El Monte Ombligo CCXXXII

Mirar al pasado y ver todo lo que han mejorado las cosas, esa es la mayor satisfacción que puede tener uno.

-Y cambiar… -comentó Kate pensativa, la verdad es que nunca se había parado a pensar en todo lo que había hecho Atón en su momento pero si ahora lo veías con perspectiva era impresionante.

Que Ra no se enterase, vencer a su hermano, cambiar él mismo, conseguir a un aliado en su nueva forma de ver las cosas.

“En verdad… hasta que Ra cambió y sin tomar en cuenta a los miembros de la Tok’Ra, creo que es el primero que hizo una alianza con Goa’ulds que pasaron la simbiosis ¿no?” se planteó mentalmente Kate.

-Es una pasada lo que hiciste Atón – admitió en voz alta y con un deje de admiración.

-Gracias – le respondió él con sinceridad y sonriéndole.

Ahí Kate cayó en la cuenta de que se habían desviado bastante del tema, cosa nada sorprendente ya que ni se acordaba ya de con qué conversación habían comenzado para llegar hasta allí.

“Somos un caso… nos dispersamos más que las hormigas con agua” se permitió bromear para luego intentar redirigir un poco la conversación:

-¿Y tu anfitrión sigue haciendo la comida?

Porque claro, todos los motivos que le había expuesto sobre por qué la hacía, junto a Atón estaban resueltos. Nadie buscaba envenenarlos, también sería una tontería porque los Goa’ulds podían curar cualquier tipo de veneno, claro está si este no iba dirigido directamente al Goa’uld.

Y lo de pasar un mal rato, salvo momentos muy puntuales, también había desaparecido.

-Si, cuando toma el control y pasa un rato con su familia -reconoció él para luego agregar con un deje divertido- Aún que en los últimos años lo ha hecho más a menudo.

-¿Y eso por qué? -le planteó curiosa tanto por el comentario como por la forma de decirlo.

-Digamos que tiene un pinche muy curioso y con ganas de aprender -Kate pestañeó un par de veces sin seguirlo y él aclaró- Newet.

Ahí la comprensión iluminó sus ojos y la joven se echó a reír.

-¿Le gusta cocinar?

-Le gusta cocinar con su padre -aclaró el Señor del Sistema recalcando la última palabra.

-Entiendo -comentó Kate jocosa y a su mente vino la imagen de Akh, Tut, Newet y Susana en las cocinas de su palacio, los cuatro disfrutando en familia de un momento para ellos mientras el primero le explicaba de forma paciente a su hija cual era la forma correcta de cortar algo, como saber cuando otra cosa ya estaba lista, etc.

Ahí ella sintió una punzada de envidia sana, pero se alegró por ellos, por haber tenido esos momentos como una familia “normal”. Era curioso el pensar en aquello, que lo extraordinario para unos fuera aburrido para la mayoría de los Tau’ris. Estos soñaban con poder tener lo que ellos tenían y los propios Goa’ulds, o sus anfitriones, buscaban momentos para hacer lo que los Tau’ris aborrecían de su cotidiana vida

“Muy irónico”

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCXXXII

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