El Monte Ombligo CCCV

Todo lo que lleves a cabo tiene su punto de partida: un folio en blanco donde lo más difícil es poner el primer punto.

Nebnefer asintió. Sabía que no le harían ningún reproche. Mas una pequeña y persistente parte de sí mismo, deseaba que se los hicieran… como señal de las expectativas puestas en él.

-Es una ocasión perfecta para crearlas -le dijo Sonia que seguía atentamente sus reflexiones-. Sorprende, inspira.

El joven preguntó sin terminar de entenderlo:

-¿Cómo?

-Con tus acciones -señaló la nodriza-, con tu propia vida.

Moros dijo jocoso:

-Eso es demasiado filosófico incluso viniendo de ti.

La aludida rodó los ojos y contestó:

-Quiero decir, que aquello que te propongas servirá para animar a otros a hacer lo que lo que hagas.

-Así se consigue la ayuda -afirmó Noa alegremente.

Ra miró atentamente a su mejor amigo. Adivinó que el temor de Nebnefer estaba en decepcionar, que no consiguiera lo que él había dado a entender que lo conseguiría.

Por ese motivo, le dijo directamente:

-Tu problema es que además te exiges mucho.

-Quiero hacer las cosas… bien -se defendió el antiguo anfitrión avergonzado.

Kate dijo con socarronería para quita hierro al asunto:

-Me pregunto de quién lo habrá aprendido.

Consiguió arrancarle una sonrisa al joven, quien se enjugó las lágrimas.  Ra hizo amago de morder a Kate aunque apenas llegó a rozarla, llevando a aquella a exclamar simultáneamente realizaba un aspaviento:

-¡Quita mal bicho!

Eso hizo que a Nebnefer se le escapara un pequeña risa.

-Es un… buen punto de partida -comentó la Orici.

Ángelo lo confirmó:

-Sí, lo es.

-Nadie ha dicho lo contrario -dijo Kate en un tono provocador que iba especialmente por el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Este si la mordió sin hacerle daño en la nueva ocasión con la consecuencia de que ella entrecerró los ojos:

-Encima que digo que es bueno…

-Lo has intentado arreglar -le rebatió Ra, luego volvió a poner toda su atención en Nebnefer-. Pero no me estaba refiriendo exactamente a eso.

 Noa inquirió:

-¿Qué quieres decir?

Su padre explicó:

-Exigirse implica una obligación, algo que empaña cualquier buena intención -hizo una pausa-. Tu problema Nebnefer, es que estás en ese punto… y es el que delata tu inseguridad por tu deseo de complacer a todo el mundo… salvo a ti mismo.

-Si los demás son felices… yo también lo soy -respondió su mejor amigo.

Ra suavizó el tono al captar que la sensibilidad de Nebnefer estaba a flor  de piel. Sabía exactamente lo que correspondía decir:

-Y Ángelo te acaba de decir que eso también se aplica en el sentido inverso.

El joven apretó los labios, sopesando sus palabras. Eso lo dejaba en una posición bastante diferente. Necesitaba cierto equilibrio, su propio lugar… como bien había dicho Kate. Una situación donde la felicidad de la familia se retroalimentara sobre la de todos sus miembros.

-Y la obligación, te las pongas tú o te la pongan otros… no ayuda a llegar a la felicidad -terminó diciendo Ra.

Adria reforzó sus palabras:

-Es verdad.

-¿Entonces… qué queda? -preguntó Nebnefer dubitativo.

Moros fue quien contestó:

-El reto, la simple voluntad por mejorar.

-Sentirte bien por el simple hecho de conseguir un objetivo, y alanzarlo por quererlo -insistió Sonia.

-Y disfrutar el camino, que suele ser lo más divertido -opinó Kate.

Ra se mostró de acuerdo:

-Ahí está la clave.

-Disfrutar haciendo lo que quiero -dijo Nebnefer.

El Supremo Señor del Sistema contestó

-Ya lo vas cogiendo.

-Es un buen principio -reconoció Ra-. Tendrás que continuar con el proceso.

-Un proyecto -opinó Angelo.

 Noa lo secundo sonriente:

 -¡Esos son los mejores!

El joven parpadeó antes de confesar:

-Pero el proyecto aún no está seguro.

-Nebnefer… -le dijo Ra en un tono de advertencia.

El antiguo anfitrión le dijo con sinceridad:

-Tú mismo me enseñaste que las cosas no empiezan así como así.

-Te equivocas -le rebatió el Lanteano-. Es así como empieza todo.

Nebnefer frunció el ceño, luego comentó:

-Pero hacen falta muchas cosas: tiempo, espacio, recursos, personas…

-¡Ah, pero es que ese ya es el segundo paso! -exclamó Moros que después se rio entre dientes.

Ra lo premió con una mirada fulminante. Entretanto Sonia, que entendía de qué hablaba, tomó la palabra:

-Porque ya diste el primero -sonrió comprensivo-. Y eso hace del proyecto algo seguro.

La niña le preguntó a su nodriza curiosa:

-¿Cuál es el primer paso Sonia?

-Descubrir un problema -dijo la aludida con amabilidad- y ser tú el que se propone solucionarlo.

-¿Así que el primer paso es encontrarte con un problema? -repitió Noa confundida, a continuación añadió curiosa- ¿No es saber qué hacer?

Su padre le dijo con lógica escogiendo con cuidado las palabras:

-Para saber qué hacer primero necesitas algo que te empuje a meditarlo -hizo una pausa-. Sin problema no se necesita solución.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCV

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