El Monte Ombligo CCVII

El primer paso es el más difícil, una vez dado el caminar es más fácil.

-¡Nos habéis tendido una trampa! -siseó otro de ellos.

La indignación podía calificarse de justa, dado que suponía un insulto grave hacia su inteligencia. En su raza les gustaban las trampas y las traiciones, pero no que caer en ellas.

En la Asamblea, cosa que era peor. Siempre se había dicho que allí habría una tregua durante la cual se dejarían a un lado los conflictos personales para centrarse en lo que los temas que a todos concernía.

En teoría allí no había lugar para ataques o agresiones. En teoría, todo podía suceder mientras nadie se enterase.

-En realidad estábamos aquí para una celebración -indicó Kali.

Baal inquirió socarrón:

-¿Ya va siendo hora de la parte divertida no?

Una parte divertida que para los recién llegados se refería a su actual situación. Igual que a ellos les habría gustado divertirse a costa de los demás, no les agradaba el que otros se divirtieran a través de ellos.

-Lo mismo te quedas sin ella -gruñó Bastet.

Los rebeldes apenas hicieron caso a aquellos comentarios. Buscaban centrarse en lo principal en una lucha por no dejarse arrastrar por unas sensaciones que los empezaban a turbar de una forma inquietante.

-Lo teníais todo bien planeado -musitó alguien.

Ángelo contestó con simpleza:

-Toda Asamblea requiere de una estricta planificación.

No era ninguna mentira. Pero la acusación iba por otro lado.

-Esto ha ido más allá -concluyó otro.

Lo cual daba una pista de que, pese a lo que Ra pudiera pensar, no estaba todo perdido con ellos.

Atón contestó:

-Realmente os hemos hecho entrega del tesoro más valioso de la galaxia Ori.

-No os hemos mentido -sentenció Nirrti.

Ya habían estado en su lugar. Había vivido en la mentira y la habían mantenido viva durante demasiado tiempo. Y aunque la verdad les doliera tanto como a ellos, la preferían y de largo. Porque en el tiempo se volvería tan dulce que la hiel quedaría como un recuerdo que les diría constantemente qué camino no debían tomar.

-¿No había otra forma? -fue otra de las preguntas que se formuló en aquella estancia.

“¡Y encima con exigencias!” pensó el antiguo Supremo Señor del Sistema entretanto Ángelo comentaba:

-Esta era la más piadosa.

-Ya hemos experimentado con otros modos -terció Olokhum-. Y no nos habría importado usarlos.

Eso último muchos lo pensaban. Admitirlo era obrar con franqueza ante quienes ahora sólo tenían una única vía que seguir. Nada los apartaría de ella, sus propias nociones serían las que tenderían tanto las limitaciones como el horizonte que buscarían alcanzar. Esa sería la parte más difícil, ayudarlos era lo más sencillo para los Señores del Sistema que ya tenían sobrada experiencia.

Atón añadió:

-Pero aquellos a los que humillasteis decidieron daros el mejor de todos.

-Un momento… no habláis de vosotros -determinó uno de ellos dando un paso hacia atrás.

Baal negó con la cabeza riéndose entre dientes:

-Todavía tenemos un ramalazo perverso.

“Y pervertido” pudieron escuchar algunos de los presentes en sus mentes que pensaba Bastet. Mientras Moros sonreía, Sonia disimulaba su reacción y Adria agachó la cabeza para que no se vieran ni sus ganas de reír ni su vergüenza.

Pero alguien se rió y algunos volvieron la cabeza para encontrarse con Noa que entraba en la habitación precedida por un escarabajo luminoso. Los rebeldes se sintieron temporalmente avergonzados y humillados ante una niña que les dijo:

-Lo siento, no es por vosotros.

-Hay algunas barreras que se difuminan -reveló Sonia a modo de toda explicación.

Mas aquel momento había pasado a un segundo plano, los antiguos consortes se fijaban en el escarabajo, que cerró el arca sin tocarla. Lo habían creído Iunu y ahora veían que el engaño había sido demasiado perfecto como para no caer en él.

Su plan estaba condenado al fracaso desde el principio.

-Y aquí están quienes os han salvado -les dijo Atón-. Ellos os han concedido esta segunda oportunidad que otros no os habríamos concedido.

Nirrti lo secundó:

-Al menos no sin tan poco daño.

Al igual que con Anubis, habría sido imposible por su parte salir vencedores en un enfrentamiento contra él.

-¡¿Poco daño?! -protestó alguien. Ya en su voz rota se notaba que la verdad calaba tan profundamente que lo tendría preso en sus garras hasta que no se hubiera habituado.

Yu tomó la palabra:

-Porque hemos experimentado muchas formas y todas ellas eran peores que esta.

Entonces no querían ni saber en qué consistían. Debían dar las gracias de que no les hubiera tocado pasar por alguna de ellas… aunque más de uno empezaba a sentir que quizá se las habrían merecido.

-Ya veis, sois unos privilegiados -afirmó Ángelo.

No se lo rebatirían, pese a que no se sintieran como tales.

-Nebnefer, Kate y Noa son quienes han hecho esto posible, no lo olvidéis -declaró el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Aquellos a los que habían tratado como poco menos que basura. Al menos el primero de ellos había sido un residuo mientras que las otras dos habían sido prisioneras y herramientas al servicio de los peores designios que se podían concebir.

Por la cuenta que les traía no lo olvidarían jamás. Ya no subestimarían ni a los Tau’ris ni a su propia raza.

-Bueno… nada habría salido así sin vuestra ayuda -dijo la jovencita con sinceridad y algo cohibida-, ni la de Adria claro.

Esta le respondió con una sonrisa que lo decía todo.

Por fin llegó el momento clave. Se formuló la pregunta con la que se daba comienzo real a una realidad mucho tiempo esperada:

-¿Y ahora qué?

-Elegid a un mentor entre los presentes -dijo Ángelo con seriedad-. Ellos os guiarán en los primeros momentos.

-¿Por qué habríamos…? -empezó a cuestionar alguien.

Atón, con toda su experiencia a sus espaldas, intercambió una mirada con Egeria antes de responder:

-Porque la primera conversación con el anfitrión es la más dura que vais a tener en toda vuestra existencia.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCVII

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