El Monte Ombligo CCXXII

Las deudas que se saldan con el corazón son las más difíciles de llevar a cabo.

Las reinas, como lo habían hecho horas antes los miembros de la Asamblea no tuvieron más remedio que ceder ante la certeza de que el cambio no tenía manera de deshacerse y que lo mejor era adaptarse y aceptar los consejos de aquellos que en ese campo sabían más que ellas. Por ello escogieron a sus mentores, no sin reticencia, y los escucharon.

El primer paso se dio mostrando la verdad pero tuvieron que transcurrir días para ver los verdaderos cambios. Mucho se habló esos días, los huéspedes con los anfitriones, estos últimos con otros anfitriones, los primeros tampoco se quedaban atrás e incluso les llegó el turno a las larvas.

Ese último motivo fue lo que impulsó a Kate a tomar una decisión aquella mañana. Se encontraba desayunando junto a Ra y a Nebnefer, había cuadrado así por los horarios, o quizás más bien el horario de Kate con respecto al de los demás. Ángelo era como su padre, se levantaba a poner el mundo, Sonia y Moros a saber por donde estarían, seguro que con algún Goa’uld como era habitual y Noa andaría saciando sus ansias de conocimiento, para eso no le importaba madrugar, otro cantar era para ir a la escuela.

Por eso a Ra le llamó la atención de que Kate desayunara con algo más de prisa de lo normal, eso sólo implicaba una cosa: Tenía algo planeado para hacer aquella mañana.

-Y… ¿A dónde se supone que vamos? -le preguntó mientras comía tranquilamente su desayuno el Antiguo Supremo Señor del Sistema.

-Em… -soltó ella quedándose con su cuchara a medio camino, lo cual ya puso en sobreaviso a Ra- bueno, no se si querrás venir -acabó admitiendo.

-No me gusta como suena eso -gruñó mientras sus ojos brillaban.

-Voy a ir a ver a las larvas -comentó ella con aquella tranquilidad tan impropia y que para Ra no era nada buena. Siempre que la había usado era para cometer alguna locura, lo peor es que eran locuras en las cuales solía influir su carácter suicidad y salva causas perdidas a partes iguales. En definitiva, peligroso para ella.

-Es una mala idea -replicó él tensándose y más cuando la vio que ponía cara de circunstancia, ella ya sabía que diría algo así.

-Voy a ir de todas formas.

-Es pronto, estarán confusas y sus madres ahora mucho más protectoras. –

-Eso ya lo se Ojitos, por eso voy a aprovechar ahora que están con sus anfitrionas y mentores.

-Kate -la llamó por su nombre, cosa que sólo sucedía cuando realmente quería captar toda su atención, cosa que conseguía- Has sido la anfitriona de Kebechet contra tu voluntad, cosa que ahora las Reinas comprenden, si te ven en los estanques podrían pensar que buscas vengarte de lo que te han hecho y no dudarán en defender a sus hijas.

Kate ahí se quedó en silencio, cosa que le pareció curiosa como mínimo a Ra ya que pocas veces la había dejado sin palabras. Fue el gesto que usó lo que la delató ante él, bajo la mirada hacia su plato rompiendo el contacto visual y ahí el comprendió que no se trataba de que no tuviera nada que responder sino que no quería hacerlo, lo cual era aún peor.

En un deseo de saber el motivo que la llevaba a querer ir a ver a las larvas aún sabiendo ya de antemano lo que él le había dicho le planteó de forma delicada:

-¿Por qué quieres ir ahora?

Ella permaneció en su mutismo mientras desviaba la mirada hacia un lado para de ese modo evitar que sus ojos pudieran cruzarse, peor fue el hecho de que Nebnefer se elevara para luego apoyarse en el hombro de Kate como si la apoyara, algo se estaba perdiendo y eso no le gustaba nada a él.

-Kate… -insistió y fue entonces cuando ella suspiró y lo miró para decirle:

-También quiero ayudarlas.

Ra pudo comprender ese sentimiento por que sabía como era, es más, el que se hubiera quedado quieta tantos días era para anotarlo en el calendario ya que se trataba de algo sorprendente pero él sabía que había algo más.

-Y qué más.

Ella resopló demostrándole que se estaba acercando al verdadero quid de la cuestión, tuvo que aguardar unos segundos sus respuesta pero al final la dio:

-Quiero ayudar a estas larvas por que se lo debo a alguien.

-¿Que se lo debes a alguien? -repitió sus palabras extrañado ya que no comprendía a quién le podía deber ella semejante cosa.

-Como has dicho estarán asustadas o como mínimo extrañadas con todos estos nuevos cambios. Hubo unas larvas a las que no pude ayudar, les debo el ayudar a estas, tengo que hacerlo Ra, tengo que saldar esta deuda.

-Tú no tuviste culpa alguna en lo que hizo Kebechet, Kate.

-Es un sentimiento que no puedo quitarme Ojitos. Ellas heredarán el legado de aquellas que dieron su vida.

Ra podría haber bromeado de que en esos momentos sonaba a Antigua pero no lo hizo porque sabía que se lo estaba diciendo de corazón, que era una parte del proceso que la llevaría a sanar la herida que Kebechet había dejado en ella. Por eso mismo tomó la decisión de ir con ella:

-Está bien, te acompañaré -ahí el escarabajo brilló con mayor intensidad y el Antiguo Supremo Señor del Sistema se corrigió-, te acompañaremos.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCXXII

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