Traición

Cuesta mucho tiempo crear la confianza pero basta un instante para romperla.

Aviso: Escena erótica muy explícita.

Ra se tomaba muy en serio lo de darle tiempo y espacio a Nebnefer. De resultas de ello, se embebía de aquella sensación que no conseguía de otro modo, o casi.

Aprendió sobre las diferentes necesidades de los Tau’ris, sobre todo aquellas más difíciles de comprender una vez las más esenciales estaban cubiertas. Así fue cómo empezaron a erigirse los colegios y los hospitales que, entre otros, se sumaban a la mejora de las casas y las zonas de producción; desde las minas de Naqquadah pasando por la construcción y mantenimiento de naves y armamento.

El zoológico, que sólo acababa de empezar a ser construido, fue el primero de los proyectos que antaño le habría parecido ridículos. O por lo menos en el sentido en que Nebnefer lo había ideado, para compartirlo con los demás para que la gente conociera y disfrutara de unos animales que de otro modo jamás habrían visto. Pronto, otros planetas empezarían a contar con sus propios complejos zoológicos.

Le siguió la biblioteca, un complemento perfecto para los colegios y los centros de formación superior que pretendían convertir a sus súbditos en gente educada que pudieran ayudarlo no sólo a implantar las mejoras sino también a entenderlas y aportar lo que se les ocurriera y desearan.

Se abrieron amplias avenidas arboladas con estatuas decorativas y zonas de descanso que invitaban a pasear. También se crearon parques con fuentes donde la gente se reunía para pasar el rato y refrescarse; sus zonas ajardinadas invitaban a la relajación. Los niños contaban asimismo con zonas de juego, una innovación que llamó tanto la atención como la de los colegios.

La siguiente ocurrencia de Nebnefer, indudablemente extraña para la mentalidad Goa’uld, estaba llena de su espíritu generoso. Aunque aquello todavía no fuera reconocido por sus súbditos (era demasiado pronto puesto que acababan de empezar), el Supremo Señor del Sistema animó a su mejor amigo a desarrollarla. Era una idea con la que pretendía despertar y satisfacer su curiosidad y la de sus súbditos.

A Nebnefer le gustaba aprender y descubrir cosas nuevas. De ese modo llegaron a sus aposentos diferentes objetos: juegos, material de dibujo, reproductores de música y vídeo. De hecho Ra había personalizado su ordenador táctil y holográfico para que diera rienda suelta a su imaginación y diversión, desde él podía acceder a toda la información con la que contaba.

Pero en cada mundo de los dominios del Supremo Señor del Sistema había una cultura. En general habían varias corrientes culturales cuyo centro era su dios, mas suponían diferentes concepciones de la existencia. Por ello los objetos creados diferían de un mundo a otro y cada uno contaba una historia que muchos querrían conocer.

El joven pensó que un edificio que acogiera esos objetos, a cada cual más hermoso y curioso. Cada uno de ellos contaría con una breve explicación sobre su uso y el contexto en el que había sido creado. Eso suponía una motivación más durante los viajes a otros mundos, en los que él podría elegir personalmente los elementos que se expondrían aparte de los que les mandaban los encargados de los planetas; el método era el mismo que para el zoológico.

Y como en el caso del zoo, ese proyecto también sería exportado. Ra no hacía distinciones entre sus planetas, sabedor de que la recompensa sobrepasaría por mucho los costes iniciales. En ese aspecto su fama de inconsciente para cualquiera con algo de prudencia y desconocimiento estuvo más que justificada.

Nebnefer había esbozado una idea de lo que proyectaba y quiso compartirla con su amiga Testadura. Ella solía aportar su propia perspectiva, lo cual daba lugar a unas mejoras que Ra terminaba completando.

Le extrañó que ella no acudiera a reunirse con él cuando Ra se retiró, en ese momento alguien le informaba y estuviera donde estuviera iba al lugar donde Nebnefer se encontraba.

“Se está tomando demasiadas libertades” dijo su mejor amigo irritado “Ya me encargargaré de corregirlo”.

El joven sabía qué tipo de corrección llevaría a cabo y eso lo ruborizó. También tenía claro que era mutuo.

Tuvo que esperar unos minutos a que se le pasara el sonrojo. Los aprovechó para recoge las ilustraciones que había realizado con mucho cuidado para que fueran claras.

Después dejó sus estancias privadas y se dirigió tranquilamente a la habitación de Testadura. Por los pasillos se encontró con varios sirvientes que saludaron respetuosamente a su dios y también otros tantos guardias que, vigilantes, lo siguieron con la mirada tras el saludo.

En Palacio se conocía su existencia, aquellos que tenían un trato rutinario y cercano con su dios ya sabían que él estaba allí. Para ellos resultaba confuso, además de la excepcional circunstancia sin precedentes no sabían muy bien cómo relacionarse con él, aunque empezaban a aprender a distinguir quién tenía el control. Dada la diferencia de personalidades, no era una tarea difícil; sin embargo seguía precisando de tiempo para quienes tenían claro que cualquier falta (tanto voluntaria como involuntaria) sería registrada por su dios como si la afrenta estuviera dirigida a su persona y tendría su lógico castigo.

Nebnefer se paró en la puerta de la habitación de Testadura. Emocionado, pulsó el botón que servía para abrir la puerta. En cuanto tuvo el acceso libre, el joven dio el primer paso.

Sin embargo, no fue más allá. La escena con la que se topó lo dejó congelado. Un pareja mantenía relaciones sexuales bajo una tenue luz que hacía reconocibles a ambos miembros.

La mujer tenía la espalda apoyada en la pared y zahería a su amante que la agarraba de las caderas mientras la embestía. Fue este quien lo miró con una cara que Nebnefer jamás olvidaría… su rostro expresaba un placer que iba más allá de su disfrute físico, de algún modo le satisfacía ser descubierto igual que le gustaba gozar con la elegida del dios: Testadura.

Algo se rompió entonces, fue una ruptura doble que estalló de tal modo que los sobrepasó a huésped y anfitrión. La mujer, elegida por Ra como amiga para Nebnefer priorizaba el placer propio a su relación con el joven. Y por si eso fuera poco para ella, sustituía al Supremo Señor del Sistema llevando a cabo un crimen que nadie antes que ella se había atrevido a hacer.

A Nebnefer se le cayeron los dibujos al suelo. Lentamente, como si una fuerza superior lo dominara, alzó una mano al mismo tiempo que se activaba su Kara’Kesh. Lo siguiente que vio fue a la pareja volar contra la pared de enfrente, golpeándose fuertemente antes de caer al suelo.

Él echó a correr entretanto sus lágrimas escapaban de sus ojos. Regresó a sus habitaciones importándole muy poco quién pudiera verlo. Una vez la puerta se cerró tras él, se arrojó sobre la cama y rompió a llorar dejando escapar toda la amalgama de sentimientos que se desarrollaban en su interior.

Testadura no fue a verle, ni en las horas ni en los días siguientes. Había dejado de importarle, ya no era su amiga. ¿Lo había considerado su amigo alguna vez? No estaba seguro de querer saberlo.

Sólo tenía a su mejor amigo. El Supremo Señor del Sistema se sobrepuso pronto. Herido hasta un punto desconocido para él hasta entonces, cogió las riendas para aliviar el dolor de su anfitrión. Sólo así saldrían ambos de aquel torbellino destructor y seguirían adelante. El bienestar de Ra estaba esencialmente unido a la felicidad de Nebnefer.

Ambos habían aprendido que la crueldad no hacía distinción entre las razas, no existía ninguna inmune a la misma. Habían dioses que eran superados por los Tau’ris en su capacidad para hacer daño.

Nunca olvidarían aquella lección.

Tampoco lo harían Testadura ni su amante. Se convertirían en un mensaje que se extendería por todos los dominios e incluso más allá.

Por lo tanto, su castigo sería ejemplar.

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Fuentes:

Fotografía:

Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Parque_de_la_Naturaleza_de_Cab%C3%A1rceno

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Un comentario en “Traición

  1. Pingback: Traición II | Anuska Martínez

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