El Monte Ombligo CXXXII

Realmente soy un soñador práctico; mis sueños no son bagatelas en el aire. Lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad.  ( Mahatma Gandhi)

 

La respuesta de Moros dejó a Noa congelada en el sitio mientras que en su mente explotaba un amalgama de realidades. Como si sobre un lienzo en blanco hubieran hecho estallar una bola de colores enorme y que se dispersaba en todas las direcciones extendiendo cada uno hasta quién sabía donde.

La mente de Noa comenzó a funcionar a toda máquina, empezando a imaginarse realidades. La primera conclusión a la cual llegó fue a la de que Ángelo existiría en muy pocas realidades, pues era la decisión de casi el último, por llamarlo de alguna forma, trayecto.

Y luego también estaba ella, aún que ella tenía más posibilidades que su hermano al venir de más atrás de Kebechet. Con que sus padres se hubieran encontrado y enamorado ella podría salir. Ángelo únicamente podría haberlo hecho si Kate acababa controlada por Kebechet y esta lograba llegar tan lejos.

Sólo había que detener un ” pequeño paso” en la historia de ese ser para que su propia realidad no existiera. Quizás frenarle los pies cuando llegó a Tau’ri para hacer la tercera guerra mundial, quizás incluso antes, cuando Kate decidió ir a la nave.

Y desde ahí hacia atrás surgía un árbol tan grande y variopinto de posibilidades que con sólo imaginárselo la abrumaban.

-¿Noa? -la llamó suavemente Moros devolviéndola a la realidad de la cual, sin darse cuenta, había estado desconectada largos minutos sin que ellos pudieran saber en qué estaba pensando pues el dispositivo aún continuaba activo.

-Oh yo… -se ruborizó sin poder evitarlo- estaba pensando en todas esas posibilidades.

-¿Y? -la animó el Antiguo con una sonrisa comprensiva, no sabiendo pero si intuyendo gracias a sus años lo que podría estar pensando ella.

-Por una parte que me gusta mi realidad, aunque haya tenido sus cosas malas y haya podido ser diferente en algunos casos creo que… sin esas dificultades por ejemplo habría perdido otras cosas.

Eso azuzó la curiosidad de Moros el cual le planteó:

-¿Como por ejemplo?

Noa sonrió y sin pensárselo respondió:

-Mi hermano Ángelo. Si no se hubiera llegado hasta el punto de que mi madre quisiera cambiar el sentimiento de las larvas de Kebechet el no estaría con nosotros y la verdad lo quiero mucho aun que sepa desde hace poco que es mi hermano. Él siempre me ha estado ayudando desde pequeña junto a Sonia y sin que nadie lo supiera. Eso la hace ser una gran persona que surgió de algo muy malo -agregó esto último bajando la vista para luego susurrar- soy… ¿egoísta por pensar eso?

En cuanto había pronunciado aquellas palabras en alto se había dado cuenta de que la maldad que había realizado Kebechet , las atrocidades que había generado, podrían no haber existido aún que eso significara que su hermano tampoco.

-No, claro que no Noa -le respondió Moros tranquilizador y sorprendido aún sin mostrarlo por la gran empatía que demostraba tener la niña. Que se sintiera mal ante un hecho que en esta realidad no se había podido evitar era algo entrañable. Pero también sabía que no era bueno sacrificarse de tal forma por los demás. Debía de haber un equilibrio que la joven ya encontraría a medida que fuera madurando.

-Pero… acabo de decir… -empezó a contestar más fue interrumpida por el Antiguo con una sonrisa:

-No se pueden evitar todos los males ni salvar a todas las personas Noa. Lo que tienes que ver de tu realidad es que aún cuando suceden cosas horribles también da paso a las buenas. Crecer e incluso vivir, es el resultado de estas dos cosas.

Moros ahí le dio suave golpe en la mejilla de la niña de modo cariñoso y para hacerla sentir mejor:

-Tus intenciones son buenas pero no puedes ni debes cargar con todo. De la misma forma que hay una infinidad de realidades también la hay de futuros y no vas a poder preverlos todos, ni con los dones. -luego agregó socarrón- de no ser así ya estaríamos sentenciados por los Oris.

Ella se sonrojó con el gesto que tuvo Moros con ella pero a la vez la tranquilizó porque vio que tenía razón, por más que ella deseara poder hacerlo, sabía que era algo imposible y que por otro lado, como bien había apuntado él, no se debía hacer ya que a veces daba resultados inesperados.

-Es… un poco frustrante… -admitió la joven con total sinceridad.

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Un comentario en “El Monte Ombligo CXXXII

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