El Monte Ombligo CCLXIII

Las posibilidades dependen en gran medida de la percepción que tengas del mundo. Y la percepción nace de tu actitud hacia él.

-Siempre hay perdedores -repuso la parte oscura-. No seré yo.

En cada acto, como en las apuestas, siempre había un margen de pérdidas. Si no perdía uno, perdía el otro. Mas a nivel general la historia se diferenciaba, pues no era exactamente una pérdida.

Era un sacrificio. Algo a lo que voluntariamente se renunciaba para conseguir algo mejor para todos. A veces aquello sacrificado volvía en forma de recompensa.

-Todos perdemos -declaró el joven-. Y todos ganamos.

-Es una contradicción -le espetó el monstruo.

El antiguo anfitrión sonrió antes de responder:

-Somos contradictorios.

-Tú eres masoquista -le acusó su interlocutor.

El joven admitió:

-Puede que lo sea.

Sí, con todo lo que había padecido, aceptar un poco más de sufrimiento no era nada en comparación con lo que conseguiría la galaxia evitando males mayores. Si eso era masoquismo, él era el mayor masoquista de la galaxia.

-No cuentes conmigo -se resistió todavía su parte oscura. Pero ya no era tan fuerte, los colores hablaban por sí mismos.

El antiguos anfitrión declaró:

-No recuperaremos nuestro lugar quitándoles los suyos a los demás -hizo una pausa-. Debemos construirlo… como todos los demás.

Adria afirmó amablemente:

-No recuperarás el mundo que añoras destruyendo el que existe.

-No se puede recuperar -rezongó el aludido.

La Orici prosiguió:

-Pero puedes ayudar a crear uno nuevo y decidir cuál es tu lugar.

-Todos tenemos que hacer eso -señaló la niña.

El monstruo les rebatió:

-Pero vosotros podréis hacerlo, ya tenéis vuestro rol.

-¿Acaso no lo tienes tú? -planteó Noa.

Él gruñó irritado:

-¿Acaso no lo veis? ¿Qué pasará tras la implantación?

-Si Ra nos concedió tiempo para nosotros antaño…. -dijo la parte luminoso- ¿Por qué no lo iba a hacer ahora?

Un parpadeo en los colores probó que aquella era una pregunta era clave. Algo que estaba profundamente enraizado, pues estaban formulando su preocupación en una galaxia que se había transformado en su totalidad.

Ra ya no era Supremo Señor del Sistema. Pasaría a ser un Oráculo dedicado en exclusiva a atender las tribulaciones de los súbditos que se le acercaran desde cualquiera de los dominios de los Señores del Sistema. Una tarea bastante absorbente que necesitaría de mucho tiempo… teniendo el resto para dedicárselo a su familia.

-¿Porque ya no puede? -le dijo entrecerrando los ojos con evidente intención su parte oscura-. Él ya no es el que toma las decisiones.

-El que no sea Supremo Señor del Sistema no le quita capacidad -le rebatió Nebnefer con seguridad.

Adria añadió:

-Es otro camino.

-Que no sabemos a dónde conduce -replicó el monstruo.

A lo que Noa contestó:

-¡Eso es lo bueno!

-Es una construcción de la que formaremos parte -comentó el joven.

Su rival aún le discutió:

-Seremos la peor parte.

-Nosotros elegiremos si es la mejor o la peor -determinó la parte luminosa.

Unas palabras que llamaron la atención del otro. Alzó ambas ceja y preguntó escéptico:

-¿A qué viene eso?

-Que eso depende, como todo, de nuestra percepción -dijo el antiguo anfitrión-. Puede ser el peor lugar o el mejor… según como decidamos.

Por primera vez, cosa bastante sorprendente, su interlocutor se quedó sin palabras que decir. No hubo ninguna discusión, ni una excusa.

Las miradas de ambos se cruzaron mientras la oscuridad reinaba únicamente en unos pocos reductos. Los objetos, destrozados, había recuperado casi todos sus colores y la luz de la estancia señoreaba sin apenas rival.

-¿Qué decides entonces? -cuestionó Nebnefer.

Su parte oscura contestó con fiereza:

-Lo quiero todo.

El antiguo anfitrión le dijo tranquilamente:

-Entonces ya lo sabes.

Sólo había una senda. Era la única para ambos.

Surgieron unos segundos de silencio durante los cuales ambas partes se miraron a los ojos sosteniéndose la mirada. Entretanto la oscuridad se redujo a la parte que le correspondía, a la de la sombra a consecuencia de la luz.

Luego ambas partes del antiguos anfitriones se fundieron conformando una totalidad. Para lo cual la oscuridad se deshizo en unos hilos negros que rodearon a la otra parte hasta penetrar en ella para componer la unidad que era en realidad.

Eso reforzó a Nebnefer, quien aun cansado tuvo palabras de agradecimiento para Adria y Noa:

-Sin… sin vosotras no lo habría hecho, gracias.

La niña respondió algo vergonzosa:

-No… no hay de qué.

-Hicisteis lo mismo por mi -dijo Adria sonriendo-, o algo muy parecido.

El joven le devolvió la sonrisa antes de preguntar:

-¿Lo sabe alguien más?

-Bueno…. -respondió la Orici-. ¿Aparte de Moros y Sonia?

Eso no lo sorprendió. Ambos podrían estar al tanto de lo que iba a suceder. Pero haciendo gala de la confianza que tenían en ellos, no habían actuado en ningún sentido.

Quizá ellos consideraron que eso era lo mejor. Aunque Nebnefer no dudaba de que hubieran intervenido si las cosas se hubieran torcido en algún momento.

-¡No se lo diremos a nadie! -aseguró Noa.

El antiguo anfitrión apreció los esfuerzos de la niña. Mas eso no borró la vergüenza que sintió ante la obvia verdad:

-Al final se enterarán.

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