El Monte Ombligo CCCXIV

-¿Nadie te ha enseñado la palabra vergüenza?

-¿Me la quieres enseñar?

-No sé si quiero realmente.

-Ya me parecía.

Kate jugueteaba con una suerte de cereal en su leche, sentía un nudo en el estómago causado por los nervios.

“Venga ya Kate” se reprendió a si misma, no se podía creer que los nervios la atenazasen de tal manera desde que se había despertado, la semana la había llevado relativamente bien y con normalidad dentro de lo que cabía con todos los preparativos que se estaban organizando.

Quizás era que hasta el momento había estado entretenida y ahora que se encontraba en el día ya no había forma de evadirse, ni física ni mentalmente, de la realidad que se imponía ante ella. Si, hacía meses que Ra había vuelto a la vida pero también hacía años que no estaban juntos estando él como el huésped de Neb.

Ahí la mente de Kate comenzó a divagar entre recuerdos, vivencias del último día que estuvieron en el hotel acudieron a su mente, el momento del jacuzzi.

Hacer de este momento la eternidad”

pero también otros momentos agradables se sumaron a ese. Uno de ellos encendió una bombilla en su cabeza, era de los primeros que tenía con Ra y uno que jamás olvidaría.

“Puede ser que…” empezó la frase mentalmente mientras se ponía en pie olvidándose de su desayuno, el cual ya daba por perdido, para luego dirigir sus pasos rápidamente hacia la salida del comedor.

Kate dirigió sus pies de forma decidida por los pasillos del palacio, esquivando a los del servicio que buscaban darle los últimos retoques a pasillos y estancias para que todo estuviera perfecto. Su devoción a veces la sorprendía y por eso mismo ella misma era la que antes de que ellos la vieran se hacía a un lado para darles vía libre y no compricarles las tareas, ya que sabía perfectamente que serían ellos los que se harían a un lado al verla.

La saludaban contentos y también muchos agradecidos al ver su gesto, ella les devolvía el saludo con una sonrisa antes de continuar su camino. A medida que se acercaba a su destino la duda se habría paso. ¿Habría mantenido aquellas cosas? Cierto era que Kebechet había intentado destruir todo lo posible pero tampoco era estúpida. En cuanto a los Almacenes no se había metido mucho en ellos, había tenido cosas más “importantes” y que habían hecho mucho más daño.

“Quizás se haya salvado” se dijo entrando en el Almacén bien iluminado mientras hacía memoria. Se cruzó con un par de sirvientas que estaban cogiendo cosas de aquí y de allí pero a parte de ellas estaba completamente vacío.

“Demonios…la última vez que vine esto estaba lleno de gente”

La perspectiva de un lugar variaba mucho dependiendo de la cantidad de personas que estuvieran en él y Kate la única vez que había pisado aquel lugar era en la primera fiesta que había participado junto a Ra. La fiesta que celebraba la simbiosis de Kali, Baal y Bastet.

Se internó por pasillos de ropa y ropa mirando para uno y otro lado buscando alguna referencia que en su momento le hubiera llamado la atención y ahora le sirviera de guía. Los minutos comenzaron a volar y la joven empezó a perder la paciencia y la esperanza.

“Seguramente se deshizo de él…” se dijo suspirando y deteniéndose en un cruce de caminos, si seguía así al final llegaría tarde a la ceremonia para nada y era ella la que iba a llevar a Ra.

“Me mata” pensó para si girándose sobre sus talones para dirigirse en dirección a la salida. “Si se me hubiera ocurrido antes habría tenido tiempo para burcarlo en profundidad” se lamentó tomando el camino más corto.

Fue en ese momento cuando lo vio o hasta juraría que lo sintió, como si le hubiera dado un calambrazo que la hizo detenerse y mirar hacia su derecha. Abrió mucho los ojos y luego una gran sonrisa iluminó su cara.

-Aquí estás! –

Uno de los dos guardias que guardaban la habitación del Señor Nebnefer llamó con cuidado antes de anunciarle a un Ra que desde hacía un rato no había parado de ir de aquí para allá encima de la cama pensando en si ir él mismo a buscar a aquella Kate y llevarla a base de mordiscos a la Sala del Trono:

-Señor, Kate está aquí.

-Que pase –siseó mientras sus ojos brillaban y se envaraba sobre la cama, en cuanto vio como el guardia se hizo a un lado y sabiendo que la joven iba a entrar ya empezó a decir incluso antes de verla- ¿¡Cómo se te ocurre dormirte hoy Tau’ri irritante e insolente!? ¡Cómo me hagas llegar tarde a… -pero sus palabras murieron en su boca a la vez que su enfado se disipó al momento cuando ella se plantó delante de la habitación.

El antiguo Supremo Señor del Sistema se había quedado sin palabras, cosa que muy pocas veces se conseguía y que alegró a Kate, la cual ahora veía que había valido la pena tardar un poco más.

-Que te parece –dio una vuelta sobre si misma y la parte baja del vestido blanco que llevaba puesto hizo un pequeño vuelo–. Aún me sirve y todo –agregó jocosa.

-Sobrevivió –fue la primera palabra que logró articular Ra mientras la joven se acercaba a él.

-Sep, contra todo pronóstico. Me costó encontrarlo por eso tardé, no por haberme quedado dormida –esta última frase la dijo echándole la lengua antes de tenderle la mano pero él no se movió un ápice cosa que la extrañó- ¿Qué pasa?

-Estoy disfrutando de las vistas, da otra vuelta –le dijo él mientras sus ojos brillaban recordando el día de la fiesta y cómo le había escogido ese vestido para ella antes de decirle que se dirigiera a la sala del Trono, donde la había esperado para luego invitarla a bailar ante la atenta mirada de todos los que se habían acercado curiosos a ver el espectáculo.

Kate se rió entre dientes divertida he hizo lo que le había pedido con coquetería.

-Me alegra saber que dentro de poco podremos bailar como en aquella ocasión –comentó con picardía en antiguo Supremo Señor del Sistema ahora si subiéndose a su mano y reptando por su brazo, antes de acomodarse en su cuello le susurró unas palabras al oído de la joven que hicieron que la recorriera un escalofrío de pies a cabeza mientras sus pelos se ponían de punta.

-¡Ojitos! – exclamó muy acalorada divirtiéndolo enormemente.

-Intenta negarlo –replicó él jocoso mientras ella se giraba para luego salir de la habitación.

Kate tragó saliva, de pronto sentía la boca muy seca:

-Calla –logró murmurar acelerando el paso para intentar disimular un poco su reacción.

-Me alegra ver que no te esfuerzas en rebatirlo, porque se habría notado demasiado que mientes, incluso siendo tú.

-Me puedo marcar buenos faroles –masgulló ella intentando que su orgullo no saliera más dañado de aquella pelea.

-En esto está más que claro que no –replicó él socarrón y pasándoselo muy bien.

-Al cuerno… -farfulló ella deteniéndose ya delante de la puerta, no podía seguir con aquel juego, iban a presentarse delante de todos y aún peor, delante de gente que podía leer sus pensamientos, entre ellos su hija.

Respiró profundamente y luego se dio un par de golpecitos con la palma de sus manos en las mejillas, eso hizo reír a Ra en el mismo momento en el que se abrían las puertas:

-Esta me la pagas –farfulló la joven.

-No habría pasado si hubieras estado a la hora -replicó Ra rápidamente.

“Ya claro… valiente excusa…” pensó para si la joven antes de poner los ojos en blanco:

-¿Pero llegamos a tiempo no? –

-Porque te motivé –sentenció él y ella tuvo que hacer grandes no, sino enormes esfuerzos para que las palabras que le había susurrado no acabaran irrumpiendo en su mente y que Moros, Sonia, Adria y la niña pudieran escucharlas.

“lalala…. lala… la…” empezó a cantar Kate mentalmente mientras avanzaba sofocada.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCXIV

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