El Monte Ombligo CCCI

El cariño no se compra, se siembra y se cosecha.

Era la primera vez que Nebnefer veía Iunu desde el punto en que el sueño se quebró. O, en todo caso, la primera ocasión en que la veía de ese modo… a través de sus ojos sin estar semiascendido.

Así, volvía caminar sobre el suelo de un lugar muy próximo a su propia esencia. La mayoría de los momentos más felices de su existencia, los había experimentado allí. Un santuario inesperado y más tarde imprescindible.

La esencia se mantenía en las construcciones más cercanas al Sebaw ny esbau. En todas ellas, restauradas o vueltas a construir tras la caída del monstruo, se veía la mano del antiguo Supremo Señor del Sistema. Pero también se percibía un toque diferente, procedente de su hijo, que ofrecía una nueva vista.

Sin embargo, lo mejor de todo era la gente. Antes siquiera de detenerse y volverse para aclamarlos con entusiasmo, se les veía sanos y sobre todo felices. De nuevo disponían de todo lo necesario para vivir: desde alimentos, pasando por lo vestidos, hasta un techo bajo el que vivir.

El joven podía notar su dicha. Esta tenía la peculiaridad de que era vivida por quienes lo habían perdido todo tras tenerlo. Por lo tanto, apreciaban aquellas condiciones de vida como un tesoro del que cuidar.

Muchos de ellos, no bien tuvieron auténticos motivos para la esperanza, se habían levantado contra la usurpadora. Se habían enfrentado a su despiadado sistema, sobre todo a sus Jaffás.

Agradecían a los dioses el haberlos ayudado a salvarse. De igual modo, estos también sabían que sin su implicación, la restauración habría sido mucho más dura.

Esa era la diferencia con respecto a los súbditos de los últimos dioses. Aquellos esclavos vivían entre la resignación y temor. Miedo porque conocían de sobra las maneras de quienes se proclamaban sus propietarios, resignación porque desconocían la existencia de alternativas… por ello les solía dar igual que un monstruo fuera sustituido por otro, que el trato apenas variaría.

-Wow, cuánta gente -dijo Noa mientras caminaban hacia Palacio. Los guardias creaban un pasillo para que la multitud no obstaculizase el avance del grupo.

Ra contestó:

-Y eso porque no sabían cuándo volvíamos.

-Déjame adivinar… de saberlo se darían codazos para estar en primera fila -vaticinó Moros divertido.

“Menos mal que no nos esperaban” pensó el joven agradecido. Para él habría sido muy vergonzoso. Aunque el notar sus sentimientos tan puros, lo estimulaba. Sólo por aquel momento, él volvería revivir todo lo que los había conducido hasta allí.

La niña deseó:

-Jo, me encantaría verlo.

-Seguramente lo harás -dijo Sonia.

Noa sonrió ampliamente, antes de preguntar:

-¿Y la fiestas?

“Me pregunto a quién habrá salido” pensó el antiguo Supremo Señor del Sistema para diversión de su mejor amigo que reprimió la risa con una mano. También le hizo gracia la mirada que le lanzó a Kate que le preguntó:

-¿Qué te pica a ti ahora?

-Me pregunto a quién habrá salido -ironizó Ra.

Ella se hizo la inocente:

-No tengo ni idea de qué hablas. Soy de lo más formal.

“Eso no se lo cree nadie” escuchó Nebnefer que pensaba Ángelo, quien mantenía su expresión formal.

-Y yo soy una marsopa -dijo Ra con socarronería.

Kate replicó dándole un golpecito en el hocico:

-Un cierto parecido ya tienes.

-Ya -contestó el antiguo Supremo Señor del Sistema previamente a hacer un amago de morderla-. Un gran parecido.

Ella se rio entre dientes:

-Sobre todo en lo adorable.

-¿Ese es tu intento de arreglarlo? -preguntó Ra- Lo puedes hacer mejor.

Kate le sacó la lengua, luego le dijo chistosa:

-Me pillas en horas bajas.

-Ya me encargaré de subírtelas -le retó el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Todos los presentes captaban o sentían a diferentes niveles el sentido de lo que hablaban. El joven era el que más plenamente lo percibía, lo cual se constataba a través del color rojo que tenía sus mejillas; inútilmente intentaba disimularlo mirando al frente. Sólo Noa parecía ajena al significado profundo y reía abiertamente por los piques que tenían ambos progenitores.

Finalmente, las puertas de Palacio se cerraron tras ellos. Allí, dentro un ambiente más familiar, sólo tuvieron que recibir los saludos de algunos de los servidores y guardias. Uno de estos últimos se acercó a Hekaneheh para darle un breve informe de la situación, que era del todo normal y satisfactoria.

Sin embargo, apenas habían llegado, Ra dejó el juego de provocaciones con Kate. En un cambio que quizá a la única que ni pillara por sorpresa fuera ella precisamente, le dijo a su mejor amigo:

-Quiero enseñarte algo.

El joven parpadeó y preguntó perplejo:

-¿A mí?

-Sí -le dijo Ra con tranquilidad-. Tienes que ir a dónde yo te diga.

Noa inquirió intrigada:

-¿Podemos ir?

El antiguo Supremo Señor del Sistema lo pensó durante unos segundos. Los suficientes para sopesar todos los aspecto con gran rapidez. Accedió a través de una condición en forma de seria amenaza.

-Pero como alguien adelante algo, lo despellejaré.

Nadie lo creía capaz de aquello. Pero todos se imaginaron el doloroso castigo, una imagen mental que al antiguo anfitrión le dio escalofríos.

-¿No podías escoger algo mejor Ojitos? -ironizó Kate.

Ra replicó:

-El empalamiento es la segunda opción -hizo una pausa-. Podéis imaginároslo.

Aquello cada vez intrigaba más a Nebnefer, que pronto entendió a qué se debía aquello. La mayor prueba fue que Ángelo respondió al juego con una medio sonrisa:

-Os creía un poco más original Yata.

-¿Te atreves a acusarme de poca originalidad? -fingió ofenderse su padre- ¿Acaso tú lo harías mejor?

Le estaban ocultando algo. Ra no quería que le estropearan la sorpresa a través de sus pensamientos o dones como el de la videncia. En el caso de Nebnefer, tenía que burlar tanto la telepatía como la videncia para mantener el efecto sorpresa.

-Por supuesto -dijo el Supremo Señor del Sistema mientras sus ojos brillantes.

Noa exclamó entusiasmada:

-¡Yo sé buenos castigos!

-Sorpréndenos -le invitó Ra antes de indicarle a Nebnefer-. Vamos a seguir este pasillo.

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