Traición II

Sala del Trono

Las oportunidades existen para quienes están preparados para verlas.

Ra se concedió un tiempo para prepararlo bien. También supuso un periodo de gracia para Testadura. Si ésta acudiera a él tras reflexionar acerca de lo ocurrido, él reconsideraría su castigo en función de su disculpa.

Pero esa idea tan inusitada no llegó a realizarse. Testadura no apareció, ni siquiera para dirigirse a Nebnefer… lo cual hablaba de en qué tipo de persona se había convertido: una inaceptable en la presencia del dios.

Con todo, después de lo que ella había supuesto, decidió concederle una última oportunidad. Sobre todo lo hizo por su mejor amigo, el cual le dijo que estaba dispuesto a perdonarla.

En opinión del Supremo Señor del Sistema, su anfitrión era demasiado bueno para ella. No lo merecía. Y quizá ella lo sabía de una manera inconsciente.

Por eso llamó a ambos amantes a la Sala del Trono. Cuando estos entraron, la claridad inundaba la estancia a través de la luz que entraba por las ventanas y las lámparas estratégicamente colocadas. Los guardias, con sus lanzaderas y máscaras (de Horus y de Anubis) estaban dispuestos en sus posiciones y ni siquiera los miraron, de igual modo que no lo habían hecho quienes habían acompañado a los amantes hasta allí. El incienso y otros aromas ardían en sus pebeteros y sus bolutas se movían según la suave brisa.

La pareja fue conducida hasta el pie del estrado de diferentes niveles. Ambos se dieron cuenta del talante de esa reunión cuando su escolta les obligó a arrodillarse con sendos golpes de lanzadera justo detrás de las rodillas.

Un segundo después, las altas puertas se abrieron para dejar pasar al Supremo Señor del Sistema con su joven séquito y su primado. Su rostro estaba cubierto con su conocida máscara. Intencionadamente vestía el atuendo que más excitaba a Testadura.

El efecto, mientras se acercaba al trono dorado con las estatuas de halcón a ambos lados, fue inmediato. La mujer tragó saliva con dificultad y bajó la mirada, su compañero imitó este último gesto sabedor de que no le convenía retar más a un dios.

Ahora más que nunca se daban cuenta de que sus vidas estaban en sus manos.

Desgraciadamente para ellos, no quedaba lugar para la piedad. Su crimen se acercaba mucho al intento de asesinato del dios, su castigo exigía ser proporcional y ejemplificador.

Ra tomó asiento al mismo tiempo que su séquito disponía adecuadamente los elementos de su vestuario para su mayor comodidad sin descuidar su elegancia. Después apoyó sus manos en los reposabrazos y su dediles repiquetearon contra la superficie dorada.

-Me habéis traicionado -sentenció el Supremo Señor del Sistema con una voz que los hizo estremecerse-. Os habéis vuelto contra el dios que os favoreció.

Hubo un fugaz intercambio de miradas entre los amantes, pero ninguna respuesta.

Ra continuó hablando entretanto su mejor amigo le pedía que no les hiciera daño:

-Semejantes muestras de agradecimiento merecen su justa recompensa.

“No les haré más daño que el que se han hecho ellos mismos” le prometió el Supremo Señor del Sistema mientras se volvía hacia Testadura.

Consciente más que nunca del peligro, ella le dijo:

-Teníamos un compromiso, no hablamos de lo que quedaba fuera de él.

La tergiversación se sumaba al error que había cometido. Así se lo dejó claro con su tono de voz al replicarle:

-Nuestro compromiso es muy claro y tú lo has roto.

La dejó en evidencia al mirar a su pareja que se atrevió a mirarlo. Un imperceptible gesto por parte de Ra y el guardia que tenía detrás lo golpeó con el extremo de la lanzadera para que agachara la cabeza.

Eso sublevó a Testadura, la cual exclamó:

-¡No se puede retener a un dios!

-Qué sabrás tú cuando no era un asunto que te incumbiera -le siseó.

La verdad era que desde que se conocieran sólo había estado con ella, porque sólo con ella había obtenido lo que de verdad deseaba.

-Además has desatendido tu función principal -agregó con rudeza.

Sólo entonces la joven reaccionó como había esperado desde el descubrimiento de Nebnefer, apretó los labios y los puños.

Sí, ahora lamentaba lo que le había hecho a Nebnefer echando por tierra una amistad que había infravalorado… ¿a favor de lo que le daba su amante? ¿de verdad lo compensaba? ¿superaba también el inmenso honor que le había concedido el dios? No, eso último lo había comprobado cuando ella lo vio entrar. Lástima que no hubiera valorado de igual modo su relación con Nebnefer… porque para él era como hacérselo a él.

Su pareja tampoco la ayudó cuando osó hablar sin su consentimiento explícito:

-Fue culpa mía Señor.

-Porque deseabas lo que correspondía al dios -dijo Ra con aspereza-. Pues lo tendrás, pero todo lo demás lo perderás.

El Supremo Señor del Sistema sabía que ambos compartían la culpa. Por ello había diseñado el castigo perfecto en el que la caída en desgracia de él caería sobre la conciencia de ella, el cual estaría acentuado por el desarraigo que iban a experimentar.

Acto seguido le ordenó a su primado al mismo tiempo que Nebnefer lloraba:

-Hazla pasar.

Hekaneheh hizo una señal a uno de sus subordinados que, junto a su compañero, vigilaba la puerta por la que los amantes habían entrado.

La puerta se abrió para dar paso a una hermosa mujer morena de ojos ligeramente rasgados escoltada por otras dos. Estas últimas llevaban máscaras felinas cubriendo sus cabezas y portaban lanzaderas.

La mujer caminó con paso resuelto y elegante hasta el pie del estrado. Emanaba fiereza y autoridad, las cuales no impidieron que saludara a su anfitrión con una leve inclinación de cabeza.

Él le devolvió el reconocimiento diciendo su nombre:

-Bienvenida Bastet -después le anunció-. He aquí tus nuevos sirvientes.

Como ya lo habían negociado todo, Ra no se sorprendió porque ella no dijera nada previamente a fijarse en la pareja. Enseguida se fijó en la mujer, la cual pareció despertar su interés según dedujo por cómo brillaron sus ojos.

Obedeciendo una muda orden, una de sus Jaffás hizo que Testadura se levantase. Bastet la estudió atentamente; para lo cual la rodeó, la hizo girarse e incluso le abrió la boca para mirar sus dientes.

Eso incomodó a la joven, que sin embargo se mantuvo quieta, en shock. Se estaba dando cuenta del alcance de la ira del dios al que había subestimado. Era mucho peor que la muerte en aquel momento, sin atisbar que se le estaba concediendo una oportunidad de redención en un futuro que ella misma determinaría.

-Me satisface -concluyó Bastet-. Me los llevo.

Sus Jaffás esposaron a los amantes, cada uno con una esposa. Si se alejaban uno del otro morirían.

El antiguo guardia tenía una cara que en parte compensaba todos los sinsabores que había provocado. Terror e indignación se mezclaban deliciosamente, ya no quedaba nada de su carácter ufano.

Se sentía ninguneado, algo que era un aviso de lo que iba a ser su vida de entonces en adelante. Bastet lo ignoraría, siguiendo las instrucciones de Ra que había aceptado durante la negociación y además porque ella tenía una natural predilección por las mujeres y los niños.

Bastet miró a Ra y le dijo solemnemente:

-Confío en que mis presentes sean de vuestro agrado.

Al igual que ella no había visto sus nuevas propiedades hasta que había accedido a la Sala del Trono, él tampoco lo había hecho con las suyas. Mas intuía en qué consistirían.

-Yo también -respondió el Supremo Señor del Sistema-. Me encanta hacer tratos contigo, puedes retirarte.

Su mejor amigo seguía llorando y su llanto se intensificó cuando Bastet y su séquito se marcharon. Ra suspiró y le ordenó a Hekaneheh:

-Traelos.

Para Nebnefer aquello era una gran pérdida, sobre todo porque había conservado la esperanza hasta el final. El Supremo Señor del Sistema tenía muy presente que el joven seguía necesitando alguna amistad que viera la gran persona que era y lo tratara por ser él mismo y no porque fuera su anfitrión… así sacaría adelante ese radiante potencial que a todos beneficiaba y que se había apagado después de ser testigo de aquella escena.

Sin embargo, Ra sabía que si eso ya de por sí era difícil, ahora se volvía mucho más complicado. No iba a rendirse en ese aspecto, jamás lo haría; pero en ese momento era demasiado pronto.

Siguiendo las instrucciones de Hekaneheh, la mayoría de los guardias se retiraron. Los que se quedaron dejaron sus cabezas al descubierto.

Las puertas se abrieron suavemente para que entrasen varios sirvientes guiando unas cuantas jaulas que levitaban. Desde la lejanía, Ra divisó movimientos dentro de las jaulas. Simultáneamente se despertó el interés de Nebnefer. Su llanto empezó a remitir, a lo cual ayudaron mucho los sonidos que le llegaban: gruñidos y maullidos.

“Adelante” le invitó Ra cediéndole el control “Tú ya sabes qué es lo que hay que hacer”

¿Lo sabía realmente? El joven dudaba, sin Testadura… ¿con quién podía compartir aquello? ¿y si hacía algo mal? No se sentía del todo bien tras saber que había obtenido aquellos animales a cambio de su mejor amiga.

Sin embargo, su mejor amigo intervino atajando el rumbo que estaba siguiendo su mente diciendo “Tú sales ganando, aunque aún no lo veas”.

Eso fue suficiente para que decidiera seguir adelante, dejándose llevar por su innata curiosidad. El joven hizo que la máscara se retirara y se levantó del trono haciendo que los miembros del séquito reaccionaran para facilitar sus movimientos.

Nebnefer llegó hasta las jaulas y le maravilló lo que vio. Eran cachorros de diferentes razas de felinos que no había visto antes. Cada cual era más hermoso que el anterior y, por la reacción de los niños, él no era el único que pensaba así.

Cada caja contenía una pareja de individuos, seguramente macho y hembra. Todos los gruñidos y maullidos cesaron, los animales lo observaban con curiosidad y precaución. Alguno incluso quiso asomar la cabeza entre los barrotes, pero tuvo que conformarse con sacar una garra.

Nebnefer dejó que le oliera la mano. Para cuando se dio cuenta, el animal posaba su almohadilla en su mano y dejaba que le acariciara la parte superior de la garra después de quitarse los dedales que entregó a uno de los niños.

Hubo algo en su mirada, una calidez acompañada de un ronroneo que lo mantuvo así durante varios minutos recordándole a su encuentro con la calicotero Hathor que había sido su primer animal. Le aportaba algo indescriptible que lo llevó a dejar de lado todo lo padecido.

Esa vida pura estaba en sus manos y además le recordaba que le importaba a alguien… Pese a todo era alguien querido y nunca estaría realmente solo.

Las lágrimas, ahora de felicidad, manaron de sus ojos. Todavía le costó un poco abrir la boca para preguntar:

-La diosa nos ha remitido información y algo de comida -le dijo Hekaneheh.

Nebnefer sonrió con franqueza por vez primera en mucho tiempo, lo cual sin duda hacía que todas las desazones hubieran valido la pena.

-La… la leeré toda -dijo el joven marcando de ese modo el inicio de una nueva etapa.

Una etapa que se convertiría en un comienzo con nuevas oportunidades que el Supremo Señor del Sistema no dudaría en explotar una vez aprendidas las lecciones del pasado. Para él Nebnefer no merecía menos.

Bastet

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Fuentes:

Imágenes: http://stargate.wikia.com

Superior: http://stargate.wikia.com/wiki/Cheops_class_warship

Inferior: http://stargate.wikia.com/wiki/Bastet

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