El Monte Ombligo CCLXXV

Grande o pequeño, si existes es porque tienes un lugar el mundo.

Sí, claro que dispondrían de tiempo. Lo que restaba por saber era cuánto, ya que él no deseaba que pareciera alguien que apenas hacía nada por el poco tiempo del que tendría para ello. Deseaba implicarse a fondo.

Al Oráculo del antiguo Supremo Señor del Sistema se le sumaban una apreciable cantidad de cosas no menos importante: tiempo para ellos, para la familia, etc.

Sin embargo, Nebnefer sabía que Ra buscaría el modo de que contara con el tiempo que precisara. En ese aspecto, era un buen malabarista con todas las tareas. A cada una le dedicaría la atención que esta requería.

-¿No están… jugando a las cartas? -preguntó el joven.

Su mejor amigo inquirió jocoso:

-¿Cuánto tiempo crees que seguirán cuando intuyen que hay algo más interesante cerca?

-Pero yo no… no soy tan importante -replicó Nebnefer avergonzado.

El antiguo Supremo Señor del Sistema le instó:

-No te infravalores -hizo una pausa-. Si no fuera por ti ninguno de nosotros estaríamos aquí.

No quería ni pensar cómo habría sido la situación si el joven se hubiera resignado a permanecer en prisión.

-No lo hago -comentó el joven-. Es que yo… sólo soy yo.

Kate bromeó:

-Ni más ni menos.

-Lo cual fue más que suficiente -sentenció Ra.

Porque a veces no era cuestión de poderío, sino de estar en el lugar y el momento oportuno. Un pequeño podía pasar más desapercibido que un grande y llevar a cabo pequeñas acciones que a la larga todo cambiarían.

Así lo veía el antiguo Supremo Señor del Sistema. Ningún Señor del Sistema, fuera de forma individual o en alianza con otros, habría podido enfrentarse a la criminal y perjudicarla de un modo que fuera letal para su régimen.

El joven se quedó sin saber qué decir. De volver al pasado, habría actuado del mismo modo. Era lo que pasaba cuando a uno no lo quedaba nada, que al no tener nada que perder, ni siquiera le quedaba el miedo.

Y no, en lo que a él respectaba, no iba a dejar que volviera a encontrarse en una situación así. Había salido de Göbekli Tepe en todos los sentidos, una prisión que jamás ocuparía nuevamente.

Antes de que se viera en la necesidad de hablar para hacer desaparecer el silencio, las puertas se abrieron para dejar pasar a Atón.

Los ojos del Señor del Sistema brillaron de satisfacción al reparar en el joven antes de dedicarles sendos saludos empezando por su padre. Este rezongó molesto por la interrupción:

-No sabes respetar la intimidad.

-Te recuerdo que estas son sus habitaciones -dijo Kate jocosa.

Ra replicó:

-Podía haber esperado.

-¿A que terminarais de conspirar? -planteó Atón divertido, en absoluto afectado por el tono de progenitor.

El antiguo Supremo Señor del Sistema repuso secamente:

-Los tiempos de conspiración hace tiempo llegaron a su fin.

-No estoy tan seguro -ironizó su hijo con su natural insolencia.

Kate se encogió de hombros previamente a comentar acompañándose de un pequeño gesto de su mano muy revelador:

-Sólo conspiramos un poquito.

-Eso está bien -dijo Atón divertido-. No hay que perder las buenas costumbres.

La joven cogió la broma al vuelo y dijo:

-Así mantenemos el músculo

-El ejercicio es esencial para mantenerse en forma -apuntó el Señor del Sistema.

Cansado de tantos rodeos, Ra inquirió con aspereza yendo directamente al grano:

-¿Qué haces aquí?

-Son sus habitaciones Ojitos -le dijo Kate rodando los ojos-. Seguro que ha venido a ver a Nebnefer.

El aludido inclinó la cabeza afirmativamente sin que el color rojo abandonara sus mejillas.

-También he venido huyendo del Consejo de Guerra.

-¿Consejo de Guerra? -preguntó Kate perpleja.

Atón replicó:

-Consejo de guerra que me iban a declarar si no soltaba prenda -hizo una prenda y apostilló divertido-. Sobre todo Nirrti.

Seguramente esta debía intuir algo. Algo que implicara a ellos dos, tenía muchas posibilidades de referirse al joven.

Ra exigió saber:

-¿Y qué has hecho?

-Lo que todo el mundo, inventarse un pretexto -resolvió el Señor del Sistema.

Su padre replicó en un gruñido:

-Y nadie te habrá creído -de poder hacerlo, habría fruncido el ceño-. Acabarán viniendo.

Atón contestó:

-De momento están bastante entretenido formulando hipótesis.

Lo cual no les llevaría demasiado tiempo.

-Entonces… habrá que ir -dijo Nebnefer en un tono que daba entender que no deseaba causar molestias o desavenencias entre los dioses.

Ra se apresuró a decir:

-No debes sentirte obligado.

Su mejor amigó negó con la cabeza, luego contestó:

-Yo… quiero ver a Nirrti -luego miró a Atón-. Pero antes me gustaría…

Este contestó sin que el joven terminara de hablar:

-Por supuesto, Ajenatón también está deseando hablar contigo.

Los ojos del Señor del Sistema resplandecieron antes de que cerrara los ojos. Cuando estos se abrieron, estuvo claro desde el primer momento quién tenía el control.

Ajenatón abrió los brazos en un ofrecimiento que no necesitaba traducción alguna. Nebnefer se acercó a él y se dejó envolver en un largo abrazo para el que Ra ajustó su posición para no ser aplastado.

-¿Queréis que os dejemos a solas un rato? -planteó Kate-. Seguro que tendréis mucho de lo que ha hablar.

Al joven le llevó un poco tiempo entender que el comentario iba directamente hacia él, no tanto hacia Ajenatón.

-No… no hace falta -respondió sin deshacer el abrazo-. Iremos… juntos.

Anterior

Anuncios

Un comentario en “El Monte Ombligo CCLXXV

  1. Pingback: El Monte Ombligo CCLXXVI | Anuska Martínez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s