El Monte Ombligo CCLXXIV

Lo bueno de las personas es que los puzzles lentamente pueden volver a recomponerse.

Kate apoyó las palabras de Ra porque ella también creía en que eran ciertas al decir:

-No dudo de que habrá mucha gente que se muestre voluntaria.

-Pero… -empezó Neb de forma dubitativa para luego morderse el labio inferior y quedarse en silencio.

-¿Pero? -lo animó a seguir Ra con delicadeza y queriendo que se abriera a ellos para poder ayudarlo.

-Y si… lo hacen por saber que soy…. -tragó saliva- tu anfitrión…

Fue en ese punto cuando Kate rompió a reír dejándolos anonadados a los dos y pensando seriamente si no habría perdido la cabeza.

-¿Estás de broma? -le preguntó ella de forma resuelta a Neb una vez se recuperó.

-¿Qué…? -empezó pero luego pudo ver lo que ella estaba pensando y el rubor tiñó sus mejillas.

Ahí intervino Ra mirándolo a uno y a otra intrigado para luego plantear  intrigado:

-¿Y bien?

-Pues básicamente es el hecho de que vuestro sistema de enseñanza ha dejado su marca. Es muy bueno -tras decir esto Kate señaló a Ra- no te subas a la parra eh -bromeó para luego continuar- pero le habéis inculcado a vuestros súbditos cosas que no se olvidan fácilmente, tales como las de querer a sus mascotas y tomarlas como una más de la familia -luego puso los brazos en jarra de una forma tan característica de ella en algunas ocasiones que divirtió tanto a anfitrión como a huésped- me parece sorprendente que creáis tan poco en vuestros sistemas.

-Espera un momento… -comenzó el Antiguo Supremo Señor del Sistema mosqueado por aquellas palabras pero ella hizo un aspaviento con una de sus manos socarrona antes de replicar:

-No, no, no -después miró a Neb con una amplia sonrisa-. Ellos te ayudarán por ser tú y por sus mascotas, fijo que más de uno habrá perdido a alguna. Además piensa que, a parte de los que puedan hacer las encuestas y la tecnología hay personas que siempre están a pie de calle y no dudo que se apunten.

-¿Quienes? -planteó con curiosidad el antiguo anfitrión.

En ese punto la sonrisa de Kate se acentuó a la vez que aseguraba:

-Los guardias.

-No es una mala idea -lo sopesó Ra antes de decirle irónico- aunque provenga de una Insolente Tau’ri.

A Kate le recorrió un escalofrío que no pudo ni quiso evitar, ya era la segunda vez que la llamaba así desde su vuelta. Cierto era que, cuando se habían comenzado a conocer que usara esos apelativos con ella la habían mosqueado pero al final, de la misma forma que él había aceptado que lo apodara Ojitos ella había hecho igual a la inversa.

Por eso el ver como él volvía a llamarla así la llenaba de júbilo, implicaba que había dado un nuevo paso hacia su “recuperación”, si se podía llamar de algún modo. De la misma forma que para ella había sido un gran paso el volver a llamarlo “Ojitos” .

Kate le sacó la lengua divertida antes de cogerle las manos a Neb de forma risueña:

-Tenemos tiempo para volver a este tema, creo que ahora deberías de disfrutar de los que te están esperando, incluso aquellos que no lo saben.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCLXXIV

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