El Monte Ombligo CCLXXXIII

Hay un momento en que es necesario ceder el paso a las nuevas generaciones.

-Que estuvieses dispuesto a escucharle y seguir su plan ya dice mucho sobre tu madurez -declaró la anfitriona de Egeria.

Samuel bromeó:

-Él consiguió ser más cabezón que yo.

-De casta le viene al galgo… -soltó Adad, el cual se ganó una mirada fulminante por parte del antiguo Supremo Señor del Sistema. Curiosamente, ahora le molestaba su forma actual, en la que no podía castigarlo como correspondía.

“Atrévete a repetirlo cuando me implante” pensó mientras le advertía:

-Con cuidado Adad.

Este se limitó a sacudir sus hombros.

-Hiciste mucho más en la sombra que lo que podrías haber hecho a plena vista -afirmó Ajenatón.

Kesava agregó:

-Más incluso que los otros dioses.

-Teníamos el modelo de la Tok’Ra como guía -comentó Lirali.

-Nosotros también -admitió Samuel antes de argumentar-. Nos guiamos de esos recuerdos y buscamos mantener a Noa protegida de su madre desde que descubrimos sus dones, era lo mínimo tras el sacrificio de sus padres, de los tres.

Ajenatón reconoció:

-Lo cual tiene su mérito.

-Y más teniendo en cuenta sus intenciones -afirmó la anfitriona de Nirrti.

El anfitrión de Yu opinó sin desmerecer los esfuerzos realizados:

-Y teniendo en cuenta que ella formaba parte del embuste… tampoco la miraba en exceso.

-No fuimos nosotros solos -admitió Samuel- sin Sonia, su nodriza, seguramente no podríamos haberla ayudado las 24 horas del día.

Aunque la aludida no estaba presente, Moros, que la conocía, indicó divertido:

-Siempre tuvo buena mano con la juventud -hizo una pausa-. Se le da muy bien preservarla.

-Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos -aseguró Ra.

Y no lo decía en vano. Porque de no ser por ella y Ángelo, los dones de la niña no habrían pasado desapercibidos. Kebechet los habría notado y se habría valido de ellos de un modo en los que Ra no quería ni pensar.

-¿Y si le ofrecierais un puesto como maestra? -planteó el Antiguo-. Para enseñar a las próximas generaciones.

-¿Para toda la galaxia? -preguntó alguien-. Eso es mucha gente para una sola persona por muy Antigua que sea.

-Tenéis un sistema educativo -replicó Moros con despreocupación- y también a gente que ella puede enseñar para que enseñen a su vez.

-Si ella quiere a mi me parece una gran idea -opinó Kate con una sonrisa antes de agregar pícara- con los cambios que se están dando nadie sabe a donde podrían llegar las cosas.

-Sobre todo procediendo de Tau’ri -apuntó el anfitrión de Atum.

Ajenatón repuso:

-Los Tau’ris son alumnos muy aventajados, se recuperarán antes de que nos demos cuenta.

-Con ellos nos ayudarán los del Comando -recordó el antiguo Supremo Señor del Sistema-. Entonces nuestra ayuda será más efectiva y podríamos hacerles propuestas concretas con respecto a su educación.

 -Uuuuh, para mí que eso es tema escabroso Ojitos, ¿no recuerdas cuando lo tocaste? -planteó Kate.

Eso lo llevó a recordar sus movimientos con la intención de ayudar a Tau’ri que no fueron bien recibidos al principio. Hacerse con el poder financiero le había dado acceso los mandos del planeta y la cosa habría ido bien de no ser…

La criminal. Se había aprovechado de ello, recordándole de la forma más dura que aquellos mandos se podían manejar en una u otra dirección. Él le había dado pleno poder a Tau’ri.

El poder absoluto en manos de una persona, era demasiado peligroso. Sin importar la intenciones que tuviera. La tentación y la corrupción siempre acababan por abrirse paso trayendo consigo lo que supuestamente se había querido evitar.

Jamás volvería hacerlo. Tampoco podría.

-Sí -acabó por admitir-. Olvidad lo que he dicho.

-No, no, no lo decía por eso, sin duda el comando los ayudará mucho, lo decía en el sentido de que para buscar cambiar su educación aún tendremos que ganárnoslos y que vean lo que somos de verdad -contestó Kate.

De pronto Ra sintió el peso de sus errores sobre sí con más fuerza que nunca. Daba igual cuál fuera su objetivo, el caso era que su camino no había sido el correcto. Muchos habían pagado por ello.

-Ra no es… -empezó a decir su mejor amigo siguiendo la línea de su pensamiento y sentimiento.

Sabiendo lo que iba a decir, él le dijo:

-Era mi responsabilidad.

-Pero aprendimos de ello -contestó Nebnefer.

Moros preguntó con desenfado:

-¿De qué servirían si no los errores?

-Están para darnos lecciones -apuntó Ajenatón.

Ra contestó cediendo:

-Que seguirán las siguientes generaciones.

Porque en lo que a él se refería, el sambenito que le había puesto ese monstruo en Tau’ri era muy difícil de quitar. O lo hacían ellos mismos, o aquello perviviría hasta el fin de los tiempos… sin que le dieran excesiva importancia.

Para sorpresa de la gran mayoría, Ángelo tomó el control, ello se notó porque sus ojos resplandecieron antes de decir con seguridad:

-Yata. Incluso los Tau’ris cometieron el error de creerla y eso no es cosa tuya, tú buscaste ayudarlos, no olvides esta última palabra, ellos ya estaban mal cuando llegaste, buscaste ayudarlos todo lo posible -hizo una pausa-. Los Tau’ris son así.

-Imprevisibles como ellos solos -comentó Ajenatón divertido.

La anfitriona de Egeria asintió previamente a sentenciar:

-Y capaces de grandes cosas.

-Sólo necesitan un poco más de tiempo para madurar -insistió el anfitrión de Atón.

Ra replicó:

-Os los dejo todos a vosotros, confío en vuestro criterio.

-Nada más lejos de la realidad Yata. ¿Quién sabe si el Comando no acabará preguntando al Oráculo? Es lo que tiene el futuro, cuenta con todas las puertas abiertas -dijo Ángelo.

Lo del Comando sí lo veía más factible.

-Mientras no cojan la costumbre de culpar al Oráculo por todos sus males… -ironizó el antiguo Supremo Señor del Sistema.

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