El Monte Ombligo CCXXXVIII

No hay nada como tener varias opciones para escoger.

“Pss… mira que decir que son lo mismo… es como si dices que el Colacao y el Nesquik son lo mismo o la Nocilla y la Nutella… vaya… cuantas cosas tienen competencia ahora que lo pienso” valoró Kate mentalmente y fue en ese punto cuando Neb parpadeó varias veces como si se estuviera riendo.

-¿Nebnefer? -le preguntó Ra extrañado al ver su comportamiento y su luz se atenuó vergonzosa para que luego alzase el vuelo y se posara sobre el hombro de Kate como en una confirmación para ella de que le había hecho gracia su pensamiento.

-Se estaba riendo con algo que pensé -comentó la joven levantando la mano con gesto inocente.

-A saber que estarías pensando -replicó Ra el cual de haber podido habría puesto los ojos en blanco.

Kate le sacó la lengua antes de valorar:

-Si bueno, ahora que lo dices quizás sea mejor no pedírselo a ellos, al fin y al cabo ya van a tener trabajo con los nuevos líderes como para darles motivos, aún que sean injustificados, para que desconfíen más.

-Últimamente estás teniendo demasiados pensamientos sensatos, me voy a empezar a preocupar -comentó jocoso el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Kate abrió la boca para responder a su pulla pero antes de que pudiera hacerlo la voz de Noa se escuchó desde la entrada:

-¡Ah! ¡Aquí estáis! Lleváis toda la mañana desaparecidos –

La niña sonrió para luego caminar hacia ellos, la acompañaba Sonia a la cual le pareció divertido el comentario pero le dijo a Noa:

-No les hables así jovencita, estarían ocupados.

“¿Toda la mañana?” se preguntó Kate anonadada y buscó en balde una referencia por la habitación que pudiera indicarle qué hora era.

-Ya casi es la hora de comer Ma -le dijo Noa leyendo sus pensamientos.

“Vaya que si nos hemos enfrascado en la conversación” pensó Kate para si a la vez que se rascaba la nuca.

-Bueno, perdernos la hora de comer es casi un imposible -comentó de buen humor.

Aún que perdieran la noción del tiempo siempre habría alguien que les recordara el almuerzo o la cena, sin avisar no se quedarían. Y en aquel caso era Noa quien se lo recordaba.

-Así ya le comentamos a Ángelo todo lo que hemos tratado -opinó la joven a la vez que Noa llegaba hasta ella y la abrazaba para luego hacerle una cariñosa caricia a su padre a modo de saludo.

A Kate le seguía sorprendiendo gratamente aquellos gestos de cariño por parte de su hija, sabía que estos irían desapareciendo con el tiempo, como les había pasado a todos, por eso mismo los valoraba tanto, porque no iba a tener tanto tiempo como el que podía tener una “madre normal” y si a ellas ya les volaba el tiempo ni que decir a Kate.

-Que no son pocas -opinó Egería medio divertida.

Nos pusimos todos en camino hacia el comedor y en un momento en el cual me quedé un poco rezagada del grueso del grupo que ya estaba entrando y tomando asiento le hice una suave caricia a Ra para comentarle en un susurro:

-Luego recuérdame que tenemos que hablar de algo.

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