El Monte Ombligo CLXXXIX

No hace falta decir toda la verdad para convencer, sólo ser convincente con cierta dosis de verdad.

-Así que sólo tenemos que montar un teatro convincente -declaró Nirrti en un tono reflexivo.

A lo que Egeria respondió con una sonrisa:

-No tiene por qué ser un teatro.

-Puede ser un acto real -opinó Kali-. Sólo que con un añadido.

Egeria asintió antes de decir:

-Al fin y al cabo antes o después lo tendríamos que hacer.

-Cierto -admitió Ángelo.

La Asamblea de los Señores del Sistema se reunía cada cierto tiempo con una función parecida a los encuentros del Consejo. Por un lado, cada uno medía su lugar en la estructura social de los Goa’ulds y por otro, se lo dejaba claro a los demás.

Ello resultaba en una competición entre todos, la parte aparentemente menos peligrosa de sus relaciones. Aparentemente, porque si uno no andaba con cuidado podía acabar mal en aquel momento o tiempo después de la Asamblea… fuera por cometer un error… fuera por una reestructuración.

Si era verdad que en la raza divina las cosas solían tardar su tiempo en ocurrir, pero la conveniencia lo marcaba todo. En cualquier momento las cosas podían cambiar de una forma fulminante.

Al menos, eso era lo que pasaba hasta que parte de los Señores del Sistema abrieron los ojos. Pero para el resto, la situación no había parado ni un ápice y la pérdida de su posición lograda durante el reinado de la criminal los llevaba a enrocarse en su concepción de la realidad.

-Entonces habrá que empezar con los preparativos -dijo Yu.

Todos se mostraron conformes. Hasta Baal que bromeó:

-Esa es la parte más aburrida, menos mal que la fiesta compensa.

-No se trata de una de tus fiestas -le advirtió Ra en un gruñido.

Como de costumbre, Kate tuvo que llevarle la contraria:

-¿Y por qué no después de que hayan cambiado? -le sacó la lengua-. Seguro que eso les ayuda a hacerse cargo de su nueva situación.

El antiguo Supremo Señor del Sistema tenía sus dudas. Podían hacer la fiesta, pero al final la desazón por todas sus acciones la soportarían solos sin nadie a quien confiarse tras el final de la Asamblea.

Era verdad que algunos de ellos no le daban pena alguna y que no le importaba que tuvieran que pasar por aquel malestar posterior que los empujara a trabajar hasta el límite del agotamiento. Esos habían ejercido de consortes de Kebechet y habían participado con ella de las humillaciones que su mejor amigo, Kate y Nebnefer habían padecido.

Por fortuna para ellos, él ya no era el Supremo Señor del Sistema y no tenía las competencias para sentenciarlos. Además, no merecía la pena ni pensar en ello, sólo significaba complacerles tanto a ellos como al monstruo.

Por su parte, para él habían dejado de existir. Era lo mejor que les podía conceder, lo más cercano a una nueva oportunidad.

-Bueno, las Asambleas suelen durar bastante tiempo -concedió el Supremo Señor del Sistema con naturalidad-. Habrá tiempo para todo.

“No hay duda, ha salido a su madre” pensó Ra irónico.

Kate dio una palmada entusiasmada mientras decía:

-Así Noa sabrá lo que es una verdadera fiesta.

Eso era un pequeño consuelo. No habría ningún tipo de desfase desagradable que pudiera dar un mal ejemplo a la niña

-No todo va a ser fiesta -dijo Egeria echándole una mano-. Es un acontecimiento solemne.

Baal inquirió con humor:

-¿No? Menuda decepción.

Olokhum carraspeó marcando así una redirección de la conversación. Seguidamente planteó:

-¿Hay alguna cosa más que tengamos que preparar?

-Está la programación del arca -terció el antiguo Supremo Señor del Sistema.

Moros replicó interrumpiéndole:

-De eso nos ocuparemos Sonia y yo.

La aludida inclinó la cabeza afirmativamente previamente a comentar:

-Cuatro ojos ven mejor que dos.

-Y decidir cuándo los vamos a exponer al arca -siguió diciendo Ra.

No se podía prever todo, pero lo mejor era prepararlo lo mejor posible para evitar unos fallos que podrían lamentar lo indecible.

En ese punto Bastet decidió intervenir:

-Yo tengo una idea al respecto.

-¿Cuál? -quiso saber Nirrti.

La Señora del Sistema expuso:

-Nos cercioramos de que todos están en la misma estanca y nos rendimos. Como prueba de nuestra rendición les ofrecemos nuestro mayor tesoro, el arca.

-¿No harán preguntas al respecto? -preguntó Olokhum.

Kali negó con la cabeza:

-Su imaginación hará el resto.

-Supondrán que contiene el mayor tesoro procedente de la otra galaxia -agregó Bastet.

A Ra le gustó la idea. Porque bien mirado, así era. El arca, procedente del otro lado del universo conocido, contenía un tesoro tan valioso que era una tontería ponerle un precio: La Verdad.

-Así que alguno de nosotros podría coger y abrirla ante ellos como un gesto de sumisión -dijo Ángelo poniendo palabras al plan.

Adria se ofreció entonces:

-Lo haré yo.

-Podría ser peligroso -le comentó Atón comprensivo, seguramente porque el procedería del mismo modo-. No debes sentirte obligada a ello.

La Orici replicó:

-Quiero hacerlo.

-Sonia y yo la protegeremos de cualquier cosa -la apoyó Moros-. No dejaremos que le pase nada.

Prometer eso cuando podía ocurrir de todo era una apuesta muy arriesgada. Si no cumplía, sería una catástrofe… empezando por los propios rebeldes, que no se librarían de un castigo ejemplar.

-Más te vale no tener que tragarte luego tus palabra -gruñó el antiguo Supremo Señor del Sistema, a lo que el anciano respondió con una sonrisa pícara.

Egeria se ofreció a su vez:

-Y la Tok’Ra hará correr el rumor entre ellos que Adria ha traído un tesoro increíble de su galaxia que ofrece a la Asamblea en señal de amistad.

-Es una buena táctica -aprobó Ra-. Su avaricia les cegará con respecto a lo que no quieran ver.

Atón resolvió:

-Y así caerán en la trampa.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLXXXIX

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