El Monte Ombligo CXVII

Escucha a los ancianos, son más sabios que tú. Un día tú estarás en su lugar añadiendo riqueza al saber de la próxima generación.

El hombre era más bien un anciano y por sus ropas se diría que había sido sacado de la saga Artúrica hacía pocos días.

“Pues sí que da el pego como Merlín” concluyó Ra. El imaginario Tau’ri retrataba de forma muy parecida al Mago Merlín.

Parecía dormir apaciblemente con los ojos cerrados, ajeno a todo lo que había pasado.

-Está en una cápsula de éxtasis -determinó Ra pensativo.

Noa inqurió sin comprender:

-¿Éxtasis?

-Los sarcófagos también sirven para eso -le puso como ejemplo Ra-. Conservan a la gente durante el tiempo que se quiera.

La jovencita apuntó:

-Hasta que sea la hora de despertar.

El antiguo Supremo Señor del Sistema lo estudió con detenimiento. Era extraño que su aspecto fuera tan anciano. Aquella tecnología no solía tener problemas a la hora de conservar a la gente con el mismo aspecto que con el que había sido encerrada, de algún modo aquel hombre había seguido envejeciendo lentamente durante mucho tiempo.

“Debe de haber algún error en el sistema” concluyó. Siendo tan viejo y montado casi de forma urgente para evitar la ira de los demás, tampoco era para sorprenderse.

-Entonces… ¿lo despertamos? -planteó su hija.

Ra asintió mientras replicaba:

-Será la mejor.

Noa enseguida encontró el botón que abría la cápsula. En cuanto el campo de fuerza que hacia de puerta desapareció, el antiguo Supremo Señor del Sistema se fijó en su lenta respiración.

-¿Merlín? -llamó la niña suavemente tocando su mano- ¿Hola?

No hubo respuesta. Ni una sola reacción.

-¿Y ahora qué? -inquirió la jovencita antes de probar con el otro nombre- ¿Myrddin?

Fue entonces cuando el anciano abrió un ojo y sonrió al reparar al Noa diciendo divertido:

-Menuda encantadora visión -hizo una pausa-. Puedes llamarme Moros.

Noa ladeó la cabeza y contestó extrañada:

-Vaya, tienes tres nombres -después se presentó-. Yo soy Noa y ellos -primero presentó a su padre- mi padre Ra y -luego pasó al escarabajo- él es Nebnefer… mi mejor amigos.

Moros se rio entre dientes, lo cual era natural dado que se encontraba ante una niña que estaba acompañada por un Goa’uld y una persona que estaba a medio camino de la ascensión:

-Me he perdido lo más divertido -a continuación inquirió- ¿Cuánto tiempo he dormido?

Ra rezongó:

-Demasiado.

-O estoy aquí en el momento más oportuno gracias a mi alumna -terció él fijándose en el escarabajo- Y tú… la última vez que te vi estabas en la barriga de tu madre, un buen nombre el de Nebnefer.

El aludido se sonrojó, lo cual se vio en su luz mientras buscaba esconderse detrás de la niña. Moros lo siguió divertido con la mirada previamente a centrarse en el antiguo Supremo Señor del Sistema.

-Y tú eres un Goa’uld -dijo con admiración, luego añadió sinceramente-. Me alegro de que vuestra raza haya prosperado, aunque nuestra idea era otra cuando…

Noa notó enseguida la bondad del hombre. Se entusiasmó tanto que la interrumpió:

-Neb es su anfitrión, está esperando a que vuelva para estar juntos.

-¡Ajá! -replicó Moros- ¡Por fin una cosa que nos sale bien!

¿Una? Eso era como decir que la vida en aquella galaxia era más un milagro que un plan bien diseñado. Empezaba a dudar de que aquel hombre le fuera a caer bien, sospechaba que iría a formar parte del grupo de los irritantes.

El antiguo Supremo Señor del Sistema gruñó:

-Pues ya es hora de que hagáis otra cosa bien.

-¿Otra? -preguntó el anciano- Cuidado con las listas largas.

Ra contestó siendo muy directo:

-Los Ori están aquí, necesitamos el Sangreal.

No estaban para perder el tiempo. A cada hora que perdían, muchas vidas serían truncadas con la muerte o la conversión.

-Y según mi vieja amiga hacen falta refuerzos -valoró Moros dando una palmada- ¡Hora de ponerse manos a la obra!

La niña se hizo a un lado y dejó que el anciano caminara hacia una pared. Para sorpresa suya, esta última cobró vida y absorvió la cabeza de Moros sin que este quisiera evitarlo.

-Pero… -musitó Noa.

Ra no se sorprendió tanto. Nunca había utilizado un artefacto como aquel y no tenía intención de empezar ahora.

-Es un depósito de conocimientos -le explicó el antiguo Supremo Señor del Sistema a su hija-. Así ese conocimiento no se perdería con él y tampoco lo sobrecargaría.

Sin embargo, tenía sus dudas dada su edad avanzada. Si la cápsula hubiera funcionado como debería…

Sus sospechas amentaron cuando el depósito de conocimientos liberó al anciano. El andar hacia una pequeña mesa de trabajo fue considerablemente vacilante y su manos buscaban inconscientemente agarrarse a algo, típico de quien se sentía mareado.

-¿Te… te encuentras bien? -le preguntó Noa acercándose para ofrecerle apoyarse en ella hasta llegar a la mesa.

Él se lo agradeció contestando:

-Sí, no te preocupes.

Es era como pedirle peras a un olmo.

El hombre se asió a la mesa y se concentró. En una mezcla de ámbito holográfico y físico empezaron a formarse piezas. Estas se iban montando lentamente, encajando unas en las otras tomando forma.

-¿Y aparte de la visita indeseada… todo bien no? -inquirió Moros mientras el proceso continuaba.

Noa comentó:

-Han pasado muchas cosas.

-¿Me haces un resumen? -pidió el anciano divertido.

La jovencita se excitó con la idea. Mas su padre se adelantó a la hora de replicar:

-Primero a lo tuyo.

Tenían prioridades que no podían posponer. Los reúmenes sobre lo que él se había perdido de la Historia vendría después.

Moros no respondió y continuó con su labor unos minutos más. Luego, de repente y sin previo aviso, se desplomó en el suelo mientras caían un montón de piezas desperdigadas de diferentes tamaños.

-¡No! -gritó Ra. La frustración se mezclacaba con el miedo a quedarse si lo que habían ido a buscar para proteger la galaxia.

Sin embargo, su perplejidadn no acabó ahí. Nebnefer tomó cartas en el asunto de un modo en que jamás se habría imaginado.

Se posó suavemente en el pecho del hombre entretanto su luz bañaba su cuerpo con semejante intensidad que perddió de vista tanto a Moros como al escarabajo.

-¿Neb? -llamó Noa inquieta.

La luz duró unos inquietantes minutos más hasta que se apagó. Ahí fue cuando Moros se incorporó rejuvenecido (seguía pareciendo un anciano, pero había bajado de los 90 a los 70 en su apariencia) haciendo caer al escarabajo que cayó con la luz apagada en sus manos.

-¡NEBNEFER! -gritó Ra asustado. Hasta él entendía que por revivirlo se había sacrificado hasta la extenuación.

No podía perderlo, no así. Era una precio demasiado alto.

-Uy perdón -dijo Moros de buen humor mientras se levantaba-. Así mejor.

No bien dijo esas palabras, el escarabajo volvía a resplandecer con su cálida luz.

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Fuentes:

Imágenes: stargate.wikia.com

Imagen superior: http://stargate.wikia.com/wiki/The_Quest,_Part_2

Imagen inferior: http://stargate.wikia.com/wiki/Merlin

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Un comentario en “El Monte Ombligo CXVII

  1. Pingback: El Monte Ombligo CXVIII | Anuska Martínez

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