no le parecía más grave que lo de su estómago.

-Haberlo pensando antes -le dijo ella con seriedad.

Nebadur buscó el modo de no acabar de nuevo donde la Sanadora diciendo:

-Ya no me duele el estómago.

-Le alegrará saberlo -sentenció la drow.

Entonces, cuando él iba a intentar insistir para no acudir a donde la elfa, una voz interrumpió su conversación. Se trataba de la joven, la cual ni siquiera había salido de la adolescencia. A pesar de los golpes, se veía que era bella y su piel blanca insinuaba que era alguien acostumbrada a los buenos cuidados. También sus maneras revelaban que no se trataba de una persona que estuviera habituada a las posadas.

-Soy… Samara, la princesa Samara -se presentó-. Gracias por… rescatarme y salvarme la vida.

Y tanto que se la habían salvado. De aquellos tipos no se podía esperar nada más leve que el suplicio previo a la muerte por tortura.

¿Una princesa? Nebadur parpadeó confuso, nunca había visto a ninguna… lo cual era normal, las princesas no se cruzaban en los caminos de los mercaderes, se mantenían en su círculo social y vivían en palacios. En cuanto a los desplazamientos, no solían ir muy lejos sin un séquito o cosas así.

-¿Y qué hacía una princesa con semejante séquito? -cuestionó Luan con un ligero interés cortés.

Ella contestó mientras intentaba cubrirse con lo que le quedaba de ropa:

-Me secuestraron de mi reino.

-Lo siento -dijo el joven compadeciéndose de ella.

Por muy raro que pareciera, la situación empezaba a tener cierta semejanza con la del gato. Pero había sido tan grave, que no había podido soportarla… no había podido dejarla estar… Lo malo era que si no era capaz de eso… iba a tener serios problemas que acortarían bastante su vida.

La drow inquirió:

-¿Por qué?

-Voy a casarme el año que viene -explicó la princesa-. Pero mi reino es ambicionado por otros y…

Luan concluyó con cara de circunstancia

-Y te han secuestrado como moneda de cambio.

Samara negó con la cabeza:

-En otros reinos tienen costumbre de secuestrar a las novias.

Nebadur se mordió el labio inferior, eso no sonaba bien. Pero quizá empezaba a explicar las prisas por la violación y por qué a aquel joven le había molestado su maldición

-¿Por… por qué? -planteó él con suavidad, ante la mirada severa Luan apostilló- No tienes por qué contestar.

La princesa demostró que no sólo no le molestaba, sino que le hacía sentir bien que alguien preguntara. Era un esfuerzo por comprenderla, por estar en su lugar… Y eso que nadie salvo él sabía que lo había estado.

Samara procedió a explicar:

-Pues que si consuma… la princesa se verá obligada a casarse con él -hizo una pausa-. Para ellos el secuestro y la lucha por poseerme es… prueba de su valor y fuerza que los hace idóneos para el trono.

Menuda razón más retorcida. Lo triste era que hubiera gente que lo creyera así y que gente como Samara y sus reinos lo sufrieron haciendo que además esa mentalidad perdurase.

El elfo reconoció con sinceridad:

-No es justo.

-Igual que los matrimonios pactados -sentenció Luan- Porque has dicho que ibas a casarte.

Ese tipo de matrimonios eran mucho más comunes. No era tan cruel como el rapto y la violación, pero aún y así encadenaba a dos personas que quizá ni se querían. Eran bastantes raros las uniones por amor, sobre todo entre las élites… la gente común solía tener más suerte en aquello; siempre y cuando su sociedad no tuviera normas sociales al respecto que dijeran cómo tenían que hacer esas cosas… lo cual no hacía muy feliz a la comunidad salvo que su mentalidad estuviera trabajada de modo que buscaran hacer algo bueno de aquello.

Samara asintió y contestó:

-Se llama Angus… seguro que estará preocupado.

Luan inquirió incrédula alzando una ceja:

-¿En serio?

En muchos lugares los matrimonios acordados se hacían ya desde el nacimiento de los contrayentes y estos no se conocían hasta poco antes de la boda. Por lo que si había un interés respecto al otro, no era por su persona sino por su reino y su estatus que beneficiarían al primero.

-¿Ya os conocéis? -preguntó Nebadur con curiosidad.

Una curiosidad que lo hacía olvidarse del cansancio y de la dolorosa herida. Se mantenía despierto, alerta.

Samara asintió al mismo tiempo que replicaba:

-Nos vemos dos veces al año durante un mes desde pequeños.

Eso no sonaba tan mal. Era una forma de conocer y habituarse el uno al otro compartiendo cosas. Dentro de lo malo, aquella pareja era bastante afortunada y Nebadur se alegraba de que pudieran seguir estando juntos al abortar las intenciones de aquel engendro.

-¿Y sois felices así? -cuestionó el elfo.

Ahora la sorprendida fue ella, quien preguntó extrañada:

-¿Qué quieres decir?

-¿Os queréis? -aclaró el joven.

Samara lo pensó un momento. Eso a él le dijo que aún tenía sus dudas, aunque sobre todo tenía esperanzas en aquella unión:

-Somos amigos.

Era sincera, lo creía de verdad. Podía funcionar tranquilamente y que esa amistad se convirtiera en amor. Claro que por otra parte… eso no era asunto suyo, lo importante era que eso era lo que ella quería. Si la hacía feliz, era más que justo.

Nebadur le preguntó Luan:

-¿Podríamos llevarla a casa? Aquí no está a salvo.

La drow entrecerró los ojos  y repuso:

-Primero nos ocuparemos de ti, luego ya hablaremos del tema.

-Pero yo puedo soportarlo… -objetó el elfo-. Cuanto más tiempo esté ella aquí… más peligro correra.

Luan ironizó:

-Mira quién lo dice -Nebadur se ruborizó-. No, primero tu salud.

El joven suspiró:

-Si a ella no le importa esperar… y no ralentizo el viaje.

-No me importa -dijo Samara con una franca sonrisa de agradecimiento-. Es lo mínimo después de lo que has hecho.

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