El Monte Ombligo CCCIX

“No estés orgulloso de tu saber, toma consejo tanto del ignorante como del sabio. No se alcanzan los límites del arte y ningún artista posee la perfección total.”(Ptahhotep)

 

-¿Por qué será que me cuesta creerlo? -ironizó el antiguo Supremo Señor del Sistema mientras se ponían en marcha.

Ella le sacó la lengua y le planteó a su vez:

-¿Porque para ser un dios eres bastante incrédulo?

-Soy un dios bastante realista -apuntó Ra sin inmutarse-. Y conozco tu antecedentes.

Kate canturreó:

-No todos Ojitos, no todos.

-Pero sí los suficientes -terció el aludido-, como para predecir con cierta seguridad tus futuras tendencias.

Ella sonrió y exclamó jocosa:

-¡Ajá! ¡Ahí está el secreto del Oráculo!

-No es nada meritorio -repuso Ra tranquilamente-. Es cuestión de saber observar y comprender.

“Podría hacerlo cualquiera” medito el antiguo Supremo Señor del Sistema. Era algo muy sencillo, simplemente se recopilaba la mayor cantidad de datos, se analizaban y de ahí se sacaba una solución. Era la falta de datos lo que podía inducir a error y aunque nunca se lograba tener toda la información había que conseguir la mayor cantidad posible.

La joven comentó con despreocupación:

-Ahí está el margen de error de los Oráculos.

-¿No sabes lo que se solía decir? -le planteó Ra provocador-. Las profecías y respuestas de los Oráculos siempre se cumplían.

Ella alzó una ceja replicó escéptica:

-En algún momento tenían que fallar -hizo una pausa- Si no, ¿qué margen tenemos para modificar las cosas dichas de antemano?

Ra contestó:

-Solía ser cuestión de interpretación.

-O de manipulación -apuntó Kate riéndose entre dientes.

El antiguo Supremo Señor del Sistema reconoció:

-Siempre ha habido intereses… ¿por qué los Oráculos iban a ser la excepción?

Ella puso los ojos en blanco y planteó:

-¿La presunción de neutralidad?

-Más bien de la voluntad divina -contestó Ra-. Y hasta entre los dioses había intereses…

“Nunca fuimos excesivamente diferentes” meditó siendo franco consigo mismo. En lo que a indistintos y pulsiones se refería, se parecían mucho. Lo más seguro fuera que ellos se lo transfirieran a los Tau’ris… despertando en ellos tanto lo bueno como lo malo, lo cual a veces era muy difícil de combinar.

Dioses y Tau’ris compartían la ambición, los deseos de poder y riqueza. También tenían deseos de gozar de la vida y que ello no fuera amenazado por ningún otro. Ello había llevado a sangrientos conflictos pero también a alianzas que, precisamente para evitar perder lo que se tenía o conseguir más, se formaban para que entre dos o más partes se llegaran a mayores y mejores recompensas para todos que de forma individual nunca soñarían con alcanzar.

Se podría afirmar, incluso, que la generosidad había nacido en parte gracias a un egoísmo que había sabido ver más allá.

Kate rodó los ojos:

-No me digas.

-Esa es la base de la Historia Goa’uld: alianzas, guerras… -admitió Ra-. Hasta que todos los intereses confluyeron.

La joven replicó:

-Bueno, a vosotros os costó milenios lo que a nosotros nos puede costar siglos.

-Dada la edad media de cada raza… -pensó el antiguo Supremo Señor del Sistema- hasta parece lógico.

Ella agregó:

-Con la ventaja de que una vez descubrís el camino no os salís de él.

-En cambio vosotros os desviáis sólo por probar algo distinto -contestó Ra socarrón.

Kate chasqueó la lengua previamente a terciar:

-Somos unos culos inquietos que nos aburrimos.

Él le dio su propia interpretación:

-Es vuestra tendencia innata para buscar el modo de mejorar y recordar la diferencia entre ambas opciones.

La joven parpadeó un poco sorprendida. Luego quiso saber divertida:

-¿Es la interpretación del Oráculo?

-En exclusiva para ti y sin coste alguno -apuntó Ra chistoso.

Ella frunció el ceño y cuestionó:

-¿No irás a cobrar a la gente verdad?

-¡Por supuesto que no! -exclamó el antiguo Supremo Señor del Sistema ofendido.

No se le había pasado por la cabeza semejante aspecto. Tampoco se atrevería a hacerlo porque a su modo de ver sería él quien tendría que pagar a todo aquel que acudiera a pedirle ayuda o consejo… por el simple hecho de darle una ocupación.

Seguramente la gente se empeñaría en traer algún presente a modo de agradecimiento, unas ofrendas que para ellos suponía un gesto hacia quien les ayudaba en algo que ellos no podían arreglar por sí mismos. Lo más seguro era que podrían vivir de parte de ellas, para no vivir a costa de los recursos generales cuyo destino era precisamente el de dar una calidad de vida digna a aquellas personas.

-Porque creo recordar que antiguamente se cobraba -dijo Kate fingiendo hacer memoria.

Ra gruñó:

-Para obtener la interpretación de los sacerdotes del Oráculo que les beneficiara -hizo una pausa-. Estos eran los que interpretaban lo que decía la pitonisa y obviamente tenían intereses.

La joven contestó:

-Algo así.

-¿Te has estado informando sobre los Oráculos? -planteó el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Ella sonrió de forma misteriosa, seguidamente dijo pícara:

-Sí, para saber cómo sobornarte para que me hagas unas buenas predicciones…

Ra le siguió el juego haciendo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Nebnefer mientras este desviaba la mirada:

-Ah, no es cuestión de que lo descubras… es cuestión de que tu mente de memoria selectiva lo recuerde -hizo una pausa-. Y te daré un pista, soy muy exigente.

Por suerte para Nebnefer, ya estaban ante la puerta del comedor y pronto acabaron esos piques. Como tiempo atrás, todos los demás se habían adelantado y aguardaban ante las mesas repletas de deliciosa comida, en un acto de respeto y reconocimiento al antiguo Supremo Señor del Sistema.

Allí estaban Soni y Moros, además de Noa que corrió hacia su madre para abrazarla mientras fingía reñirles:

-¡Sois unos tardones!

-Bueno, ya sabes de quién es la culpa -comentó Ra haciendo amago de morder a Kate para diversión de la niña.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCIX

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