El Monte Ombligo CCXL

Hay veces que especular no es suficiente, hay que actuar o guiar a otros para que lo hagan.

-Contarán con ellos -le aseguró Ángelo a Egería. Sabía que ese era un pilar para las larvas y no se le negaría tal cosa. Al contrario, con los juguetes aprenderían mucho más de lo que cualquiera se pudiera imaginar.

-En verdad creo que estaría bien que todos aportásemos algo -comentó mirándolos a todos aún que sus palabras fueran dirigidas hacia aquellos que acababan de pasar la simbiosis.

El Supremo Señor del Sistema no dudaba en el hecho de que buscarles unos juguetes apropiados a las jóvenes larvas los ayudaría a dar un paso hacia el cambio que querían ver en ellos.

-¿Qué quieres decir? -inquirió Atum, seguramente en nombre de todos los demás.

Ángelo sacudió los hombros para luego comentar con tranquilidad:

-Básicamente que les busquéis juguetes aptos.

-Juguetes aptos repitió Atum extrañado.

-Juguetes inofensivos que lleven a la sociabilización y diversión de las larvas -le explicó Egería.

– Lo intentaré -contestó el Señor del Sistema.

-Sin duda las Reinas serán un buen filtro en caso de que no hayas dado con el adecuado – comentó Ángelo con una media sonrisa.

Atum frunció levemente el ceño para luego replicar:

-Es bueno saberlo.

-Quizás te sería más sencillo si pasaras un rato con ellas -le recomendó el Supremo Señor del Sistema de manera amable.

-Lo consideraré -respondió Atum aún que Ángelo no lo veía muy convencido al respecto.

“Me gustaría verlo interactuar con las larvas ” se dijo a si mismo de forma divertida.

“Una estampa digna de ver ” bromeó en su mente Samuel de manera jocosa.

-Bien – comentó Ángelo dando ese tema por zanjado para luego mirar a su padre y plantearle – ¿ Algo más? –

-Tenemos que iniciarnos en la producción de ciertos dulces Tau’ris, para lo cual necesitamos conocer cómo se preparan -contestó Ra.

Ángelo parpadeó un par de veces antes de plantear intentando sonar lo más neutral posible aún que eso lo había sorprendido:

-¿Dulces Tau’ris?

-Culpa de tu madre. Les habló a las reinas de los lacasitos y los conguitos.

Ángelo pudo escuchar como de pronto su anfitrión se desternillaba de la risa ante aquel comentario a la vez que él ponía cara de circunstancia, ya que había probado innumerables veces esos dulces.

-Si, sin duda tiene toda la culpa -comentó con un deje de diversión Ángelo.

-Pero que…¡Ey! ¡No el des la razón aún por encima! -replicó Kate para luego mirar mal a Ra- lo has sobornado.

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