El Monte Ombligo CCLXIX

Cuando no puedas con ello, no pierdas energía culpándote… inviértela en seguir con la lucha.

La pregunta lo pilló por sorpresa. No porque no la esperaba, que no era el caso; se debía a que se hubiera planteado de una forma tan directa y con una seriedad inusitada… sobre todo viniendo de Kate, pues de su mejor amigo era algo más habitual.

Percibía sus sentimientos, lo cual no estaba seguro de si era algo bueno o malo. La pregunta era importante y como tal debía ser tratada, sin cometer el error de subestimarla.

-Estoy… bien -contestó-. Contento de estar aquí.

Error. Una respuesta vaga.

Ra comentó:

-Nebnefer, no nos vamos a espantar ante la verdad -hizo una pausa-. Por lo tanto no tienes por qué esconderla.

El joven tragó saliva. Sabía que no se conformaría con cualquier cosa. Y tarde o temprano lo sabría por sus propios medios… ya que a él era incapaz de ocultarle nada, lo cual no dejaba de ser señal de la confianza de la confianza que tenía en su mejor amigo.

El antiguo anfitrión suspiró:

-Yo tuve… una lucha.

-¿Una lucha? -inquirió Ra- ¿contra quién?

Nebnefer respondió lo mejor que supo:

-Contra… mi oscuridad.

-¿Tu oscuridad? -le planteó Kate animándolo a seguir para poder entender a qué se refería.

¿Cómo explicarlo? O mejor aún… ¿cómo explicarlo sin que se preocuparan? Porque nada tenían que temer a un enemigo que aspiraba su último aliento.

El joven asintió previamente a decir:

-Una parte de mi… llena de odio destructivo… cargada de ciego rencor.

-Por todo lo sucedido -aventuró ella despacio.

Y llegó la sensación de culpabilidad de Ra, esa impotencia y frustración por no haberlo podido proteger. Nebnefer apretó los labios y luego dijo:

-No es… culpa de nadie.

-No estoy de acuerdo -rezongó su mejor amigo.

Él le dijo:

-Ella… creó el monstruo.

Aún sin mencionar el nombre, ambos comprendieron que hablaba sobre la criminal, enclaustrada para siempre.

-Era un monstruo en sí misma, qué se podía esperar… -suspiró Kate para luego volver a centrarse en Neb- ¿y qué pasó?

El antiguo anfitrión lo pensó durante un par de minutos, después comentó:

-Nos… reconciliaros.

Un verbo que descolocó a Ra, quien inquirió:

-¿Os reconciliasteis?

-Aceptamos lo perdido… como algo perteneciente a un pasado que no nos podían robar -trató de explicar Nebnefer-. Nos volvimos uno…

-No erais uno -comentó Kate intenta do entenderlo y luego pestañeó un par de veces- ¿como un duelo de personalidades?

El joven sonrió y replicó:

-Sí… eso se le acerca mucho.

-Si lo hubiéramos sabido… -empezó a decir el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Nebnefer amplió más aún su sonrisa, seguidamente le contestó:

-Lo habrías vencido… pero ni yo mismo sabía lo que iba a encontrar al regresar.

Era como volver de una guerra a casa. Uno se encontraba con las consecuencias de la guerra en el propio hogar. Por lo tanto debía aprender a convivir con ellas para poder seguir adelante. Marcaban unas reglas de juego que sólo siguiendo adelante se superaban.

-Adria y Noa… me ayudaron a encontrar mi Norte, lo cual me hizo más fuerte -apostilló pensativo.

A Kate le sorprendió gratamente el saber que Adria y Noa habían actuado ante aquella situación que no era poca cosa. Les dio las gracias mentalmente para luego preguntarle:

-¿Pero él es parte de ti,  no?  Digo, sigue ahí,  como el pasado.

-Desde luego -se lo confirmó el antiguo anfitrión.

Ra gruñó:

-Me ocuparé de él.

-Está bajo control -terció el joven-. No tienes que luchar contra él.

-Ojitos… -le dijo Kate que entendía el sentimiento de Ra pero también pensaba que no dejaba de ser cosa particular del antiguo anfitrión- si Neb te dice eso hazle caso.

Ra cedió un poco, pero sin estar del todo convencido:

-Sé bastante de psicología.

“Hay cosas que cuya mera existencia suponen un peligro potencial” pensaba el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Frente a eso, Nebnefer tenía muy presente que eliminar a uno de ambos suponía suprimir parte de la persona descompensando más aún su naturaleza. Dicho de otro modo, dejaría de ser él mismo.

-Podrás… comprobarlo… cuando te implantes -ofreció el joven tendiendo un camino intermedio en el cual podría haber un punto de entendimiento.

-Creo que es una buena idea y algo que tendréis que hablar entre los dos -valoró Kate.

El antiguo Supremo Señor del Sistema accedió:

-Me parece bien.

Lo cual satisfizo a Nebnefer, quien ofreció de nuevo su sonrisa. Se sabía comprendido y querido.

Kate se alegró por ambos para luego mirar al joven.

-Con respecto a hablar… -comenzó despacio para luego decirle- Neb… yo… quería pedirte perdón por todo lo que ha sucedido.

Este entendía muy bien lo que la impulsaba a disculparse. Era exactamente lo mismo que percibía de su mejo amigo. Por ello contestó con calma:

-No tienes nada… por lo que disculparte Kate, ni tampoco Ra -este lo miró un momento, pero no dijo nada, ya que aquel sentimiento todavía no se lo podía quitar de encima-. No es culpa vuestra.

-Dejamos que pasara -le rebatió el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Nebnefer repuso:

-No pudisteis hacer otra cosa.

-Nebnefer… -empezó su mejor amigo a mostrar su disconformidad.

El joven insistió:

-A mis ojos… sólo hay dos culpables.

-¿Cómo dos? -quiso saber Ra.

El antiguo anfitrión inclinó la cabeza afirmativamente, acto seguido respondió con firmeza:

-Los únicos culpables de todo fueron Anubis y Kebechet.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCLXIX

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