El Monte Ombligo CLXXXI

Cuando no te ofendas por las  creencias de los demás, entonces tu horizonte se expandirá.

Adria, pensativa, sabía que no se equivocaba. Pero eso no quitaba que hubiera cosas que llamaran su atención precisamente por salirse de lo que se suponía que era lo lógico, como si hubiera un tono que desentonaba entre los demás del patrón.

-Eso es un poco contradictorio -reconoció preocupada. Con todo el daño que se había hecho… ¿por qué hacer más?

-¿Por qué? -le preguntó el Supremo Señor del Sistema con delicadeza.

Ella se lo pensó muy bien a la hora escoger el modo en que explicarlo:

-Hacer daño para curar… si ya están sufriendo si los haces sufrir más no se sentirán mejor.

-O sí -comentó Ángelo con una media sonrisa para luego explicarle-, por supuesto que no quieres hacerles daño pero hay verdades que duelen, como por ejemplo ver que lo que has creído hasta ahora o en los que has creído no eran tan buenos como se proclamaban. Eso podrá hacerlos sentir mal en un primer momento pero luego, cuando les muestres como debería de haber sido desde siempre Origen la aceptarán y desearán con mayor fuerza.

La Orici entendía lo que decía, a fin de cuentas ella lo había experimentado en sus propias carnes. Sólo una vez había sufrido dando como en aquella ocasión y se había prometido que no volvería a haber una tercera. A nadie le deseaba pasar por lo mismo ni en un millón de años.

-Ellos saldrán ganando con el cambio -replicó Adria. De hecho, ya empezaban a hacerlo-. Estoy… intentando hacérselo ver.

-Lo verán -comentó él con seguridad.

La Orici asintió previamente contestar:

-Quiero que tengan… una fe auténtica y natural.

Ella no se alimentaría de ese poder, pero sí lo haría la tecnología que por el momento había quedado inutilizada.

-Querer algo es el primer paso -la animó Ángelo a continuar por ese camino-. No creo que tardes en ver resultados, dentro de todas sus peculiaridades los humanos pueden ser muy agradecidos.

Ella se encogió de hombros y comentó:

-Me vale con que sean felices… al tener lo que merecen.

El Supremo Señor del Sistema se rió entre dientes:

-Ya lo entenderás.

-¿Entender el qué? -planteó ella intrigada.

Él le guiñó un ojo divertido:

-Cuando pase te acordarás de esto.

No le sacaría nada más por mucho que intentara. Mas intuía que no sería algo malo con lo que tuviera que lidiar.

-Se… seguro -contestó Adria un poco sonrojada. Si era algo tan importante, aquel momento volvería a salir a su encuentro.

-No será mucha la espera -comentó Ángelo con una pequeña sonrisa para luego agregar- ven, te enseñaré tu habitación.

La Orici le devolvió la sonrisa previamente a contestar mientras asentía:

-Sí… gracias.

Él inclinó la cabeza levemente ante su agradecimiento para luego llevarla por los corredores hasta detenerse delante de una puerta:

-Espero que sea de tu agrado -le dijo mientras la abría para luego hacerse a un lado.

Adria se acercó con mucha precaución hasta tener una amplia visión. Parpadeó varias veces ante aquella explosión de lujo y riqueza que no hacían menos acogedora la habitación. Ella estaba acostumbrada al impresionante pero sencillo estilo de Origen, de ahí que aquello le pareciera demasiado.

-Vaya es…. -empezó a decir. Se encontró sin palabras, fue la admiración la que salió por su boca-. Nunca había visto… algo así.

Ángelo preguntó con un deje de extrañeza:

-¿En serio?

-Origen desaprueba la ostentación -explicó la Orici.

-Entiendo -comentó él despacio observando también la habitación para luego plantearle- ¿te sentirías más cómoda si quitásemos algo?

Adria apreció mucho el gesto que estaba teniendo con ella, al respetar esa parte de las creencias que todavía perduraban porque no estaban mal traídas.

Se lo agradeció con franqueza:

-No… no hace falta.

-¿Seguro? -insistió el Supremo Señor del Sistema.

Ella le contestó de una forma cómplice:

-Yo no soy… la ostentosa.

A su modo de ver, la cultura de ellos era la ostentosa y nada podría hacer para cambiarla, tampoco lo pretendía. No se ofendería o sentiría culpable por alojarse en un lugar como aquel.

Eso divirtió a Ángelo el cual comentaría:

-Entonces el baño será de tu agrado.

-¿El baño? -cuestionó Adria curiosa entrando en la habitación- ¿Por qué?

Él entró tras ella para luego caminar hacia la puerta del baño y entreabrirla para luego invitarla a descubrirlo:

-Adelante.

Cuando entró en la sala comprendió a qué se refería. Lo primero que llamó su atención fue la propia bañera. La cual era una forma poco acertada de llamarla, dado que la supuesta bañera ocupaba el 50% de una habitación que no era pequeña. Además, daba la sensación de que se fundía con la propia habitación, ofreciendo una estampa impresionante pero sencilla al mismo tiempo.

-Me.. me gusta, gracias -afirmó Adria con cierta admiración-. Aunque… yo no la llamaría bañera.

-¿Cómo la llamarías? -planteó el Supremo Señor del Sistema con un deje divertido.

La Orici contestó pasándoselo bien:

-Piscina estaría bien.

¿Cómo sería para ellos lo que consideraban una piscina? Aquello alimentó su interés, seguramente sería una laguna o lago.

Su comentario lo haría reír por un momento para luego decirle de buen humor:

-Creo que un par de brazadas aún puedes dar.

-Un poco de ejercicio nunca está de más -dijo Adria en la misma línea, eso la llevó a inquirir- ¿Tenéis algún sitio donde… hacer ejercicio?

Además de aprender y lo que se le había encomendado, algo más tendría que hacer durante su estancia en la Vía Láctea.

Ángelo asintió antes de responder:

-Están los jardines para correr, también hay piscinas -sonrió nuevamente- más grandes que esta para nadar y luego la zona donde se entrenan los guardias, la cual tiene diferentes áreas para practicar.

Ella respondió en un sincero agradecimiento:

-Gracias… es una buena idea poder hacer… cosas diferentes.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLXXXI

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