El Monte Ombligo CCCXIII

Protocolo: Conjunto de reglas de formalidad que rigen los actos y ceremonias diplomáticos y oficiales. / Conjunto de reglas de cortesía que se siguen en las relaciones sociales y que han sido establecidas por costumbre (Definición de Google).

La ceremonia fue tan fastuosa como cabía esperar. Al fin y al cabo, aquel era un punto de inflexión en las maneras de hacer las cosas de una raza. Lo que antaño habría sido un acto de posesión y dominio, ahora pretendía reflejar lo que debió haber sido desde el principio: un acto altruista de generosidad propio de la amistad.

Las futuras implantaciones se mirarían mucho en aquella ceremonia, la cual marcaría las pautas más adecuadas a seguir. Muchas de aquellas cosas no eran necesarias para los dos amigos, sabidas eran, pero aceptaron actuar como ejemplo.

Querían así que cada implantación y posterior simbiosis se viviera como lo que eran. Una unión eterna voluntaria con todas sus ventajas e inconvenientes. Ninguno de los implicados imperaría más que el otro y esa decisión tan vital debía ser tomada de forma consciente, sabiendo lo que suponía para el porvenir de ambas partes.

Atrás quedaron los engaños cuando uno creía que ser el anfitrión de un dios suponía el mayor regalo cuando era la peor de las esclavitudes en una tortura sin fin. Ahora, pasaba a ser un regalo que cada uno le hacía al otro, con plena libertad y amistad inquebrantable.

-La implantación será más rápida que todo lo demás -había dicho Ra-. Sólo tenemos que esperar un poco.

De lo único que el joven se había librado era de la exhibición pública, que todos los presentes lo escrutaran durante los prolegómenos. Sabía que nadie de entre quienes acudirían, le buscaría causar ningún mal… pero su habitual timidez pesaba en esa parte del acto y se sentiría escrutado… lo cual lo incomodaría.

Así, aquella mañana, antes de que todo el mundo llegase, Nebnefer fue conducido por Adria y Hekaneheh a la sala del sarcófago, con acceso directo a la Sala del Trono, el lugar donde tendría lugar la parte más protocolaria. La Orici lo ayudaba a mantener los nervios a raya y el primado se cercioraba de que todo estuviera como se esperaba al mismo tiempo que le inspiraba seguridad.

Ante el trono se había colocado varios sitiales en un varios semicírculos. Los asientos más cercanos al tono pertenecían al Consejo, a los dioses más cercanos para huésped y anfitrión. Por detrás de estos, pero con una perspectiva inmejorable del trono sobre el estrado, se encontraban los asiento que correspondían a los aprendices de los Señores del Sistema y miembros de la Asamblea.

Se habían dispuesto pequeñas y altas mesas ente la sillas para servir en ellos pequeños aperitivos o refrigerios. También tenían espacio para pequeños objetos, como tablillas, que los invitados pudieran portar.

En el estrado se habían incluido varias sillas más que correspondían a los miembros de la familia del Supremo Señor del Sistema y los invitados especiales. Todos ellos tenían su lugar: Adria, Moros, Sonia, Kate y Noa.

Al verlo, el joven se planteó cómo iban a estar presentes en la implantación si tenían que estar allí.

-No te preocupes -le dijo Adria tranquilizadora-. Eso también forma parte de la ceremonia.

Nebnefer inquirió:

-¿El qué?

-Entraremos después de Ra -le explicó la Orici-. Huésped y anfitrión serán acompañados por quienes ellos elijan.

Hekaneheh apostilló respetuosamente:

-Y por quienes monitorizarán el proceso para que todo salga bien.

-No te preocupes -señaló Adria diciéndole lo que ya le habían dicho antes varias veces-. No estarás solo.

“No volverás a estar solo” añadió ella mentalmente. Él se lo agradeció con un ligero asentimiento de cabeza y una sonrisa.

Nebnefer reparó en una pequeña plataforma ubicada justo en el centro del semicírculo y frente al trono donde todo el mundo pudiera verla. Allí sería colocado el antiguo Supremo Señor del Sistema antes de la implantación, Kate se encargaría de llevarlo hasta allí y luego a la sala del sarcófago.

Dejaron el estrado a sus espaldas y marcharon a la sala acondicionada al efecto. No había nadie allí, pero ya se había colocado una cama portátil al lado del sarcófago. En una mesa se había dispuesto todo el material necesario para la implantación y el control de la misma; una pantalla mostraría sus constantes vitales y la anestesia total ya estaba dispuesta. Nirrti se ocuparía de ponerle la dosis necesaria para algo que habitualmente causaba un dolor casi incomparable.

-¿Estás listo? -le preguntó Adria.

El joven inclinó la cabeza afirmativamente mientras respondía sencillamente;

-Sí.

-¿Seguro que quieres hacer esto? -planteo la Orici-. No estás obligado.

Nebnefer sonrió. No había malicia en la pregunta, simplemente era un recordatorio por el que pasarían todos los futuros anfitriones. Ese planteamiento se haría al menos dos veces, una en aquel momento y otra justo antes de la anestesia. Era el reconocimiento a cambiar de parecer incluso en el último momento… al fin y al cabo en aquel acontecimiento tenía mucho que decir el libre albedrío.

Seguidamente respondió:

-Lo hago voluntariamente.

-Muy bien Señor, entonces daremos comienzo con la ceremonia -dijo el guerrero que se encaminó hacia la puerta que había dejado entreabierta-. Voy a anunciar que todo está listo.

Le hizo una señal a Adria, la cual le dijo sonriente a Nebnefer a modo de despedida:

-Volveremos pronto.

Luego ambos se marcharon cerrando la puerta tras de sí. Temporalmente se quedó a solas y con un suspiro se sentó a esperar.


Minutos después, la Sala del Trono se llenaba de gente. Los primeros en llegar fueron los guardias que ocuparon con solemnidad sus puestos para ofrecer seguridad sin dejar ninguna zona sin cubrir.

Los siguieron los servidores prestos a cubrir las necesidades de los excepcionales invitados. Estos entraron en la Sala del Trono poco después de forma ordenada y en riguroso orden según su rango entre los Señores del Sistema que iba siendo anunciado por Hekaneheh. Los discípulos seguían a sus maestros, expectantes tanto unos como los otros por un evento novedoso para todos ellos.

Después hicieron su entrada Moros, Adria y Sonia junto a la niña que recibieron los saludos cordiales de algunos y respetuosos de otros.

Una vez estos tomaron asiento, Hekaneheh anunció la llegada de Ángelo que fue directamente al trono. Recibió los saludos corteses de la concurrencia en forma de inclinación de cabezas. Una vez se sentó, le hizo una señal a su primado para que continuara.

Este lo hizo haciéndose oír entre el silencio general, pues los intérpretes de la música habían dejado de tocar sus instrumentos con la llegada del Supremo Señor del Sistema:

-En estas jornada se han reunido Asamblea y Consejo para asistir a la ceremonia de implantación del Señor Ra y del Señor Nebnefer -hizo una pausa barriendo el lugar con su mirada-. Es por ello, en el deseo general de que todo salga correctamente y en justicia para todos, que se solicita la presencia del Señor Ra.

Las puertas de la Sala del Trono se abrieron por última vez dejando pasar a una joven que mascullaba mientras el antiguo Supremo Seño del Sistema rodeaba su cuello:

-Esta me la pagas.

-No habría pasado si hubieras estado a la hora -respondió Ra rápidamente.

Ella puso los ojos en blanco e inquirió:

-¿Pero llegamos a tiempo no?

-Porque te motivé -sentenció el antiguo Supremo Señor del Sistema.

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