El Monte Ombligo CCCXII

Todo lo que somos y todo lo que buscamos ser está en nuestra familia.

-Eso es un punto positivo para mi, sin pruebas no hay crimen -bromeó con una amplia sonrisa antes de que su hija comentara:

-Jo… pues para mi se me hará largo -admitió con total sinceridad.

-Sin duda ha salido a su madre -comentó Ojitos divertido por el comentario de la niña recibiendo una mirada fulminante por parte de su madre.

-Ya… verás cómo llegará antes de que te des cuenta -la buscó animar por su parte Nebnefer.

Noa ahí asintió mirándolo para luego admitir ruborizada:

-Es que… tengo muchas ganas…

-Lo sabemos -comentó su nodriza con tranquilidad y cariño posando su mano sobre el hombro de la joven. Ella mejor que nadie sabía el profundo deseo de esta por poder tener una familia.

-Una semana no es nada -la animó su madre revoloteándole el pelo de forma cariñosa, un gesto que a Noa le encantaba.

La joven se rió sonrojada antes de buscar atusarse malamente el pelo que ella le había revuelto.

-Aguantaré -admitió la jovencita con una sonrisa. Jamás habría creído poder recuperar a su padre y ahora que tenía la opción a su alcance e incluso tras lo que habían pasado juntos… podría aguantar una semana para poder darle un gran abrazo, que es lo que siempre había deseado.


Los siguientes días transcurrieron de forma tranquila. Cuando Ángelo volvió con Adria de su viaje por los dominios se les dio la buena nueva, o mejor dicho, Noa se encargó de plantársela así bajaron de la nave.

Los dos se sorprendieron gratamente y Ángelo junto a Heka lo dispusieron todo para el momento. Era como el final de una era y el comienzo de otra mucho mejor y más próspera para todos. El que volvieran a estar juntos sólo implicaba una mejora en aquel cambio que jamás debió de detenerse.

Al final los actos de Kebechet sólo serán una mancha que con el tiempo se olvidará.

Y así fue como, antes de que todos se dieran cuenta, el momento llegó.

Kate se despertó como cada mañana pero esta notó como si una corriente recorriera su cuerpo poniendo todos sus pelos de punta:

-Hoy es el día… -murmuró para si mientras se ponía en pié.

Dejó que las jovencitas de su séquito la llevaran al baño y limpiaran su cuerpo con devoción mientras su mente estaba en otra parte, se sentía nerviosa por un lado y por el otro indecisa.

Quería recuperar aquello que una vez había tenido y no había valorado pero también temía el encuentro, el que Kebechet permaneciera entre ellos de alguna extraña forma…no era la primera vez que aparecía aún creyendo que no la verían.

“¿Podrá ser… igual?” se preguntó jugueteando con una burbuja que acabó explotando. Fue entonces cuando las jóvenes la invitaron a salir.

Kate se levantó y salió de la bañera para dejar que la secaran, escogió sus ropas entre varias que le mostraron , y una vez lista se dirigió hacia el comedor.

Sentía su alma dividida entre el deseo y la duda, sacó fuerzas de su interior y se dijo a si misma que el día había llegado y que los recuerdos de Kebechet no podían ganar la partida. Debían continuar y curar sus heridas.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCXII

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