El Monte Ombligo CLXX

Cuando pasas tanto tiempo luchando al volver a la calma te das cuenta que hasta esta ha cambiado, o quizás hayas cambiado tú y tu forma de ver lo que otros tomarían como algo banal.

 

Noa esa mañana se despertó, se aseó y se vistió para ir al comedor como siempre. Echaba de menos a Sonia y los demás, ya que Iunu se había vuelto su nuevo hogar pero tampoco se obsesionaba con lo de volver, al contrario, sabía muy bien que sería difícil el que regresaran a Celestis y de hacerlo a saber cuantos años podrían pasar, por eso mismo quería aprovechar cada minuto que estuviera allí.

“Aún que ojalá pudiera ayudar a Moros y a Pa ” pensó para si mientras recorría uno de los pasillos. Su deseo nacía del hecho de que ellos también tuvieran tiempo para disfrutar de aquella experiencia aún que comprendía perfectamente que lo que estaban haciendo era algo muy importante y que ayudaba a todas las personas de aquella galaxia.

” Sólo hay una raza en esta Galaxia?” Se planteó entonces intrigada ante algo en lo cual no había pensado hasta el momento.

-Tengo que preguntárselo… -murmuró para si momentos antes de abrir la puerta que daba al comedor, cuando entró vio sorprendida que la única que se encontraba allí era su madre, lo cual le chocó en un primer momento.

-Buenos días Ma.

-Buenos días Noa, ¿qué tal has dormido? -le preguntó ella regalándole una cálida sonrisa acompañada de unos sentimientos que la arroparon y animaron, se sentía muy bien a su lado porque lo que le transmitía era amor puro hacia ella, lo cual para la niña era como estar bajo una cúpula invisible que rodeaba a Kate.

-¡Muy bien! -respondió animada sentándose a su lado para luego reparar en que no estaba sola como había creído en un primer momento, sino que también estaba Nebnefer apoyado sobre el hombro que hasta el momento había quedado oculto a su vista- Buenos días Neb -lo saludó con una sonrisa al verlo y este parpadeó un par de veces a modo de respuesta.

Noa empezó a escoger su desayuno mientras le planteaba a su madre:

-¿Dónde están Pa, Moros y Adria?

Ella se encogió levemente de hombros y bromeó:

-De picos pardos.

Eso le arrancó una pequeña risa a la pequeña la cual asintió comprendiendo lo que quería decir. Significaba que de nuevo habían ido a otros planetas para verlos y seguir ayudando.

-Pues… -empezó Noa tras estar unos minutos en silencio mientras tomaba el desayuno.

-¿Si? -la animó su madre a continuar.

-Había pensado en volver al lago hoy pero con ropa para poder bañarnos -comentó la jovencita algo apurada.

Eso le arrancó una risa a Kate la cual comentó divertida:

-Te quedaste ayer con ganas de bañarte eh.

Eso la ruborizó más mientras intentaba disimularlo llevándose el tazón a la boca. Su madre tenía razón. En cuanto habían llegado al lago que rodeaba la ciudad y que, hasta ayer, no había visto de cerca le habían entrado unas ganas enormes de meterse en el agua. Lástima que no llevaba la ropa adecuada y por ello quería volver pero esta vez en condiciones.

-Voy a pedir que nos preparen comida para llevar -le dijo en ese punto Kate con una sonrisa y de paso diciéndole a ella que no tenía problema en ir.

Eso hizo que la jovencita bajara el tazón rápidamente y la mirara con una radiante sonrisa.

-¡Gracias Ma!

Su madre le regaló una sonrisa mientras se ponía en pie y se dirigía a las cocinas.

Un par de horas más tarde ya estaban frente al lago con todo lo necesario para pasar el día, ropa, toallas, comida y bebida. Habían ido a un área donde era común bañarse, lo que significaba que no estaban solos, incluso había más niños con los cuales Noa no tardó en entablar amistad y ponerse a jugar con ellos mientras Kate la observaba tranquilamente sentada en una de las toallas.

-Imagino que esta habría sido la estampa normal si Kebechet no hubiera aparecido – comentó en un momento dado Kate. El escarabajo volvió la cabeza hacia ella mientras esta se apoyaba sobre sus brazos , uno a cada lado de su cuerpo y puestos un poco más atrás que este para sostenerla, de manera relajada.

-Ra yendo a sus otros planetas mientras que Noa, siendo más pequeña claro, y yo nos quedaríamos en Iunu -guardó por un momento silencio para luego mirar al escarabajo y  bromear- claro que tú no estarías aquí.

Neb frotó su cabeza contra su mejilla y ella cerró por un momento los ojos, se sentía muy bien en aquellos momentos, en aquella paz que parecía darles esa galaxia lejos de los retazos de la Ususpadora.

-Es una bonita estampa.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLXX

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