El Monte Ombligo CLXXI

“Es más difícil hacer durar la admiración que provocarla” (Sanial Dubay).

Finalmente llegó el día en que todo estuvo preparado. Las bases habían sido bien colocadas y ahora era cuestión de dejarlas crecer sin dejar de guiarlas hasta que dieran un fruto.

El trabajo había sido muy intenso pero motivador. Inevitablemente Ra recordaba aquel tiempo en que él había estado atareado, buscando mejorar todo lo que había hecho mal sin que hubiera un mañana. La excitación de entonces volvió a él, en una extraña sensación de deja vú.

No sintió la añoranza de unos tiempos que habían sido por el momento los mejore que había vivido. No merecía la pena, pues otros tiempos mejores estaban por llegar. Por otro lado, sentía que aquel había sido otro tanto había cambiado en los últimos tiempos.

Ya era la hora de volver a la Vía Láctea. Aquellos días habían sido una tregua y todavía quedaban asuntos pendientes que, con un poco de suerte, ya estarían muy avanzados para cuando ellos llegara. Tras la retirada de las tropas Ori, podían tranquilamente volver sobre las tareas de restauración que se habían emprendido tras el derrocamiento de la criminal.

“Tenemos que alcanzar nuestro propio porvenir” concluyó Ra. Fuera cual fuera, estaba allí esperándolos. Algo diferente al pasado o a lo que habría podido ser si hubiera evitado que Kebechet lo sometiera.

El antiguo Supremo Señor del Sistema no se permitió sentirse culpable. Aquello había pasado de aquella manera y no podía hacer más de lo que estaba haciendo. El pasado era precisamente por eso pasado, sólo se podía aprender de él sin modificarlo ni tan siquiera mínimamente.

No le daría esta victoria postrera a Kebechet.

-Bueno, como no tenemos maletas no habrá tanto problema -bromeó Moros jocoso-. Seremos rápidos.

Maletas no, tenían algo más grande que permanecería en secreto hasta que llegara el momento. Adria se había ocupado de acoplar la nave en construcción a la nave en la que viajarían, después la había hecho invisible.

-Salvo que alguien se vuelva perezoso -ironizó Ra.

El anciano le sonrió divertido. Sabía que no se refería a él.

Él se ocupó de informar durante el desayuno del día siguiente de las novedades a madre e hija. Durante su estancia en aquella galaxia, había cogido la costumbre de reunirse durante las comidas cuando no estaban en otros planetas.

-Ya está todo dispuesto -les dijo tranquilamente-. Adria ya lo he preparado todo.

La aludida, también presente, asintió antes de contestar:

-Gracias a vosotros, yo sola no lo habría hecho tan rápido.

-Lo habrías hecho de todas formas -contestó el Antiguo.

Ellos sólo le habían ofrecido sus conocimientos y experiencias de los cuales habían aprendido mucho. Adria, junto al Doci, los priores y los propios Tau’ris, también lo habría hecho al final.

-Seguro, pero me alegro que vengas -dijo Noa con una sonrisa.

La Orici le devolvió la sonrisa al mismo tiempo que contestaba:

-Sólo pretendo aprender.

-Harás mucho más -afirmó Moros.

Ra no lo dudaba. Era lógico no pretender grandes cosas, pero cuando ibas abierto a todo y sobre todo a aprender, las grandes cosas te elegían a ti; antes de que te llegaras a dar cuenta estarías envuelto en ellas… de modo que apenas habrías salido de una y ya llegaba otra para que entraras en ella.

Noa comentó alegremente:

-Ya verás, te caerá bien nuestra familia y amigos.

-Yo espero… caerles bien a ellos -contestó Adria por su parte.

El antiguo Supremo Señor del Sistema entendía muy bien sus reservas. Los prejuicios que los Ori y ella habían sembrado no jugarían a su favor. Tendría que luchar contra ellos, demostrar que ya no era adepta de aquellos actos de conversión y castigo forzosos.

La niña replicó sonriente:

-Lo harás, estoy segura.

-Está… lo que yo causé -confesó la Orici.

Ra la absolvió con seguridad:

-No fuiste tú, los Ori te usaron de forma equivocada.

-Lo entenderán, no te preocupes de eso -comentó Kate de una manera muy tranquila.

Adria inquirió perpleja:

-¿Todos?

El antiguo Supremo Señor del Sistema aprovechó para transmitirle una enseñanza que lo había mantenido tan cuerdo como podía estarlo alguien con su bagaje. Tanto la joven como su hija se lo habían puesto en el mejor punto.

-Adria -la llamó para lograr su atención, una vez la tuvo, le dio el valioso el precioso consejo-. Jamás pretendas caerle bien a todo el mundo, eso nunca terminará de ocurrir y tú acabarás mal si persistes.

Kate se mostró de acuerdo con él, sólo que lo expresó con más simplicidad:

-Ah, esa es una gran verdad, si intentas contentar a todos acabarás por no contentar  a ninguno, simplemente se tú misma.

-Son ellos los que te tienen que ver a ti -afirmó Moros-. Son sus ojos los que tienen que hacer el trabajo.

-¿Pero y si quisiera ayudarlos? -insistió Adria inquieta.

Ra replicó:

-La mejor forma es la de dejar que te vean, que lo hagan como nosotros lo hacemos.

-Además cuentas con buenas referencias -dijo el anciano-. La mayoría con quienes estarás confiarán en ti porque lo hacen en nosotros.

-Ellos no toman tu historia como base, te ven como a un igual -indicó Kate.

Ella había dado en el clave. Esa era la gran diferencia entre ambas galaxias. Mientras que los Ori la habían convertido en un instrumento de su religión que era la base de las sociedades que habían fundado, ella en la Vía Láctea no sería tal cosa. Sin duda será una nueva perspectiva para ella, igual que el trato que había recibido por parte de ellos desde el primer momento; nunca se había considerado inferiores a ella y habían tratado con ella en pie de igualdad.

Adria reconoció con discreta curiosidad:

-Eso será interesante de ver.

-Al dejar de ser el foco de toda la atención se aprende mucho más -dijo Ra. Esa era la ventaja de la igualdad, al no estar por encima podía ver mucho más y con naturalidad.

Kate le indicó:

-Verás las cosas desde el punto de vista de todos.

-Además siempre tendrás a alguno de nosotros cerca -le aseguró Moros-. Y todavía te queda por conocer a Sonia.

-¿Sonia? -inquirió la Orici disimulando bastante bien su intriga.

Noa explicó:

-Ella es mi nodriza.

-La ha cuidado desde que nació -amplió Ra la presentación-. Gracias a ella, estamos todos aquí.

Moros le guiñó un ojo:

-Y se le da muy bien enseñar, ha enseñado a muchos niños.

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Fuente:

Cita: frasedehoy.com: http://www.frasedehoy.com/categoria/28/uno-mismo?page=2

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLXXI

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