El Monte Ombligo CCXCVII

Su misma denominación lo dice, los presupuestos se construyen sobre lo que se supone… hay que aceptar los cambios que los pueden modificar.

No podía quemar etapas, ni adelantar acontecimientos. Era como construir la casa desde el tejado sin tener en cuenta las condiciones del terreno.

Por lo tanto, tenía que dejar que pasar el tiempo. Este decretaría los detalles que habría de tenerse de cuenta. Por lo tanto, era mejor dejarlo hacer y ver con qué cartas se quedaba.

-¿Con qué ideas juegas? -quiso saber Nirrti,

El joven negó con la cabeza antes de replicar:

-No… quiero decir nada hasta que tenga algo… claro.

-Eso habla muy bien de ti -aprobó Ajenatón.

De repente, la puerta se abrió y entró un guardia que los saludó con una reverencia. Nirrti lo reconoció al instante, pues sus ojos se iluminaron irritados.

Sabía que lo mandaba la Señora del Sistema a la que estaba asistiendo. Sin que le dijera nada sabía cuál era su mensaje. Estaba lista para partir a sus dominios y ponerse a trabajar.

Aunque sabía que tal era su compromiso y que cuanto antes se pusieran manos a la obra mejor sería para todos, le contrariaba que interrumpiera su conversación con Nebnefer. Sobre todo con él.

-Podría haber esperado -rezongó.

No, no podría. Nebnefer entendía que su discípula ardiera en deseos de comenzar su resarcimiento que duraría toda la eternidad. Si bien le halagaba que Nirrti lo pusiera a él como prioritario, entendía que había otras necesidades y otra gente que todavía sufría y que la necesitaba con urgencia.

El anfitrión del Señor del Sistema bromeó:

-Una alumna aplicada.

-Demasiado aplicada -respondió Nirrti irritada.

El joven se dirigió a ella rompiendo una lanza a favor de la discípula:

-Ella quiere… ponerse manos a la obra enseguida -sonrió-y cuenta con tu ayuda para empezar.

La Señora del Sistema contestó contundente:

-Le dejaré claro que debe esperar a que terminemos de hablar.

-No es necesario Nirrti -le dijo el antiguo anfitrión-. Hay muchas personas que necesitan ayuda… y ellas son lo primero.

La aludida frunció el ceño. El guardia empezaba a ponerse nervioso, no se esperaba aquella situación.

-No pasa nada… -dijo Nebenefer adelantándose a lo que ella fuera a decir-. Ve con ella… nos veremos otro día.

Porque eso ninguno de los dos lo ponían en duda. Las obligaciones y/o compromisos daban igual, allí estarían el uno por la otra y viceversa. Siempre habría o un hueco para encontrarse o lo crearían de uno u otro modo.

Ajenatón comentó:

-Es cuestión de concederle un poco de tiempo, lo aprenderá.

-Por la cuenta que le trae -dijo esta ya más serena por lo que había dicho el antiguo anfitrión.

Mientras ella se levantaba, este dijo sonriente:

-Sí… os convertís en amigas, también lo será mía.

Nirrti le devolvió la sonrisa antes de contestar siendo bastante realista:

-Para eso todavía falta mucho tiempo.

-Eso… lo tenemos de sobra -declaró Nebnefer.

Ella inclinó la cabeza afirmativamente previamente a mostrarse de acuerdo:

-Cierto -a continuación se dirigió a la puerta seguida por el guardia que se hizo a un lado cuando ella volvió la cabeza para decirle a Ajenatón-. Cuidádmelo.

Era más una petición que una orden. Y se dirigía tanto al anfitrión como al Señor del Sistema, una peculiaridad rara entre los Señores del Sistema que el joven presente hacía la realidad.

-Descuida.

Un asentimiento y la Señora del Sistema se marchó junto al guardia para reunirse con su discípula. Daría las instrucciones precisas y juntas se marcharían al planeta principal de su alumna.

En cuanto se quedaron solos, se hizo un cómodo silencio en la habitación que ninguno quiso romper hasta pasado un buen rato.

Fue Ajenatón quien le planteó con cuidado:

-¿Qué quieres hacer?

-Ya he dicho que… -comenzó a responder el antiguo anfitrión.

El anfitrión de Atón le dijo sin dejarle acabar:

-Hablo a muy corto plazo -le guiñó un ojo-. Lo otro sé que seré el primero en enterarme fuera de Iunu.

Nebnefer se sonrojó y contestó claramente:

-Quisiera… volver a casa.

Ajenatón lo observó con atención y ternura. Tenía muy presente la trascendencia de esas palabras. Significaban que el joven quería ir a su hogar para encontrar el lugar que le correspondería en el nuevo comienzo que él mismo había facilitado. Aquel era, probablemente, el momento más importante para él tras descender.

-Muy bien -dijo mientras se ponía en pie-. Pongámonos en marcha.

El joven parpadeó perplejo e inquirió:

-¿Pero… y el aprendiz de Atón?

-Está reunido con Kate -le dijo él tendiéndole la mano-. Así que vamos por el buen camino.

Él acepto su mano para ayudarse a levantarse. Una vez en pie, preguntó confundido:

-¿Por qué?

-Tenían cosas que hablar entre ellos -le respondió Ajenatón.

El antiguo anfitrión no tenía ni idea de qué tendrían que hablar. Tampoco quería saberlo y menos aún creía que fuera algo que le correspondiera a él. Kate era su amiga, su familia, pero tenía su vida particular… en la cual algunos terrenos eran privados de ella sin que por ello lo dejara de apreciar.

-Espero que no sea nada malo -deseó con sinceridad.

Ajenatón soltó su mano, luego le dijo:

-Ra está con él.

Nada podía pasar entonces. Y algo que fuera malo menos aún. Para Nebnefer suponía un consuelo esperanzador.

-Pero no podemos… interrumpirlos así como así -terció el joven.

“Ya quisiera Nirrti que la Señora del Sistema fuera igual que en él en ese aspecto” bromeó Atón. A su anfitrión le divirtió ese comentario que hizo que Nebnefer agachara la cabeza cohibido.

-Les agradará que les interrumpamos -anunció Ajenatón muy seguro-, aunque sea Kate la única que lo vaya a admitir.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCXCVII

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