El Monte Ombligo CLXXVIII

¿El fin justifica los medios?

Ángelo miró por un momento a su hermano, comprendía perfectamente sus reservas, los años y para Ángelo más bien la memoria genética, les había hecho ser cautos ante un poder tan inmenso y trascendental.

EL Supremo Señor del Sistema paseó la mirada por la habitación con aire meditabundo. Sabía que Atón no dudaba de las palabras del Antiguo, él tampoco lo hacía, la cuestión era la forma.

Por un lado, ¿Era ética? Ponerlos frente a la verdad sin margen de movimiento, tampoco opción alguna a que quizás quisieran pasarla dando sus propios pasos, incluso el decidir morir de negarse en rotundo.

Por la contra, se encontraban todas las personas que sufrían en estos mismos instantes bajo su tiranía. ¿Y ellos? ¿No tenían derecho a que la pesadilla acabara finalmente? ¿Cuántos se encontrarían rezando para que sucediera un milagro, que ahora estaba en sus manos darles?

Y estos dos puntos de vista convergían en una pregunta que no traía más que otras a su espalda:

¿El fin justifica los medios?

Si la respuesta era afirmativa entonces la línea que los diferenciaba de los Señores del Sistema que no habían pasado la simbiosis se desdibujaba, ya que este lema era casi su marca.

Por otro lado si la respuesta en cambio era negativa, en este caso al menos, estarías faltando a tu palabra como Dios. Los Dioses los protegían a todos, sin importar su procedencia, pasado o vida. Eran su responsabilidad, era su meta, darles una vida digna.

“¿Y qué pasa si un objeto imparable choca con un objeto inamovible?” interrumpió sus pensamientos Samuel de forma contundente, sorprendiéndolo por un momento, antes de agregar “te estás creando una paradoja tú solito Ángelo “

“Puede que lo sea” le respondió de manera tranquila sabiendo el verdadero motivo de aquella interrupción, el que no se encerrara en especulaciones.

“Para mi la respuesta a esa pregunta es otra pregunta: ¿Qué Galaxia queréis crear? “

“Qué Galaxia queremos crear…” meditó Ángelo planteándose si aquella no era una puntilla más para que surgieran las dudas.

“Entro todos” puntualizó Samuel y ahí si supo lo que quería decir y en lo que estuvo de acuerdo.

-Creo que este tema será mejor retomarlo cuando estemos todos, así podremos escuchar los diferentes puntos de vista y tomar una decisión en consenso -comentó Ángelo de forma tranquila centrando su mirada de nuevo en ellos.

-Estoy de acuerdo -lo apoyó su padre mientras su hermano decía por su lado:

-Me parece bien.

Los demás asintieron conformes y el Supremo Señor del Sistema cambió de tema:

-Aún queda un rato para que de comienzo el banquete.

Con esas palabras lo dijo todo, implicaba que tenían un par de horas para que pudieran hacer lo que quisieran, cosa que así hicieron. Nebnefer se vio que quería quedarse con Atón, todos entendieron que seguramente era para estar un rato con su anfitrión y lo respetaron contentos por él. Noa por su parte dijo que iría a dejar el aparato de Moros a su habitación y a ver a Sonia, cosa a la que también se apuntó el antiguo. Kate decidió ir a darse un baño de época y Ra comentó que no tendría más remedio que vigilar que no se quedara dormida como siempre.

En ese punto, Adria no sabía muy bien que hacer ya que se sentía fuera de lugar, como si estuviera invadiendo un espacio ajeno, pero Ángelo no se había olvidado de ella, por eso le propuso de forma amable:

-¿Quieres que te enseñe el Palacio y tu habitación?

Los ojos de su padre se clavaron en él mientras brillaron por un momento divertido y él hizo como que no se enteraba de eso esperando una respuesta por parte de la Orici:

-Oh, yo… -empezó sin saber muy bien que decir para luego agregar- Seguro que tienes muchas cosas que hacer.

-Por mi no hay problema, pero sólo si te apetece Adria -le dijo él dejando claro que podía negarse sin compromiso alguno.

-No, no, realmente si me gustaría conocer el Palacio.

-Bien -dijo de forma resuelta Ángelo antes de pedirle a Heka, el cual se había mantenido en un segundo plano- Hekaneheh ¿podrías guardar el Arca hasta que vengan los demás invitados?

-Por supuesto Señor -comentó él antes de recogerla mientras Ángelo miraba a Adria y le comentaba- ¿vamos?

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLXXVIII

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