El Monte Ombligo CLIV

Hay veces que te encuentras en situaciones de las cuales no puedes escapar, tienes que superarlas, si o si, porque el fracaso no es viable.

 

Kate corrió agachada lo más rápido que había corrido nunca mientras la adrenalina la impulsaba hacia adelante. Irónicamente recordó el momento en el cual, de adolescente, había perdido su vuelo de vuelta a casa en París, a miles de kilómetros del hogar. En ese momento se había entendido, aún no conociendo el idioma, con todos con los cuales había hablado y no le quedó otra que lograr arreglar ese gran problema.

La necesidad la llevó por caminos insospechados e incluso algunos que, de poder, hubiera delegado en otras personas. Pero no había sido el caso porque no podía, no había nadie más, como aquella vez.

“Eso no es del todo cierto” pensó para si sintiendo a Ra agarrarse más a su cuello para no caerse, sería lo último que necesitarían que ocurriera. “O sí…” pensó para si y con la voz entrecortada ya en los últimos metros le dijo a Ra cuatro palabras claves, él no necesitó saber más, su conexión era suficiente como para comprender lo que le había querido decir.

Justo en ese momento Kate entró en la habitación donde se encontraba el Doci, un hombre de pelo blanco, pero que no aparentaría más de cuarenta, con una vestimenta que demostraba su estatus y unos ojos  también blancos y carentes de sentimientos.

Se mostró muy tranquilo cuando los observó a ellos, aún que su gesto se endureció al ver el arca por unos segundos antes de que replicara irónico:

-¿Esto es lo que envían los Antiguos? ¿A sus defectuosas creaciones? Vaya, me esperaba algo más.

Kate lo fulminó con la mirada mientras a Ra le brillaron los ojos.

-Estas defectuosas creaciones serán las que te derrotarán -le dijo Kate con esa seriedad tan inusual en ella.

-Ni en un millón de años querida. Soy muy superior a ti.

-Torres más altas han caído -le respondió ella en una clara referencia a los Ori, lo cual pareció molestarlo por como entrecerró levemente los ojos mientras que sintió un apretón de Ra que era como para apoyarla con un “bien dicho”.

-No tengo por qué, pero te lo demostraré -siseó y los dos se prepararon en una perfecta coordinación, lo estaban dando todo a una jugada que no sabrían si saldría, pero merecía intentarlo.

El Doci, para querer demostrar su superioridad, como ellos habían planeado, arrojó con su telequinesis con fuerza a Kate contra una pared, en vez de usar uno de sus mayores poderes, el rayo.

Aún y así, la violencia del lanzamiento fue considerable y no pudo evitar estrellarse con fuerza contra una estantería de la cual cayeron la mayoría de los libros junto a ella por la fuerza del golpe.

Kate se mordió el labio inferior para reprimir un grito de dolor pero si notó como se quedaba desorientada por un momento, el suficiente para que el Doci se acercara a ella y la cogiera de las mejillas para hacer que lo mirara.

-¿Comprendes ahora? Incluso con un poder tan básico ya estás a mi merced.

Fue en ese punto cuando ella se rió entre dientes, cosa que sorprendió al Doci y lo hizo pensar si el golpe había sido tan fuerte como para haberle trastocado la cabeza.

-El que no lo entiende eres tú -comentó con una sonrisa mirándolo a aquellos ojos vacíos -no necesitamos los dones para ganarte- en ese punto ella desvió la mirada hacia un lado lo cual lo llevó a mirar inevitablemente para darse cuenta horrorizado de que había caído en su trampa de lleno, además de que no se había dado cuenta de que Ra ya no se encontraba sobre sus hombros, sino que este se encontraba sobre el Arca de la Verdad.

El Antiguo Supremo Señor del Sistema gruñó mientras sus ojos brillaban y su cola tocaba la última letra que faltaba por poner. El Arca se abrió para golpear al Doci con una poderosa luz que lo hizo caer de rodillas frente a ellos en un gesto abatido mientras murmuraba:

-¿Qué he hecho?

Por su parte Ra volvió a reptar hasta el cuello de Kate mientras le preguntaba preocupado:

-¿Estás bien?

Kate sonrió y le respondió bromista:

-Me dolerá mañana -luego centró su atención en el Doci para, sin haber olvidado a Moros y que sin la oportunidad que les había dado no estarían allí le dijo- Puedes enmendar tus errores y el primero es el ayudar a nuestro amigo.

El Doci levantó la cabeza para mirarlos por un momento antes de levantarse solemne y salir con paso seguro de la habitación. Kate se puso en pie lo más rápido que pudo, aún que sintió el cuerpo algo mazado, y lo siguió con rapidez.

Los tres se encontraron con un panorama que al menos a ella la impresionó, allí seguía Moros, plantándole cara a los tres Priores de forma estoica, aún que viendo al anciano no se podría afirmar si lo que lo mantenía en pie eran sus poderes o su deseo por seguir ganándoles tiempo para que la misión no fracasara.

-¡Deteneos! -les rugió en ese momento el Doci a los Priores y estos lo hicieron mientras que el Antiguo suspirara aliviado. Viendo su debilidad Kate fue rápidamente hacia él y lo sostuvo antes de que se precipitara al suelo debilitado.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CLIV

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