La Tumba

Tumba Real de Amarna

Queda más del 75% del Antiguo Egipto bajo las arenas.

Todo aquello empezó con una petición tan simple como humilde, sin ningún tipo de doblez. Aunque viniera de un organismo gubernamental como el Ministerio de Antigüedades.

-Creemos que es un momento adecuado para proceder a la restauración de la Tumba Real de Ajenatón y para ello creemos que no hay nadie mejor que los Maatjeru para ayudarnos a descubrir esa parte de nuestra Historia.

No era un halago gratuito para conseguir su favor o conseguir que aceptaran aquel enorme proyecto a un menor coste. Era un comentario sincero en reconocimiento a su labor.

Y quizá, sólo quizá, era un modo de pedirles que no se marcharan. Para ellos los Maatjeru eran insustituibles, poco a poco se los habían ido ganando con su amor por su legado que protegían incluso con sus propias vidas. A través de ellos, los cuales no se avergonzaban de su condición como anfitriones, creían ver lo que pudieron haber sido los auténticos dioses.

Por todo eso Egipto se había convertido en una excepción ante un mundo que seguían viendo a los Goa’ulds como una plaga bien exterminada.

-La Historia de todos -corrigió el líder de los Maatjeru.

Hacía un mes que Nebnefer había regresado a Tau’ri en el intercambio que habían establecido. Durante medio año, la mitad de los Maatjeru que residía en Zep-Tepi  ocupaba el lugar de los residentes en Tau’ri; de ese modo todos los Maatjeru tenían relación con la raza divina y mantenían el compromiso con Tau’ri.

Al propio Nebnefer eso le venía mejor que bien. Desde que el antiguo Supremo Señor del Sistema le había planteado la cuestión de la implantación, se había sentido agobiado y presionado. No se sentía preparado para ello, de hecho se sentía tan roto que una parte de él temía que hubiera dejado de ser un anfitrión apto. Lo cual le enfrentaba con la pesadilla de que Ra pudiera decidir que quería otro anfitrión.

-Por supuesto -fue la réplica que obtuvo aceptando su punto de vista.

Oficialmente, Egipto negaba la implicación directa de los Goa’ulds en su milenaria Historia más allá de los últimos acontecimientos protagonizados por Ra. En la esfera extraoficial, empezaban a creer y a aceptar las pruebas que la sustentaban… aunque siempre esperaban más.

Nebnefer comentó:

-Ponemos la siguiente condición: Nosotros decidimos los plazos y no intervendrá nadie ajeno a los Maatjeru.

Era algo difícil para una institución que controlaba absolutamente todo lo que acaecía en en el ámbito de la arqueología. Mas los Maatjeru tenían sus propios métodos, algunos de los cuales suponían una intervención que no le gustaba.

-Nos parece justo -fue la aceptación más difícil que logró arrancarles. La calidad de su trabajo merecía aquel sacrificio.

Nebnefer les sonrió por vez primera desde el inicio de la reunión. Lo cual fue percibido por la otra parte como un inicio de acuerdo.

Luego les dijo tranquilamente:

-Primero visitaré el lugar, después hablaremos de plazos y otros aspectos.

Necesitaba esa visita para actuar después sobre seguro. Aquel trabajo no os haría renunciar a lo que ya tenían comprometido. Por ello, al contar con menos gente, se hacía necesaria una gestión mucho más meditada.

Sin ver aquella tumba ya imaginaba que sería una tarea ingente. Llevaría muchos meses, por mucho que tuviera a mano el mayor número de personas posible.

No se debía únicamente a los efectos del paso del tiempo en un área enorme; en tal caso las autoridades no hubieran accedido a las condiciones de los Maatjeru tan rápidamente. Había habido una persecución de la memoria que había resultado en el saqueo de la tumba y la destrucción de las representaciones que en su tiempo fueron la máxima expresión artística.

Igual que había pasado con el legado Goa’uld, extinguido y borrado de Tau’ri.

Por eso acudían a ellos, para recuperar lo imposible. Especialmente aquello que se había querido mantener oculto. La historia de Atón y la Familia Real, cuadraba perfectamente con aquello. Conocedor de esa parte oculta, sabía que los seguidores de Amón-Ra se habían esforzado en hacer que se olvidaran de su enemigo… para que nadie les disputara el poder aunque su dios hubiera desaparecido.

El joven acudió solo a la tumba portando lo indispensable: comida y agua para el día, el dispositivo de curación, la linterna y una Zat. Esta última la llevaba por obligación, a cambio de ello Kesava había accedido a que se marchara solo.

Sabedor de que era inútil discutir incluso con el argumento de que allí no había nadie que amenazara a los Maatjeru, aceptó. A fin de cuentas, siempre habían peligros que acechaban a cualquiera… como los saqueadores que siempre esperaban su oportunidad.

Sin embargo, el antiguo anfitrión no halló ningún problema en su camino hasta la tumba. Fue un gran alivio, pero también una gran satisfacción al disfrutar de una fresca mañana cuando el sol todavía no lo azotaba con sus rayos.

Parecía una bendición postrera de Atón, que daba su permiso para que se descubriera el sacrificio a través del cual evitó que los falsos dioses sometieran a Tau’ri a su dominio más de tres milenios antes del regreso vengativo de Ra.

“Sé que esto no será suficiente” le dijo en su sentida oración silenciosa “Pero para Tau’ri es mucho”.

El Señor del Sistema comprendería que a aquel planeta le costaría mucho admitir su última aportación para la cual lo había dado todo literalmente.

La tumba  lo impresionó ya desde la entrada, donde notó que no iba a necesitar la linterna. Sus ojos registraron rápidamente las representaciones desaparecidas por obra de la naturaleza o del ser humano y las que se conservaban lo conmovieron vivamente. Todas ellas eran un canto a la vida.

En cuanto los Maatjeru le devolvieran su esplendor original, la tumba se convertiría en la mayor  atracción de Egipto. Siempre y cuando supieran mantener su conservación.

La gran cámara funeraria era la estancia más castigada. Costaba mucho reconocer las escenas de las paredes. Dos columnas señalaban el lugar en el que estuvo el sarcófago del faraón y parecían añorar a sus gemelas.

Nebnefer caminó con una actitud de recogimiento hasta el centro de la cámara para hacerse una idea general valiéndose de una visión panorámica. Quería empaparse del espíritu que iluminó aquel lugar de descanso eterno.

Pronto llegó a la conclusión de que la cámara sería la que daría más trabajo a los Maatjeru. La restauración pasaba de meses quizá varios años… lo cual no sabía qué les parecería a las autoridades.

Sin embargo, no pudo pensar mucho más acerca de ese asunto. De repente se oyó un ruido ensordecedor que lo obligó a taparse los oídos. Seguidamente notó un temblor bajo sus pies y al mirar vio que parte del suelo sobre el que se encontraba se hundía.

-Pero qué…  -murmuró asustado.

Intentó escapar, pero el suelo descendió rápidamente quitándole la posibilidad de huir con un  salto.

“Oh no, oh no” pensó aterrorizado mientras descubría que incluso para él habría sido imposible antes de aquel instante. Súbitamente se encontraba en otra habitación de un estilo definitivamente Goa’uld.

La estancia, o mejor dicho cámara, estaba iluminada por cuatro lámparas que estaban sujetas a cuatro de las seis columnas que sostenían el techo. Nebnefer se sintió inmediatamente atraído por los muros de oro, los cuales estaban llenos de medu neter.

-Yo el dios Atón, hijo de Ra, aquel que vive en Maat, hago escribir estas palabras para que Maat no desaparezca ni de la Tierra ni de mis actos… -empezó a leer, mas se interrumpió abruptamente.

De nuevo aquel ruido lo avisó de que algo ocurría. Para su desesperación, aquello que le había bajado volvía a ascender. Corrió para subirse, pero le fue imposible hacerlo; iba demasiado rápido. Maldito la efectividad y funcionalidad de la tecnología Goa’uld mientras veía que aquel viejo elevador se confundía con el cielo azul tachonado de estrellas doradas.

-Maldita sea -se dijo en un resoplido.

Se olvidó de las paredes doradas y se concentró en buscar el modo de salir de allí. El que allí hubiera oxígeno significaba que el aire venía de algún lugar y cualquier cámara Goa’uld contaba con algún sistema que lo permitiría salir.

Sólo tenía que encontrarlo y por eso se dedicó a la búsqueda de cualquier elemento que pudiera servir. El problema era que habían demasiadas cosas.

Tras él descansaban dos ataúdes, desde cuyas esquinas cuatro figuras femeninas extendían sus alas de un modo protector. En torno a los ataúdes pudo distinguir algunos muebles: camas, sillas, mesas… Varios objetos más convertían aquello en el sueño de cualquier arqueólogo: juguetes, lámparas, jarrones, sábanas y otros objetos cotidianos.

Hasta entonces aquel lugar había sido la tumba más segura. Nada mejor como ocultarla en una  tumba que tarde o temprano sería arrasada.

Pero allí no estaba lo que buscaba. Así que miró hacia adelante, topándose con algo que lo dejó helado.

Al fondo había un sarcófago de un estilo indudablemente Goa’uld. Delante descansaba lo que parecía una mesa de la misma factura.

Lo desconcertante estaba ubicado entre ambos elementos. Una especie de tira acuática de 20 centímetros de anchura rodeaba una suerte de altar lleno de flores frescas.

“¿Frescas?” se preguntó pasmado. Alguien tenía que haberlas puesto ahí. Así que a aquel lugar se accedía habitualmente… Tenía que marcharse antes de que el visitante habitual retornara. Algo le decía que no le gustaría encontrárselo allí.

Entre las flores estaba aquello que era reverenciado. Dio unos pasos hasta quedarse ante la tira de agua, al lado de la mesa.

Su ib se encogió al reconocer entre las flores dos vasos canopes de belleza incomparable sellados. Dentro de ellos se conservaban, en éxtasis, dos simbiontes: uno de género masculino y otro femenino según los retratos naturalistas de las tapas.

Desde allí pudo leer sus nombres inscritos en medu neter: El Protector de Maat y La que trae la Vida.. Este último, en lugar de contar con el habitual símbolo determinativo femenino, lucía el símbolo que identificaba a una reina.

-Una reina… -musitó sin saber qué creer. Atón había creado aquello por una razón, la misma por la que lo había ocultado.

Dio unos pasos hacia atrás buscando pistas con la mirada. Empero no sería tan fácil y lo peor del asunto era que necesitaba ayuda y estaba solo.

Tampoco podía aspirar a ver un botón que dijera “Pulse aquí para salir”. Atón era mucho más inteligente que eso y uno nunca podía estar seguro de hasta dónde llegaban sus planes.

“Tal vez…” pensó mientras posaba la mirada en la mesa. Se acercó a esta con precaución y posó las palmas de sus manos en su luminosa superficie. De inmediato se activó la enorme pantalla holográfica en cuyo centro apareció, en un plano medio, el mismísimo Atón que saludó solemnemente:

-Bienvenido visitante.

El Señor del Sistema, con su último anfitrión, estaba impresionante. Su imagen era la que en aquella tierra podían tener de un dios y un rey que se proclamaba hijo de tal.

Su cabeza estaba cubierta por la corona azul Jepresh cuyo perímetro estaba rodeado por una línea de ureaus. El principal, el que se alzaba sobre el centro de su frente, tenía un tamaño superior.

De sus orejas pendían unos pendientes que representaban a un disco solar del que colgaban sus rayos que terminaban en manos. Dos tipos de collares colgaban de su largo cuello: uno de oro de dos vueltas y otro ancho con motivos naturales de también materiales preciosas.

-Atón… -susurró sin saber qué decir.

La imagen volvió a hablar:

-Si has llegado hasta aquí es que buscas respuestas. No prometo dártelas, pero te guiaré en tu búsqueda.

Era una grabación, él no estaba allí. Había diseñado una especie de interfaz para acceder a la información que contuviera.

Por eso no le sorprendió en exceso que la imagen redujera su tamaño y se moviera a una esquina mientras aparecía una antigua imagen de Tau’ri y su satélite entretanto el Señor del Sistema decía:

-Esto es Tau’ri, el Primer Mundo, el  planeta en el que vives. Concretamente estamos aquí -el planeta aumentó su tamaño y un punto azul oscuro señaló Egipto-. Pero antes que dioses y humanos existió una raza, los llamados Antiguos, muy evolucionada y poderosa que nos creó…

Era una crónica, Atón la había dejado allí para que los Tau’ris conocieran la Historia de la que formaban parte y conocieran su posición en la misma. Aquello era un tesoro incuantificable… esa información confirmaría algunas cosas y desestabilizaría otras muchas dadas por seguras.

El joven dio un paso hacia atrás mientras la grabación seguía hablando sobre los Antiguos, la emoción lo tenía como hipnotizado.

Empero un leve ruido procedente de su izquierda detuvo su ib y su respiración. Por el rabillo del ojo atisbó un movimiento en el suelo y lentamente giró la cabeza.

Un simbionte adulto que se movía hacia él se detuvo. Un Goa’uld, libre, en Tau’ri. Ambos se miraron y tendieron la cabeza para verse mejor… los ojos rojos del simbionte brillaron y los dos rompieron a gritar… hasta que Nebnefer se cayó al suelo desmayado.

El simbionte serpenteó hasta el cuerpo con mucha prudencia para evitar sorpresas desagradables. Lo rodeó y se subió a él en un estudio que bien podría evocar a antiguos instintos.

Si el antiguo anfitrión  hubiera visto lo que ocurrió a continuación, seguramente se habría vuelto a desmayar.

El simbionte, sobre su pecho, volvió a gritar. Sin embargo, lo hizo en un registro distinto que tuvo otro resultado. De las aguas surgieron once simbiontes más que llegaron hasta allí.

Tras un breve intercambio de sonidos que sólo ellos entendían, cada individuo tuvo claro su papel. Minutos después arrastraban el cuerpo del joven en una sábana hasta situarlo al lado del sarcófago Goa’uld. La perfección de su coordinación quedó sobradamente demostrada cuando consiguieron abrir el artefacto e introducirlo allí.

La mayoría de los simbiontes regresó al agua en cuanto el sarcófago se cerró. Sólo quedó fuera el primer simbionte que, antes de desaparecer, fue a la pared y pulsó un botón oculto como el medu neter que representaba al disco solar en el nombre de coronación del Elegido de Atón.


Vaso canope

El antiguo Supremo Señor del Sistema parecía dormitar en el alféizar de la ventana. Pero en realidad no lo hacía, se dedicaba a la otra actividad que ocupaba sus horas libres de preparativos o cuidado y educación de los simbiontes de Zep-Tepi: pensar.

Lo cual no pasaba desapercibido para quien más lo conocía allí. El Azote de los Goa’ulds le dio con un dedo en la cabeza mientras le decía severa:

-Deja de hacer eso.

-Estoy preocupado -replicó Ra.

La joven puso cara de circunstancias antes de gruñir:

-Dime algo que no sepa.

-Le hablé sobre la implantación -le reveló-. No se lo tomó muy bien, pensé que él necesitaba tiempo para prepararse.

Ella opinó con una franqueza inusual:

-Muy considerado por tu parte.

-Pero no estoy seguro… -empezó a decir.

Kate lo interrumpió:

-No he visto amistad y lealtad más firme que la vuestra-. Nunca se rindió contigo por muy difícil que se le pusieran las cosas -en las cuales ella tuvo mucho que ver-, no te rindas con él.

Ra se dio cuenta de que ella tenía razón. Nebnefer había vivido mucho y también lo había sufrido, quizá eso era lo que a él le hacía dudar sobre si era el anfitrión adecuado para él… Y lo era, por mucho que lo dudase, y él se lo demostraría con paciencia adaptándose a su ritmo.

-No lo haré -le prometió él con contundencia.

El Azote de los Goa’ulds le dijo con gravedad:

-Y vas a tener la oportunidad de demostrarlo.

-¿Qué quieres decir? -le preguntó el antiguo Supremo Señor del Sistema reavivando su inquietud. Eso no le sonaba nada bien y más si estaba relacionado con Nebnefer.

Ella contestó tras dejar escapar un suspiro:

-Nebnefer lleva varias horas desaparecido.

Completamente tenso, Ra exclamó:

-¡¿Cómo?!

Un montón de posibilidades empezaron a surcar su mente, a cada cual peor. Aquello recordaba a tiempos que habían quedado atrás. ¿Quién podía buscar hacerle algo al joven? El Tema de Zep-Tepi era un absoluto secreto y nadie se tomaría la molestia de ir a Egipto a hacerle nada bueno. Era absurdo que fuera alguien de Egipto… hasta los saqueadores y sus compradores tenían mucho cuidado con él.

-Los Maatjeru han recibido un importante de restauración y Nebnefer fue a estudiar el terreno -dijo Kate.

Eso sonaba bastante lógico. Sin embargo, había una parte que le seguía sin cuadrar.

-¿Y Kesava?

Era su mejor amiga, la que le acompañaba a donde fuera necesario.

Kate le explicó:

-Ella ha sido quien nos ha avisado -se adelantó a la réplica que iba a hacer y que era bastante previsible-. Iba bien armado Ra, Kesava se lo puso como condición para que lo dejara ir solo.

Entonces habría sido muy difícil sorprenderlo. ¿Qué podría haber pasado entonces? Tal vez hubiera sufrido algún accidente, por lo que el tiempo correría en su contra a la hora de rescatarlo.

-¿Ha tenido un accidente? -quiso saber el antiguo Supremo Señor del Sistema- ¡Tenemos que ir a buscarlo!

El Azote de los Goa’ulds le recomendó:

-Tranquilízate Ra.

Habían acordado que aún era demasiado pronto para que los de su raza regresaran a Tau’ri. Mas eso dejaba de tener validez si la vida de Nebnefer estaba en juego.

-¡Seguro que hay mucho espacio que abarcar! -exclamó yendo en la dirección contraria a la que ella deseaba.

Kate ignoró su exabrupto y le informó:

-Pero los Maatjeru han detectado una señal.

-¿Una señal? -inquirió Ra confundido. ¿Tendría algo que ver con la desaparición?- Y me lo dices porque…

Ella le dijo tranquilamente:

-Porque es una señal Goa’uld y no hay nadie mejor que tú para trabajar con ella.

Ante eso, el antiguo Supremo Señor del Sistema sólo tuvo una pregunta que hacer:

-¿Cuándo nos vamos?

Fuentes:

1.ª imagen: nilemagazine.com: https://www.nilemagazine.com.au/2015-archive/2015/5/16/akhenatens-empty-tomb

2.ª imagen: es.stargate.wikia.com: http://es.stargate.wikia.com/wiki/Canope_de_Estasis

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