El Monte Ombligo CCLXVII

Aquellos tiempos trajeron estos, de aquellos polvos vienen estos lodos.

-Yo no… no quería molestar -contestó Nebnefer tímidamente.

No atinaba a hallar palabras que describieran lo que aquel momento significaba para él y la gran cantidad de poderosas emociones que lo abarcaban todo. La felicidad debía ser muy parecida a eso.

Volver a sentir a su mejo amigo ya suponía un milagro para él. No era como si estuviera implantado pero se le acercaba mucho. Y aquel abrazo… tanto tiempo esperado durante el cual lo creyó perdido… y allí estaba, sólido y perceptible.

Ra gruñó sin resistirse a las emociones que inundaban la estancias.

-No digas tonterías.

Era él sin duda. No había perdido ni un ápice de su timidez y su humildad. El joven que jamás había querido destacar pero que al final los había salvado a todos del peor de los infiernos.

-Quería daros una sorpresa -dijo la Orici con suavidad.

Y tanto que se la había dado. Esa era la mejor de todas.

-Era algo que esperábamos -admitió el antiguo Supremo Señor del Sistema-, pero no sabíamos cuándo iba a ocurrir.

Claro que siempre habían temido que ese momento jamás se produjese. Que aquel daño cerebral fuera tan grave que no hubiera forma de sanarlo.

Pero nunca se habían detenido en esa posibilidad. Igual que tampoco se habían resignado a un hipotético día en que Nebnefer tuviera que dejarlos.

-Y además tu nunca molestarías Neb -le comentó Kate separándose un poco para mirarlo con una sonrisa.

El joven se ruborizó como era habitual en él y contestó:

-Estabais muy entretenidos…

-¿Con la Política Internacional? -ironizó el antiguo Supremo Señor del Sistema-. Esa siempre puede esperar.

-Sí, además se puede jugar en otro momento, que tú hayas vuelto solo es una vez -dijo Kate.

Nebnefer prometió sinceramente, sabiendo a la perfección lo que su estado había supuesto:

-No… no volveré a irme.

Él notó muy bien la mezcla de alegría y alivio que sus palabras generaron en la joven que le diría con sinceridad:

-Gracias Neb.

-Ya nos encargaremos de evitarlo -dijo la niña refiriéndose a todos en general. Pero también pensaba específicamente en quienes contaban con aquellos dones.

El antiguo anfitrión asintió dando a entender que captaba el significado de sus palabras previamente a decir:

-Estoy… curado del todo.

-¿Qué quieres decir Nebnefer? -preguntó Ra en un deje de extrañeza.

Este se explicó:

-No… no tengo daños en el cerebro -hizo una pausa-. Puedes… implantarte cuando quieras.

Tras una sorpresa inicial ante aquella declaración, el antiguo Supremo Señor del Sistema comprendió los motivos por los que se lo decía. Buscaba cumplir su deseo, para que no tuviera ningún límite dentro de sus proyectos.

-No hay ninguna prisa -contestó con calma-. Además, no me perdonarían que lo hiciera sin que ellos hubieran tenido su tiempo contigo.

-Creo que más de uno te querría robar -bromeó Kate de buen humor.

Nebnefer se avergonzó más todavía y contestó:

-No… no es para tanto.

-Gastarías energías en vano intentando convencerlos -sentenció su mejor amigo.

Además, seguro que Atóm se cobraría el uso que estaban haciendo de sus habitaciones. Nirrti y él eran los candidatos más probables que serían los primeros en reclamar su presencia y su tiempo.

-Sobre todo con Nirrti creo yo, ella no tiene videncia -comentó Kate pensándolo.

Ra se mostró de acuerdo:

-Si no mata a Atón es porque entenderá que era con nosotros con quienes primero querías estar.

-Yo… por eso vinimos aquí -confesó el joven-. Pensamos… que él lo entendería.

Kate terció divertido:

-Perfectamente,  aunque Ojitos casi también le salta al cuello.

Ra gruñó en su defensa:

-Puede llegar a ser muy desquiciante, además se lo estaba pasando en grande.

La joven dijo sonriendo:

-De tal palo…

Dejó la frase en el aire. Pero todo el mundo comprendió lo que pretendía decir, incluso a Nebnefer se le escapó una sonrisa.

-¡Yo no soy así! -protestó el antiguo Supremo Señor del Sistema.

-Todos somos así Ojitos, al menos en lo referente a dar sorpresas agradables, a todos nos gusta -dijo Kate apaciguadora.

Consiguió que de ese modo Ra se tranquilizase un poco. Lo suficiente para ver las cosas desde otra perspectiva. Por ello dijo pensativo:

-De otro modo todos lo habrían sabido en el momento.

-No me gustaría estar en su piel ahora mismo -terció Kate riéndose entre dientes.

El antiguo Supremo Señor del Sistema replicó con sorna:

-No le envidio nada.

Los demás Señores del Sistema buscarían sonsacarle información. Por muy acostumbrados que estuvieran a los secretos y a la ocultación de la información, no sería agradable la presión que Atón sentiría por quienes querían saber qué se les estaba escondiendo.

-Ojalá todos los sufrimientos fueran así -dijo la joven divertida.

El antiguo Supremo Señor del Sistema replicó socarrón:

-Ya me habría gustado verte en las antiguas Asambleas.

Ella le sacó la lengua:

-Estuve en el Consejo.

-Eso no fue nada comparada con la antigua Asamblea -comentó Ra-. Demasiados dioses juntos con unos egos bastante grandes.

Prueba de ello era lo mucho que costaba que se reunieran todos los Señores del Sistema en un mismo espacio. Entre otras cosas, por el propio sistema de alianzas y enemigos en los cuales los intereses particulares pesaban considerablemente. Una Asamblea significaba una tregua forzada que podía no apetecer a todos pero sí interesar a quienes querían comprobar su lugar dentro de la jerarquía… una especie de pulso, que podía implica la eliminación de un rival dentro de la propia Asamblea.

-Por suerte… -dijo Nebnefer, aunque sabía que se había debido a muchas cosas más-, esos tiempos ya pasaron.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCLXVII

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