El Monte Ombligo CCCVI

El mayor proyecto que puede tener uno es la propia vida y encajar todo en ella es lo que motiva a las personas a seguir.

Los días comenzaron a transcurrir, ahora que acababan de salir del vórtice todos debían de encontrar el que sería su nuevo lugar. El fin de una era había tocado finalmente a su fin y ahora otra nueva comenzaba, incluyéndolos a todos ellos en el saco.

Noa seguía de vacaciones de verano por lo que, aparcando sus deseos de hacer mil cosas con su familia hasta que ellos tuvieran tiempo, se centró también en su nueva condición. Aquel era ahora su hogar y los niños y niñas que vivían en él sus posibles nuevos amigos. Tal y como era, tan extrovertida como su madre, no le costaría mucho encontrar rápidamente gente afín a ella y a eso había que sumarle sus dones.

Otra cosa que se sumó a sus tareas, ahora que no tenía que esconderlos le pidió a su nodriza que le enseñara todos ellos y como aprovecharlos en profundidad.

Por otro lado, a veces y siempre acompañada, hacía escapadas por el Stargate para ir a ver a las larvas.

Aún que quizás lo más importante era lo que hacía en “secreto” en su habitación, contactar con los amigos que había dejado atrás en la tierra siguiendo el consejo que su padre le había dado la vez que habían hablado de ello.

Por otro lado estaban Nebnefer y Ra. El primero buscando aplicar todo lo que le habían dicho empezó por informarse, le pidió acceso a la base de datos a Ángelo, el cual le contestó que él no tenía que pedirle permiso para ello y que podía hacerlo cuantas veces quisiera y necesitase. Nebnefer se centró en el trabajo de investigación aún que también este incluía el hecho de que si iba a usar la nave que le había regalado Ra para ese proyecto debería de acondicionarla.

El Antiguo Supremo Señor del Sistema por su lado fue informado de que ya tenía su lugar como Oráculo listo. Fue el propio Ángelo el que se lo mostró un día y le explicó que había seguido el modelo que usaban en la tierra los Abogados o los Notarios. Al pasar la puerta del Oráculo no había una habitación sino más bien sería una oficina con sala de espera, el despacho de Ra y hasta uno para una secretaria o secretario que podría organizarle todo el trabajo y ponerlo en sobre aviso sobre los temas que el cliente que entrara quisiera tratar.

La oficina estaba hecha por completo al gusto de Ra, su hijo se había encargado de que así fuera. Si iba a ser su zona de trabajo que menos que se sintiera cómodo o como en casa en ella. Por otro lado también era funcional y sobretodo cómoda para todo aquel que entrara a hacer cualquier consulta. Lo positivo de todo aquello era que todos conocían quien era Ra y no le irían con preguntas o problemas baladís por otro lado también tenía la parte positiva de que, como cualquier empresa, podía poner sus horarios, eso estaba muy bien porque así podía organizar todo mucho mejor para adaptarlo a su familia, la cual incluía desde su hija hasta Nebnefer pasando por Kate.

Ángelo una vez vio que todos estaban bien y las cosas iban como debían decidió hacer un viaje por sus dominios, era algo que había estado aplazando porque cosas más urgentes lo habían llevado a posponerlo pero ahora que ya estaba todo solucionado era hora de ver en persona como se encontraban los demás planetas. Adria decidió acompañarlo para ver más de nuestra galaxia, cosa que él aceptó encantado.

Moros por su parte tampoco podía tumbarse a la bartola ya que Kate, con el proyecto de la Phoenix le hacía cientos de consultas, aún que no era al único, a los ingenieros de los hangares, a Ojitos incluso. Ella como Neb, también estaba recogiendo toda la información posible, tal y como se lo había dicho a Ra en su momento esta nueva Phoenix sería totalmente diferente y tendría todo planeado antes de echarle el guante.

Pero no estaba las 24h con la nave, sino la gente no tendría tregua alguna, por eso, cuando dejaba su proyecto a un lado se iba de vez en cuando al banco que les habían puesto a Ojitos y a ella delante del lago y ahí dejaba su mente volar libreta y lápiz en mano.

A veces seguía pensando sobre la nave y otras veces sobre su vida a partir de ahora. A esto último le daba muchas vueltas últimamente, sobretodo a medida que todo iba normalizándose y las piezas empezaban a encajar cada una en su lugar como un buen engranaje.

La duda que más le asaltaba, sobretodo cuando se encontraba allí a solas consigo misma era el como iban a vivir o si estaba bien aquella forma de hacerlo. Estar en el palacio. Cuando era de Ra ella no tenía ninguna duda al respecto, era la casa de ellos pero ahora… la cosa cambiaba, ¿o no?

El palacio era lo suficientemente grande para todos y hasta se podrían habilitar alas de este para que se “separaran” por decirlo de algún modo las casas.

¿Quizás estaría mejor plantearse irse a vivir a una casa propia? O mejor dicho una mansión propia. Donde Ra tuviera su zona de trabajo, Nebnefer la suya y ella la otra pero a parte del palacio y de Ángelo.

Por otro lado también sería meter a Noa a otra mudanza cuando ella parece estar muy cómoda donde está. Junto a su nodriza, a su familia, a Moros y a Adria.

Kate suspiró levemente mientras seguía pintando en su libreta la fachada de una mansión imaginaria. Tal vez lo mejor era dejar las cosas como estaban, así estaban bien y a Ángelo no le molestaba nada tenerlos allí, ella lo sabía perfectamente. Puede que únicamente se pensara aquello por lo que estaba acostumbrada a ver en la Tierra, eso de que el hijo se va de casa, se busca un trabajo, una chica, una vida a parte de sus padres.

“Es que no podemos comparar esto con la forma de vivir que había en la Tierra” se dijo a si misma la joven.

Cerró el cuaderno y se acomodó en el banco disfrutando del calor que le proporcionaba el sol y de la brisa suave que soplaba. Aparcó todos aquellos pensamientos y sencillamente se detuvo a disfrutar del paisaje hasta que casi se le estaban cerrando los ojos cuando una voz la devolvió al mundo de los vivos:

-Hola Kate -pestañeó un par de veces despejándose y luego volvió la cabeza hacia un lado para que en su campo de visión aparecieran Neb y Ra- ¿puedo? -agregó señalando el sitio libre que había a su lado.

-Neb, la duda ofende -bromeó ella para luego darle un par de golpecitos con la mano sobre la madera del banco invitándole.

El joven anfitrión se sentó a su lado y tras un breve silencio le preguntó curioso:

-¿No estás cocida?

-Ya se cuál era ese olor, una marmota tostada al sol -lo secundó Ra con socarronería y ella le sacó la lengua antes de decirle a Neb:

-Que vaaa, estoy la mar de cómoda.

-Seguro que ya te ha dado una insolación -replicó Ra pero lo que le llamó la atención a Kate fue como Nebnefer se frotaba las manos como si se encontrara nervioso:

-¿Sucede algo Neb? -le preguntó intrigada, si fuera algo malo Ra no estaría de aquel humor.

-Bueno…. yo… nosotros… -tragó saliva- queríamos decirte que… ya tenemos fecha para la implantación.

Aquella revelación dejó muy sorprendida a la joven la cual tras el shock inicial sonrió ampliamente:

-¿Si? ¡Genial por vosotros Neb!

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCVI

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