El Monte Ombligo CCCIII

Un regalo dice mucho de quien lo  da y quien lo recibe.

La distracción funcionó plenamente. Nebnefer no sospechaba nada y de hecho estaba más concentrado en las ocurrencias que salían a cada paso que en el misterio que le aguardaba metros más allá.

Dejó a un lado el hecho de que fuera una estrategia para que no pensara en otra cosa o viera algo en las mentes de los demás que a Ra no le interesara. La diversión lo capturó y cayó en la efectiva trampa.

Además, en lo que se refería a aquella sorpresa, sabía que no sería nada malo. Supondría todo lo contrario, pues su familia jamás haría nada que lo pudiera perjudicar. Y en el remoto caso de que se diera aquel caso, habría un motivo comprensible… tras el cual se hallaba un beneficio mayor.

A fin y al cabo, en eso no se diferenciaban de un médico. Incluso podía decirse, sin temor a caer en una equivocación, que ellos se ocupaban de aquellas heridas que no por invisibles eran menos graves. Porque eso era lo que él mismo había pretendido hacer con ellos desde el momento en que había decidido no caer al inútil abismo.

-Mente selectiva… -dijo Ra con ironía.

Ella le sacó la lengua nuevamente antes de replicar:

-Y a mucha honra.

Ciertamente eso no dejaba de tener sus ventajas. Escoger qué se quería recordar, llevaba a los buenos recuerdos a tener un mayor peso que los dolorosos. Así era cómo, sin olvidar las lecciones aprendidas, uno seguía adelante. La otra alternativa, era perderse para todo el mundo y para sí mismo.

-¿Y a ti qué castigo se te ocurre Nebnefer? -cuestionó Adria siguiendo la línea de los demás.

Este parpadeó y contestó con sinceridad:

-La verdad es que… no lo se.

-No me lo creo -dijo Moros riéndose entre dientes.

El joven se encogió de hombros mientras cogía un nuevo pasillo. ¿Estaban en la zona de los hangares? Pudo ver los cajones, abiertos y cerrados… algunos con herramientas y materiales típicamente usados en las naves.

Kate dijo divertida:

-Alguna cosilla habrá.

-Intenta asustarnos -lo incitó Sonia.

El joven lo pensó un momento. Después contestó reflexivo y cohibido al mismo tiempo:

-Puede que haya… alguna cosa.

-¿Cuál Neb? -quiso saber la niña curiosa.

Nebnefer respondió con una ligera sonrisa que no disimuló su ligera desazón:

-La Soledad.

-¿Cómo que la soledad? -preguntó la nodriza.

No fue casualidad que ese malestar remitiera y fuera sustituida por una alegre calma. Lo cual él agradeció con un imperceptible gesto antes de responder:

-Alejarlo de sus seres queridos y de todo los demás -hizo una pausa-. Hacerle sentir que no volverá a estar con ellos.

Su propia experiencia le había enseñado mucho. Mas también le había facilitado la capacidad de usarla a su favor para revertir la situación. Sí, cuando uno no tiene nada más que perder, entonces ya no tiene nada por lo que temer.

-Aunque eso también… le puede hacer más fuerte -afirmó Nebnefer con seguridad.

La niña dijo alegremente:

-Eso es lo que te pasó a tí.

El joven inclinó la cabeza afirmativamente.

-Bueno, yo creo que se puede sacar otro castigo de eso -valoró el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Kate contestó socarrona:

-Ya te salió la vena sádica -se rio-. Sólo a ti se te puede ocurrir algo peor.

“Ya lo comprobarás por ti misma” pensó Ra con picardía. No se detuvo demasiado en ello para no avergonzar a Nebnefer o azuzar curiosidades tempranas en el caso de su hija.

Acto seguido explicó:

-Yo le haría creer con total seguridad a esa persona que va a estar sola para siempre. Eso la macharía.

-Sin lugar a dudar -reconoció Ángelo.

Sonia opinó:

-Pero eso sería meterse en temas de psicología.

-La especialidad de Yata -declaró el Supremo Señor del Sistema.

“Ya no tanto” pensó su padre. Contaba con amplios conocimientos sobre la psicología Tau’ri, la cual le había llevado a saber cómo manipular antaño a estos y posteriormente supo cómo actuar para ayudarlos a prosperar… sin hacer ascosa algunas ventajas propias.

Sin embargo, aquellos quedaban un paso por debajo si se comparaban con las habilidades que tenían Moros, Sonia y Adria. Sus dones los llevaba a penetrar en los dos motores que movían a los Tau’ri y a otros tantos… el pensamiento y sentimiento, los cuales se unían compartiendo ubicación.

-Me parece que me superan -reconoció.

Sonia le respondió:

-Lo que has conseguido es encomiable.

-Siempre puedo mejorar -terció el antiguo Supremo Señor del Sistema, antes de sentenciar ante una puerta cerrada-. Y ya hemos llegado.

Ángelo preguntó con una sonrisa:

-¿Me concedéis los honores?

Ra no necesitó responder nada. Bastó únicamente un ligero gesto para pulsar los botones oportunos.

A continuación, la puerta se abrió y la gran estancia al otro lado se iluminó de forma automática. Era la hora de la verdad, la excitación se hizo palpable en el ambiente.

-Adelante -le invitó el antiguo Supremo Señor del Sistema a su mejor amigo.

El aludido sintió que su ib se aceleraba. Lentamente avanzó y fue el primero en entrar el lugar que alojaba una nave Ori. Sólo una nave que destacaba sobre más materiales y herramientas.

Adelantándose a cualquiera comentario, Ra le dijo con una despreocupación que no disimulaba su entusiasmo:

-Es toda tuya.

-¿La nave? -preguntó Nebnefer cuyo ib latía ahora más deprisa aun amenazando con abandonar su pecho- ¿Cómo…?

Sus dimensiones eran enormes. Y aunque le trajera malos recuerdos, no era menos cierto que había originado otros muchos mejores.

Su mejor amigo sabía lo que hacía al ofrecérsela. Sabía lo que significaba para él tener algo propio, algo que no fuera suyo a través de él. Ahí estaba el sentido de sus habitaciones privadas.

-Yo no sé… qué decir -dijo mientras las lágrimas asomaban a sus ojos-. Aunque seguro que Kate… le daría más uso que yo.

Kate replicó socarrona:

-Ya se encargó de mi.

-Pero entonces… ¿qué voy a hacer con ella? -inquirió Nebnefer. No quería que estuviera acumulando polvo.

El antiguo Supremo Señor del Sistema contestó:

-Se me ocurre más de una cosa -“como explorarla en profundidad y personalizarla creando un mayor espacio íntimo” pensó, lo cual emocionó aún más al joven-. Las podrías emplear en tu proyecto.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCCIII

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