El Monte Ombligo CCCXI

La risa es el más sencillo de los remedios que cura lo que no se ve.

Sonia tenía razón, ambos tendrían mucho que hacer y Nebnefer podía dar buena fe de eso. Sus pensamientos y sentimientos eran libros abiertos para él y muy ciego tendría que saber como para no saberlo.

Afortunadamente, pudo disimular su vergüenza mientras comía.

-A ti no se te hará largo -estimó Ra.

“Lo que no significa que vaya a ser lento” apuntó el antiguo Supremo Señor del Sistema relamiéndose mentalmente.

El joven se atragantó, lo cual hizo que Moros sonriera divertido mientras Sonia le preguntaba:

-¿Estás bien?

-Sí… sí… -se apresuró a contestar Nebnefer-. Se me fue… al otro lado.

Kate se rio divertida golpeando su espalda antes de decir jocosa:

-Con cuidado Neb.

-Lo… lo intento -reconoció el antiguo anfitrión.

Moros bromeó:

-Es un gran mérito dado lo difícil que te lo ponen.

Ra replicó firmemente:

-Yo ya pongo de mi parte.

“Podría ser mucho peor” pensó el antiguo Supremo Señor del Sistema. Sin embargo, en ese aspecto, tras tanto tiempo con Nebnefer, había aprendido a administrar lo que para otros no había forma de controlar.

-No lo dudamos -lo absolvió la nodriza.

-Sólo tendrás que saber cómo dosificarlo Ojitos -opinó jocosa.

El aludido replicó contundente:

-Aplícate el cuento.

Porque eso tenía más de un sentido. Hasta él sabía que podía referirse a todos ellos a la vez sin llegar a mencionarlos específicamente.

Kate se rió de buen humor:

-Nanai, tu eres peor.

Ra fingió morderla pero sin llegar a hacerle daño.

-¡Ey! ¡Mal bicho! -exclamó esta relajando el ambiente en el acto.

O al menos en el caso de Nebnefer fue más que evidente. Su nivel de rubor descendió y se le escapó la risa.

-Mi venganza será terrible -le amenazó Kate simulando estar molesta.

Ra ironizó:

-Tiemblo sólo de pensarlo.

-Pues deberías -terció ella.

El antiguo Supremo Señor del Sistema dijo socarrón:

-Sabes que en eso te gano Tau’ri irritante.

-Eh, no me provoques -contestó ella con socarronería.

Ra inquirió incrédulo e irónico al mismo tiempo:

-¿Y te crees capaz de impresionarme?

-Si no fuera así no estaríamos aquí… -intervino Nebnefer tímidamente.

Kate exclamó victoriosa:

-¡Ja!

-No me estaba refiriendo a eso en concreto -comentó Ra para nada molesto por el comentario de su mejor amigo, el cual estaba hecho con la mejor intención no contenía ninguna mentira.

Ella dijo riéndose entre dientes:

-Ya ya… ¿a qué entonces?

-A que me puedas impresionar de ahora en adelante -contestó él.

-Podría hacerlo, pero de hacerlo te daría un paro cardíaco -dijo Kate chistosa.

Ra se volvió hacia ella y se la quedó mirando en silencio. Uno que ella no aguantó por mucho rato pues preguntó:

-¿Qué?

-Que encima te lo crees -declaró él con sorna-. Y además tendré que estarte agradecido porque no quieres provocarme un infarto.

-No lo dudes -replicó ella manteniendo el tono chistoso- el día que te lo quiera provocar sé cómo hacerlo.

El antiguo Supremo Señor del Sistema le preguntó provocador:

-¿Seguro?

-No me tientes Ojitos -bromeó ella reaccionando a su pulla.

Él señaló divertido:

-Claro, cómo no lo estás deseando…

Kate le sacó la lengua antes de replicar:

-Ya sabes que picarte es mi mayor gusto.

Ra le corrigió:

-Causarme dolores de cabeza -hizo una pausa y luego apostilló-. En un reñido primer puerto ganado al de marmotear.

En ese punto la joven se rio de buena gana:

-Eres un exagerado.

-Realista -le rebatió el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Entonces el Alterano quiso saber con interés mirando a Nebnefer que se reía detrás de la mano que ocultaba su boca:

-¿Y para cuando va a ser la implantación?

-De… dentro de una semana -le informó el aludido.

Kate comentó:

-Todos estaremos a la espera.

-Esperemos que para entonces conserves los codos -dijo Ra a modo de chanza.

Ella contestó

-No te preocupes. Estaremos más que listos.

-Ah, me tranquiliza saber que vayas a perder sólo las mas mano -rio el antiguo Supremo Señor del Sistema.

-No te preocupes Ojitos, no perderemos nada -insistió ella.

Él planteó dejando caer como si nada:

-¿Y qué pasará cuando te quedes sin uñas que morder?

-Tendré dedos chupachup- bromeó la joven.

Ra concluyó juguetón:

-Adiós a las huellas dactilares delatoras.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCXI

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