El Monte Ombligo CCV

La Mentira necesita ayuda para mantenerse, la Verdad se sostiene sola.

Había pasado mucho desde la última Asamblea. A primera vista, podría decirse que aquella escena era calcada a las de tiempos pasados, aquellos en los que se medían las fuerzas y se tomaban decisiones que suponían la vida y la muerte de muchos en aquella galaxia.

Los actores participantes eran, en su gran mayoría, los mismos que antaño. Con algunas novedades que, dentro del orden establecido, no se salían de la norma… los débiles caían y eran reemplazados por otros más fuertes.

Más en esa misma imagen, había un matiz. Algo que insinuaba que aquella imagen no era ni mucho menos la misma que antaño. Sí, se parecía, porque el protocolo apenas había variado… pues no era más que un código de comportamiento ante otros que establecía una normas de convivencia mínima.

Algo bastante necesario teniendo en cuenta las viejas costumbres de los Señores del Sistema. Era el orden que mantenía íntegra la estructura social.

El semicírculo de la estancia de reuniones se hallaba bastante reducido cuando Ángelo y los demás entraron tras ser previamente anunciado este último por Hekaneheh. Algunas ausencias se debían a Señores del Sistema que habían caído tiempo atrás, mientras que otras se debían a que los que no habían recibido la invitación no se habían presentado todavía.

No tardarían demasiado en hacerlo. Nadie dudaba de que los rebeldes harían notar su presencia antes de hacer su jugada en una inusual alianza que estaba destinada a fracasar.

Los Señores del Sistema no estaban solos. Aparte de algunos sirvientes, también habían venido algunos subordinados, lo cual daba una idea la importancia capital de aquella Asamblea… la más importante que habían celebrado nunca.

El primado se acercó al trono que ocupaba Ángelo después de que los asistentes se saludaran unos a otros con sendos silenciosos gestos. Conveniente informado de todo lo que ocurría alrededor de la Asamblea, le susurró:

-Están a poca distancia Señor -hizo una pausa-. Hemos dejado el camino expedito.

No encontrarían a nadie en su camino, no se llevarían por delante ninguna vida inocente que luego sería la que primero lamentarían. Como con Nebnefer, los servidores del complejo (sin contar los presentes) habían sido escoltados a las habitaciones de los Señores del Sistema presentes.

Los rebeldes querían ir a por estos últimos. Sólo cuando ellos hubieran caído irían a por los miembros del servicio.

Eso era lo que creían, lo cual distaba de la realidad. Porque, si bien podía llegar a ocurrir, los verdaderos dioses harían todo lo que estuviera en sus manos para impedir que tuviera lugar semejante atropello.

-Adelante -le contestó quedamente el Supremo Señor del Sistema.

El guerrero inclinó la cabeza respetuosamente antes de penetrar en semicírculo. En un momento dado les dedicó a los Señores del Sistema una profunda y sincera reverencia que fue acogida con leves gestos de aprobación y simpatía.

-Señoras y Señores -comenzó Hekaneheh con solemnidad-. Es bueno que nos hayamos reunido hoy.

Su mirada se pasó por todos los presentes previamente a continuar:

-Muchas cosas han pasado desde la última vez que se reunió esta Asamblea, y muchas más han cambiado -sonrió dirigiéndose sobre todo a Egeria y Atón, los valientes pioneros-. Estamos aquí para ponernos al día de todos los acontecimientos que han afectado tanto a los Señores del Sistema como a la propia galaxia… y es aquí donde hacemos Justicia.

La que Hekaneheh empleaba era una fórmula formal adaptada de aquella que se decía anteriormente. Ahora hasta se podía decir que era mucho más sincera y auténtica que la original.

Porque si bien antiguamente en la Asamblea se decidían los actos generales como raza y se decretaban las acciones acordadas, estas en muchas ocasiones implicaban juzgar y hasta castigar a alguien.

Para el guerrero, que disimulaba muy bien sus sentimientos, era todo un honor ser el maestro de ceremonias.

-Hoy tenemos el gran honor y placer de anunciar que se ha forjado una reconciliación y una alianza -declaró Hekaneheh-. Dos galaxias enfrentadas y dos hermanos enemistados, hoy vuelven a ser una unidad indisoluble.

En ese momento Moros entró en escena precediendo a Adria y al prior que sostenía su báculo. Este estaba levemente iluminado, señal de que la fe en Origen se iba reconstruyendo poco a poco.

El arca levitaba lentamente tras él.

-Mi nombre es Moros -se presentó oficialmente el Alterano-. Y pertenezco a la raza de los Antiguos que crearon la vida en esta galaxia.

Jugó un poco con el silencio para dar mayor ímpetu a sus palabras. Todos los que estaban allí sabían quién era. Quizá únicamente los subordinados que no estuvieron en la reunión en Iunu se mostraron al sorprendido… pero ni siquiera estos abrieron la boca.

-Antaño, los Ori y los Antiguos formábamos una misma sociedad. Entonces, a la hora de avanzar los Ori optaron por el camino de la Religión y nosotros por el de la Ciencia -le explicó brevemente-. El problema vino cuando quienes tomaron la senda de la Religión no aceptaron que otros se decidiera por otro camino igual de válido… ese fue el origen de un conflicto que ha costado tantas vidas.

Un nuevo silencio. La simpatía de los presentes estaba en el aire, lo cual animó a Adria a hablar presentándose a su vez:

-Yo soy Adria, la Orici creada por los Ori que dirigió la flota Ori en su cruzada -hizo una pausa-. En nombre de los creyentes de Origen, reconocemos todo el mal que llevamos a cabo en nuestra ceguera y también que Ciencia y Religión son dos pilares tan válidos como incluyentes.

Sólo se oyeron unos murmullos aprobadores antes de que el anciano resolviera:

-La fé es una base importante, una guía que nos ayuda a discernir lo que está bien y mal siempre que esté abierta a crecer con ayuda de otras perspectivas. En lo que se refiere a la ciencia, su camino hacia el mayor conocimiento siempre necesitará de un referente que le abra los mejores caminos.

La Orici vaciló en ese momento, no porque dudara de sus palabras. Sino porque intuía algo, el cual también era el caso de Moros y Sonia. El anciano le sonrió para animarla ignorando la señal que Hekaneheh le hizo a Moros.

-Es por ello que, como gesto de nuestra buena voluntad y agradecimiento, os hacemos entrega de este humilde presente -dijo la joven mientras el arca se posaba en el centro.

Se inclinó para tocar las teclas de la clave hasta que se iluminó la roja. Pulsó esta última justo la puerta que quedaba detrás de ellos estallaba en pedazos y una voz irritada interrumpía la ceremonia:

-¡¿Qué es esto?! ¡¿Una Asamblea si nuestro concurso?!

“Qué poco originales” pensó el antiguo Supremo Señor del Sistema con ironía.

-¡Vais a permitir que se vayan de rositas! -exclamó otra voz.

Atón respondió con simpleza y habilidad:

-Ya ha habido bastante sufrimiento.

-¡Patéticos débiles! -exclamó el que tenía la voz cantante- ¡Por eso caísteis y por eso caeréis!

Una tercera voz preguntó enseñándoles un tubo de cristal:

-¿Sabéis qué es esto? ¡Una solución que acabará con vosotros en cuanto la rompa!

-¿No os matará a vosotros también? -les preguntó Nirrti siguiendo la estrategia preestablecida, la de hacerlos dudar un poco, lo suficiente como para llevarlos a su terreno.

El último que había hablado replicó:

-Somos inmunes.

-En tal caso… -fingió pensárselo Ángelo-, nos rendimos.

-¡No es suficiente! -clamó el líder.

Los querían muertos.

Yu contestó:

-Por supuesto… por eso os frecemos el regalo de Adria, un tesoro nunca antes visto -luego invitó a esta última-. Adelante, muéstraselo.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CCV

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