El Monte Ombligo CCXCV

El diálogo es capaz de acabar con las guerras; hablar abre las puertas a ver a los demás.

Nebnefer los miró ambos mientras se mordía el labio inferior. Buscaban lo mejor para él y por eso no le gustaba la idea de contrariarlos o causarles un mínimo disgusto, claro que por otro la sinceridad era la clave en una auténtica amistad. Y lo que tenía con ellos la superaba con creces.

Ellos notaron enseguida su inquietud. Lo cual le recordó sus dones, que al usarlos con naturalidad apenas era consciente de ellos.

-No tienes que preocuparte por eso -le dijo Ajenatón con amabilidad refiriéndose concretamente al hecho.

El joven sonrió previamente a responder:

-No eres… el primero que me lo dice.

De hecho, se lo habían dado a entender otros tres: Kate, Ra y Ángelo.

-Y te lo diremos mucho -señaló el anfitrión del Señor del Sistema-. Forma parte de ti, como todos los demás dones, y por ello lo apreciamos.

Nirrti coincidió acompañándose de un leve gesto:

-Sólo tenemos que habituarnos.

“Y aprender mucho de esas habilidades” añadió ella mentalmente “como que pueden ser muy reveladoras”.

Nebnefer las podría considerar delatoras. Todas ellas, como había dicho Ajenatón, formaba parte de él. Por lo tanto estaban unidas a una personalidad que ahora se expresaba de unas formas que en cierto modo no controlaba.

No les sería difícil aprender a leer aquel lenguaje. Contando con otras tres personas que disponían de esas destrezas sobre las que tenían un mayor control, el campo de estudio era considerablemente amplio.

-Lo cual nos lleva a otra cuestión -afirmó Ajenatón reconduciendo la conversación.

Aunque ya sabía por dónde iba, el joven inquirió:

-¿Cuál?

El anfitrión fue directo al asunto, sin darle opción al desvío:

-¿Qué es lo que te preocupa?

-Es… complicado -se sinceró Nebnefer inquieto.

Ajenatón insistió intrigado:

-¿Por qué?

El antiguo anfitrión pensó durante unos segundos cómo decirlo sin que se pusieran nerviosos. No deseaba que se tomaran aquello a la tremenda, bastante difícil era como para complicarlo todavía más. Los conocía lo suficiente para conocer su primera reacción…  y quería pasar enseguida de ella.

Por todo ello, obró con especial cuidado a la hora de contestar:

-Por… por Ra.

Nirrti puso los ojos en blanco previamente a decir con una ironía divertida:

-Creo que él será el que menos problemas ponga.

-Y tanto él como nosotros nos encargaremos de quienes creen dificultades -prometió Ajenatón.

Sus palabras lo animaron a explicarse, al percibir nítidamente que no se lo estaban tomando por donde había temido.

-Yo sólo quisiera… hacer cosas…. compatibles con su papel como Oráculo -les informó quedamente.

La Señora del Sistema adoptó una actitud pensativa. Seguidamente inquirió muy intrigada:

-¿Por qué iban a no serlo? -hizo una pausa para después concretar-. Antaño también podías hacer lo que quisieras mientras regía en sus dominios.

El antiguo anfitrión asintió. Acto seguido comentó:

-Porque… quiero hacer cosas por los demás. No sólo para mí.

-Eso es lo que nos gusta de ti -le animó Ajenatón.

Nebnefer continuó:

-Busco… ayudar, que puedan contar conmigo en lo que proponga.

-Nadie va a dudar de ti -quiso tranquilizarlo Nirrti.

El joven argumentó:

-Yo quiero… estar ahí, hacerlo por mí mismo.

Fue entonces cuando ambos entendieron a qué se refería. Quería participar, ser un partícipe involucrado y activo. Nada de pasividad, o dedicarse al placer personal.

Nebnefer quería colaborar, seguir aportando su grano de arena. Había descubierto que se sentía mucho mejor cuando aquello que hiciera trajera algo de felicidad a otros.

¿Podría ser tachado de egoísta? Era posible, a fin y al cabo encontraba placer en el bienestar de los demás. Ese podía ser su pecado, junto al de que se entregaba completamente a ese objetivo.

-Lo que no quieres es delegar -interpretó Ajenatón acertando en lo que sentía-. Que otros no hagan lo que puedes hacer tú… porque el dios está ejerciendo de Oráculo.

El antiguo anfitrión se ruborizó y dijo vergonzoso:

-A… algo así.

-No es nada malo delegar -opinó Nirrti tranquilizadora-. Y eso no significa que estés menos vinculado.

El anfitrión de Atón añadió:

-Imagínate que les pasaría a los dioses si no confiaran en su súbditos para ayudarlos.

-No llegarían a hacer nada -terció la Señora del Sistema.

El joven empezó a objetar intranquilo:

-Pero las horas y el horario de Ra…

Ajenatón no lo dejó terminar:

-Llegaréis a un acuerdo.

“No me extrañaría que si la incompatibilidad fuera insalvable, fuera él quien renunciara” meditó el anfitrión de Atón.

-¡No! -protestó Nebnefer con una vehemencia que hizo sonreír a ambos- ¡No quiero eso! ¡Él será el Oráculo!

Nirrti le dijo muy convencida:

-Me parece que te estás complicando sin necesidad, las cosas son más sencillas.

Lo cual le llevó a la conclusión de que así era. Todo se aclararía a su debido tiempo… era como pretender poner el parche antes que la herida.

-Además piensa que delegando ayudarás a más gente -afirmó la Señora del Sistema.

El antiguo anfitrión le preguntó para asegurarse de que seguía su lógica:

-¿Por la cantidad de gente a la que llegar?

-Y esas personas que se sentirán bien con hacer algo que le gustará -confirmó Nirrti con un asentimiento.

Ajenatón le ofreció más argumentos que despejaban su confusión y su temor a que o bien fuera un estorbo o que al final nada pudiera hacer:

-Podéis hacer medio día una cosa y el resto de la jornada otra -lo pensó un momento-. Además como Oráculo no tendrá mucho trabajo al principio…

-¿Pero y cuando tenga más trabajo? -quiso saber el joven, luego justificó- No quiero que los consultantes tengan que esperar…

El anfitrión de Atón le interrumpió:

-Esperarán claro que sí, porque sabrán que el Oráculo no sólo aconseja… también actúa.

-Es una señal de coherencia -sentención la Señora del Sistema-. Porque ellos tendrán la seguridad de que él también trabaja junto a ti.

-Igual que tú trabajas junto a él -comentó Ajenatón.

Sus palabras supusieron un gran bálsamo. Era posible que tuviera algo que aportar sin dificultar la función de su mejor amigo… de hecho le dotaría de un mayor valor.

-Entonces… aún me queda por concretar -señaló Nebnefer en un tono de agradecimiento.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCXCV

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